El primer filtro: ¿vale la pena que viaje tu perro?
Antes de pensar en formularios y transportadoras, especialistas en comportamiento animal recomiendan evaluar si el viaje tiene sentido para el perro, no solo para el humano.

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En general, se desaconsejan los vuelos si:
- el trayecto es corto y el viaje responde solo a turismo ocasional (cuando existe una alternativa de cuidador de confianza);
- el animal es muy ansioso, tiene antecedentes de estrés intenso en transportes o en lugares nuevos;
- se trata de un perro muy mayor, con enfermedades cardíacas, respiratorias o problemas de movilidad;
- pertenece a razas braquicéfalas (nariz chata, como bulldog, pug, shih tzu), especialmente si debe viajar en bodega, por el mayor riesgo respiratorio.
Para mudanzas definitivas o estancias largas, el balance suele inclinarse hacia el “sí”, pero aun así conviene hablar con un veterinario de cabecera. Un examen clínico previo ayuda a determinar si el viaje es seguro y si el animal es un buen candidato para volar.
Ventanilla de consultas: veterinario antes que aerolínea
El punto de partida debería ser siempre la consulta veterinaria, idealmente entre 30 y 60 días antes del vuelo, sobre todo en viajes internacionales.
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En esa visita se suelen revisar:
- Estado general de salud, corazón y pulmones.
- Esquema de vacunación, con especial atención a la antirrábica.
- Necesidad de análisis de sangre si el país de destino lo exige.
- Presencia de parásitos internos y externos, y planes de desparasitación previos.
- Si es conveniente o no administrar ansiolíticos o feromonas sintéticas (en la mayoría de los casos se desaconseja sedar profundamente al animal para volar).
La sedación es uno de los puntos más controvertidos. Varios organismos y asociaciones veterinarias advierten que los tranquilizantes pueden alterar la presión arterial, la respiración y la capacidad del perro para regular su temperatura, algo crítico en cabina pero sobre todo en bodega.
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En muchos casos se opta por alternativas más seguras: entrenamiento progresivo con la jaula, feromonas en spray o collares, y, si corresponde, medicación suave probada con anticipación.
Papeles en regla: vacunas, certificados y microchip
El “pasaporte” del perro suele ser una combinación de varios documentos. Sus exigencias dependen de tres factores: el país de salida, el de llegada y las reglas de la aerolínea. No existe un estándar único.

En la mayoría de los vuelos internacionales se pide:
- Certificado veterinario oficial: emitido por un profesional matriculado y, en muchos países, validado por el organismo sanitario estatal, dentro de un plazo específico antes del vuelo (suele ser entre 5 y 10 días).
- Vacuna antirrábica vigente: aplicada con determinada antelación (por ejemplo, más de 21 o 30 días antes de la salida, según el destino).
- Constancia de desparasitación: interna y externa en las semanas previas al viaje.
- Identificación por microchip: obligatoria en muchos países, especialmente en la Unión Europea.
Algunos destinos exigen además un test serológico de anticuerpos contra la rabia realizado en laboratorios autorizados, con meses de anticipación.
En otros casos hay períodos de cuarentena a la llegada, incluso en instalaciones estatales. No se trata de detalles menores: un error de cálculo puede significar que el perro quede retenido o incluso sea rechazado en frontera.
Para evitar datos desactualizados o contradictorios, conviene:
- Consultar la página oficial del servicio sanitario del país de destino (y, si hay escala, del país de tránsito).
- Revisar la sección pet travel o mascotas de la aerolínea específica.
- Confirmar con el veterinario, que suele estar al día de los requisitos más frecuentes.
Solo después de esta triple verificación es prudente comprar el pasaje del animal.
Cabina o bodega: la gran decisión logística
No todos los perros pueden viajar en cabina. Las aerolíneas limitan el transporte en cabina por peso total del animal + transportadora y por el tamaño máximo del contenedor, que debe caber debajo del asiento delantero.

Viajar en cabina es, en general, la opción más segura y menos estresante, porque el guía está cerca y puede controlar la situación. Suelen aceptarse perros pequeños o medianos ligeros, y el animal debe permanecer durante todo el vuelo dentro de la transportadora, bien ventilada y segura.
Los puntos claves a revisar:
- Peso máximo permitido (varía entre 7 y 10 kilogramos en muchas aerolíneas, incluyendo transportadora).
- Dimensiones del contenedor blando o rígido.
- Número máximo de animales por vuelo, lo que obliga a reservar con mucha anticipación.
Los perros que superan el límite de peso o tamaño viajan como equipaje especial en la bodega presurizada y climatizada. En la práctica, las condiciones pueden variar según la aerolínea y el modelo de avión.
En este caso la prioridad es la seguridad del contenedor:
- Debe cumplir normas IATA (estructura rígida, segura, con cierre confiable).
- Debe permitir que el perro se ponga de pie, gire y se acueste cómodamente.
- Debe estar ventilado en varios lados y tener piso absorbente.
Las razas braquicéfalas, muy jóvenes o muy mayores, y los perros con problemas respiratorios suelen ser malas candidatas para viajar en bodega. De hecho, varias compañías prohíben transportar narices chatas en esa modalidad precisamente por el riesgo.
La transportadora: del objeto extraño al “refugio seguro”
Para el perro, la jaula de transporte no debería ser un castigo de último minuto, sino una especie de “cueva” familiar.

Los expertos en comportamiento recomiendan comenzar el entrenamiento entre tres y seis semanas antes del vuelo:
- Presentar la transportadora abierta, con mantas conocidas y premios adentro.
- Asociarla a experiencias positivas (jugar cerca, darle comida dentro).
- Cerrar la puerta por lapsos breves, aumentando el tiempo de manera gradual.
- Simular el viaje: moverla, levantarla, llevarla en auto, con sonidos similares a un aeropuerto.
El objetivo es que el perro entre voluntariamente y se relaje allí. Esto reduce la necesidad de sedación y disminuye el estrés cuando finalmente se sube al avión.
El día del vuelo: comida, agua y tiempos
La logística del mismo día merece un capítulo propio. Aunque cada caso tiene matices, hay consensos básicos:
- Comida: se suele recomendar ofrecer el último alimento sólido entre 6 y 8 horas antes del vuelo para reducir el riesgo de vómitos y malestar. No conviene subir al perro con el estómago completamente vacío durante muchísimas horas, pero sí evitar una comida abundante justo antes del embarque.
- Agua: debe tener acceso a agua hasta cerca del vuelo. En la transportadora se puede colocar un bebedero especial que no se derrame con facilidad. El objetivo es evitar tanto la deshidratación como los charcos en la jaula.
- Ejercicio: un paseo largo y tranquilo antes de llegar al aeropuerto ayuda a reducir la ansiedad acumulada.
- Descansos para ir al baño: en vuelos largos con conexiones, revisar si el aeropuerto tiene áreas pet relief y dónde están ubicadas.
En el aeropuerto, es importante llegar con más anticipación que un pasajero sin mascotas: los trámites pueden incluir la revisión del certificado sanitario, el chequeo de la jaula y, en algunos casos, formularios extra.
Costos, seguros y letra chica
Viajar con un perro es casi nunca barato. A la tarifa del pasaje humano se suman:
- El costo por transporte de mascota en cabina o en bodega, que se paga por tramo.
- Los gastos veterinarios: vacunas, microchip, análisis, certificados oficiales.
- Eventuales gestiones con organismos sanitarios y traducciones de documentos.
- En algunos destinos, tasas de ingreso o cuarentenas.
Además, no todas las pólizas de seguro de viaje cubren incidentes relacionados con mascotas. Algunos tutores optan por seguros específicos para animales o por ampliar coberturas de responsabilidad civil, especialmente si viajan a países donde las normas de tenencia responsable son estrictas.
Leer la letra chica de la aerolínea es esencial: muchas deslindan responsabilidad por golpes o fallecimientos de animales en bodega, o imponen límites de temperatura ambiente para aceptar o no el embarque del perro en determinados aeropuertos.
Al aterrizar: controles, adaptación y señales de alerta
El viaje no termina cuando el avión toca tierra. En vuelos internacionales suele haber:
- Control de documentos y chip por parte de autoridades sanitarias.
- Revisión visual del animal para verificar que no presente signos de enfermedad.
- En algunos casos, exigencia de traslado inmediato a un centro de cuarentena.
Una vez fuera del aeropuerto, conviene darle al perro un entorno lo más calmo posible, con acceso a agua fresca, un lugar cómodo para descansar y salidas breves para ir al baño.
Se deben vigilar ciertas señales de alerta tras el vuelo:
- Dificultad para respirar, jadeo excesivo que no cede.
- Cojera, dolor al mover alguna parte del cuerpo.
- Vómitos continuos, diarrea intensa o sangre en heces.
- Desorientación, temblores o comportamiento inusualmente apático.
Frente a cualquiera de estos síntomas, la recomendación es acudir a un veterinario local lo antes posible, idealmente con todos los antecedentes del animal a mano.
