¿Cuánto debería dormir realmente un perro?
Aunque la cifra exacta varía según la edad, el tamaño y el nivel de actividad, especialistas en comportamiento canino coinciden en que la mayoría de los perros adultos necesitan entre 12 y 14 horas de sueño repartidas a lo largo del día.

Los cachorros y los perros mayores pueden requerir incluso más.
A diferencia de las personas, el sueño de los perros es más fragmentado. Duermen por la noche, pero también hacen varias siestas durante el día. Aun así, cuando el descanso se interrumpe continuamente —ya sea por ruidos, estrés o dolor— su patrón se altera y comienza a aparecer el insomnio o un sueño poco reparador.
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“Lo que muchos tutores interpretan como que el perro es muy activo o nervioso, a veces es simplemente un animal que está agotado y no logra entrar en fases de sueño profundo”, señalan veterinarios especializados en conducta.
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Señales clave de que tu perro no está descansando bien
1. Dificultad para relajarse, incluso en casa. Perros que parecen “de guardia” todo el tiempo, se levantan ante cualquier ruido, cambian de lugar constantemente o tardan mucho en tumbarse y acomodarse pueden estar mostrando dificultad para entrar en un estado de reposo real.

Si al final del día tu perro sigue hipervigilante, dando vueltas o reaccionando a cualquier estímulo, es una señal de alerta.
2. Cambios de humor y mayor irritabilidad. Al igual que las personas, los perros cansados tienen menos tolerancia a la frustración. Pueden:
- Gruñir con más facilidad a otros perros o personas.
- Reaccionar de forma exagerada a estímulos cotidianos (un timbre, una puerta que se cierra).
- Mostrarse menos pacientes con caricias o manipulaciones que antes toleraban bien.
Esta irritabilidad muchas veces se confunde con “agresividad repentina”, cuando en realidad puede estar relacionada con la falta de descanso profundo.
3. Aumento de conductas compulsivas o repetitivas. Lamerse insistentemente las patas, perseguirse la cola, pasear sin rumbo por la casa o ladrar a sonidos casi imperceptibles pueden ser formas de gestionar la ansiedad y el cansancio acumulado.
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Estos comportamientos no siempre se deben al insomnio, pero dormir mal puede agravarlos.
4. Sueño muy ligero y despertares frecuentes. Si tu perro se despierta al mínimo ruido, cambia de postura todo el tiempo o pasa la noche levantándose y acostándose en distintos lugares, es probable que su sueño no esté siendo profundo ni reparador.
También es importante observar si ronca en exceso, si parece jadear o respirar de forma irregular mientras duerme. En algunos casos, puede haber problemas respiratorios o de dolor que interrumpen el descanso.
5. Cansancio físico… sin haber hecho tanto ejercicio. Un perro que parece agotado durante el día, con menos ganas de jugar, moverse o interactuar, pero que al mismo tiempo no logra dormir bien, podría estar atrapado en un círculo de mala calidad de sueño y estrés crónico.
Si el nivel de actividad diaria no justifica su cansancio, conviene mirar de cerca cómo y cuánto está durmiendo.
La ciudad que nunca duerme… y los perros tampoco
La vida urbana ofrece parques, veterinarios cercanos y servicios pensados para los animales de compañía. Pero también trae un entorno sonoro y ambiental que dista mucho de lo que un perro, por naturaleza, considera relajante.

Bocinas, motos, sirenas, ascensores, portazos, vecinos en horarios desfasados… El ruido de la ciudad es uno de los factores que más fragmenta el sueño canino.
Los perros tienen un oído especialmente sensible. Un sonido que a una persona le parece de fondo puede ser lo suficientemente intenso, para un animal, como para interrumpir el sueño profundo una y otra vez durante la noche.
Con el tiempo, el perro puede entrar en un estado de hipervigilancia: “aprende” a dormir ligero porque anticipa ruidos inesperados. Es ahí donde el sueño deja de cumplir su función reparadora.
Además, muchas rutinas urbanas alargan artificialmente el día: luces encendidas hasta tarde, televisores y pantallas, música, visitas nocturnas. Aunque los perros se adaptan al horario de sus familias, su organismo también responde a los ciclos de luz y oscuridad.

Dormir en una sala iluminada por la televisión, descansar junto a una ventana que da a una calle muy transitada o vivir con turnos humanos cambiantes (personas que llegan de madrugada, se levantan muy temprano, etcétera) puede dificultar que el perro mantenga un ritmo constante de sueño.
Por otro lado, hay perros que pasan gran parte del día solos y, de repente, por la tarde-noche, lo viven todo junto: juegos intensos, visitas, niños corriendo, ruidos del barrio, paseos en calles abarrotadas.
Ese pico de estímulos en pocas horas puede dificultar que logren bajar revoluciones. Cuando al fin llega el momento de dormir, su sistema nervioso aún está en alerta.
Estrés urbano y salud: más allá del sueño
La falta crónica de descanso no solo vuelve al perro más irritable o ansioso. A la larga puede impactar en su salud física:
- Mayor predisposición a problemas gastrointestinales vinculados al estrés.
- Empeoramiento de dolores articulares en perros mayores que no logran dormir bien.
- Menor capacidad de recuperación tras ejercicio o enfermedad.
- Sistema inmunológico más vulnerable.
Profesionales de la medicina veterinaria insisten en que muchos cuadros de “problemas de conducta” urbanos son, en realidad, un cóctel de estrés ambiental, falta de ejercicio adecuado y sueño de mala calidad.
Qué pueden hacer los tutores en la ciudad
Aunque el entorno urbano es ruidoso y a menudo impredecible, hay medidas concretas que pueden mejorar el descanso de los perros y reducir el impacto del estrés.

Crear un espacio de descanso realmente tranquilo es un primer paso. No basta con tener una cama linda: el lugar importa. Idealmente, el perro debería contar con:
- Un rincón alejado de pasillos de paso constante.
- Distancia razonable de ventanas que den a calles muy ruidosas.
- Una cama cómoda, adaptada a su tamaño y edad (más mullida para perros mayores o con problemas articulares).
En hogares pequeños, a veces ayuda usar barreras visuales (como biombos o muebles) para crear una “cueva” donde el perro se sienta resguardado.
Por otro lado, es bueno ajustar rutinas de paseo y actividad. Los expertos en comportamiento recomiendan priorizar calidad sobre cantidad:
- Incluir paseos algo más largos y tranquilos, con tiempo para olfatear.
- Evitar, cuando se pueda, las horas más ruidosas y caóticas de la ciudad.
- Combinar ejercicio físico con estimulación mental (búsqueda de premios, juegos de olfato, juguetes interactivos).
Un perro que llega a la noche con su necesidad de movimiento y exploración medianamente satisfecha tendrá más facilidad para relajarse.
Reducir la intensidad de los juegos y ruidos una o dos horas antes de dormir también puede marcar una gran diferencia. Bajar el volumen de la televisión, evitar juegos muy excitantes de persecución a última hora y optar por actividades más tranquilas (caricias, juegos de olfato suaves) ayuda a preparar el terreno para el descanso.
Además, en entornos muy ruidosos, algunos recursos pueden amortiguar el impacto sonoro:
- Cerrar ventanas en los momentos más ruidosos.
- Usar cortinas gruesas o alfombras que ayuden a aislar un poco.
- Poner ruido blanco suave o música relajante pensada para perros, a un volumen bajo, puede enmascarar sonidos bruscos del exterior.
En una ciudad que no se detiene, ayudar a que los perros duerman de verdad —y no solo “se tumben”— es una responsabilidad compartida. Y, a menudo, el primer paso para tener un compañero más equilibrado, sano y tranquilo.
