Qué es (y qué no es) un pedigree
En términos simples, el pedigree es un certificado de genealogía emitido por un club o registro oficial que documenta la ascendencia de un animal, generalmente hasta varias generaciones atrás. En perros y gatos suele incluir:
- Nombre del animal y número de registro
- Raza reconocida
- Datos de los progenitores, abuelos y bisabuelos
- Criadero al que pertenecen
- A veces, títulos de belleza o trabajo conseguidos por sus antepasados
Su función principal es demostrar que ese animal pertenece a una raza reconocida y que su linaje está documentado. Es, sobre todo, un documento de identidad y trazabilidad genética, no un “certificado de salud” en sentido estricto.
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Ahí se produce la primera confusión habitual: muchos compradores creen que tener pedigree equivale a estar libre de enfermedades hereditarias. La realidad es más compleja: el pedigree informa de quién desciende el animal, pero no garantiza, por sí solo, cómo está su salud.
El valor real del pedigree: trazabilidad y transparencia
Si no garantiza salud, ¿para qué sirve? Los especialistas señalan varios aspectos clave:
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- Trazabilidad genética. Un pedigree bien gestionado permite saber de dónde viene el animal, quién lo crió y con qué líneas de sangre está emparentado. Eso ayuda a:
- Herramienta de control, no solución automática. El documento, por sí mismo, es solo un registro. Se convierte en una herramienta de salud cuando el criador la usa de forma responsable: seleccionando progenitores sanos, descartando líneas con problemas y combinado el pedigree con pruebas genéticas y chequeos veterinarios.
- Responsabilidad y localización. Un animal registrado suele poder vincularse a un criador con nombre y apellidos, lo que incrementa la trazabilidad y, en teoría, facilita exigir responsabilidades si se detectan irregularidades. En mercados poco regulados, esta trazabilidad es un filtro mínimo frente a la cría anónima o clandestina.
En resumen: el pedigree no es una “garantía absoluta”, pero sí una herramienta de transparencia que puede mejorar la cría… siempre que quien la use tenga voluntad de hacerlo bien.
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Pedigree, consanguinidad y el riesgo de razas “de moda”
Los árboles genealógicos no solo sirven para demostrar pureza de raza. También dejan ver, cuando se analizan en profundidad, el grado de consanguinidad dentro de una población.

En algunas razas muy populares —sobre todo las “de moda” en determinadas épocas— la presión por producir cachorros ha llevado a repetir mucho ciertas líneas con gran éxito en exposiciones o redes sociales. El resultado puede ser:
- Aumento de la consanguinidad, aunque el pedigree parezca “completo y prestigioso”
- Mayor probabilidad de enfermedades hereditarias recesivas
- Aparición de problemas asociados a la propia morfología de la raza (dificultades respiratorias, problemas de columna, etcétera)
En estos casos, el pedigree no es el problema; el uso que se hace de él, sí. Una gestión responsable de los registros debería tender a ampliar la base genética, no a cerrarla alrededor de unos pocos ejemplares “ganadores”.
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¿Es mejor un animal con pedigree que uno mestizo?
La respuesta depende de qué entendamos por “mejor”. Desde el punto de vista sanitario, los estudios comparativos suelen mostrar panoramas matizados:
- Muchas razas populares acumulan problemas específicos bien documentados
- Los mestizos tienden, en promedio, a presentar menos patologías ligadas a un único gen recesivo, gracias a una mayor mezcla genética
- Pero un mestizo procedente de cría irresponsable, hacinamiento o malas condiciones también puede padecer problemas severos de salud o comportamiento
El pedigree es útil para quien busca características concretas y predecibles: tamaño, tipo de pelo, nivel de energía, aptitudes para deporte o trabajo. Desde el bienestar animal, el punto clave es otro: la forma en que se ha criado el animal, tenga o no tenga papeles.
El lado oscuro del “con papeles”: fraudes y malentendidos
El prestigio asociado al pedigree también ha generado un mercado paralelo lleno de confusiones:
- Documentos no oficiales o “caseros”. Algunas personas entregan “pedigrees” impresos sin validez en ningún registro oficial, a veces con árboles genealógicos inventados o sin verificación independiente.
- Papeles de otros animales. En entornos poco regulados se han detectado casos de identificación cruzada: se “prestan” los datos de un animal registrado a camadas que no corresponden con esa genealogía, aprovechando que muchos compradores no verifican números de microchip o registros en la base de datos.
- Confusión entre LOE/RRC, pedigrí completo, export pedigree, etcétera. Dependiendo del país, existen diferentes tipos de registro y no todos ofrecen el mismo nivel de información. En ocasiones, se juega con ese tecnicismo para elevar el precio de cachorros que solo tienen una inscripción limitada.
Para reducir riesgos, los especialistas recomiendan:
- Verificar el número de registro en la web o base de datos oficial correspondiente
- Comprobar que el microchip del cachorro coincide con el que figura en la documentación
- Desconfiar de precios anormalmente bajos o de ventas exclusivas por internet sin posibilidad de ver al animal y a la madre
Más que un documento: una cultura de responsabilidad
En el debate sobre pedigree y salud animal, el foco tiende a ponerse en el papel, cuando en realidad el elemento decisivo es la cultura de cría que hay detrás.
Un certificado genealógico puede ser:
- Un simple adorno caro en un mercado poco transparente
- O un engranaje más dentro de un sistema de selección rigurosa, orientado a mejorar la salud y el bienestar de una raza
Para los propietarios, la clave está en cambiar la pregunta. No tanto “¿tiene pedigree?”, sino:
- ¿Quién está detrás de este perro o gato?
- ¿Qué decisiones se han tomado para proteger su salud y su bienestar?
- ¿Estoy preparado para asumir las necesidades específicas de esta raza o de este individuo?
En la salud de tu mascota, el pedigree puede ser un buen punto de partida. Pero nunca debería ser el punto final de tu investigación.
