A los 12 años, muchos perros empiezan a caminar más despacio, duermen más y se cansan antes. Pero eso no significa que dejen de querer jugar. La clave está en cambiar la forma de hacerlo.
El juego también es medicina

En la vejez canina, el juego no es solo diversión. Ayuda a:
- mantener músculos y articulaciones en uso
- evitar el sobrepeso
- reducir el estrés y la ansiedad
- estimular el cerebro y la memoria
Sin juego ni retos, muchos perros se vuelven apáticos o nerviosos.
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Menos impacto, más calma
El primer cambio está en el tipo de actividad. Saltos bruscos, carreras largas y frenadas secas pueden dañar articulaciones y columna.
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En lugar de eso, los expertos recomiendan:
- Paseos más frecuentes y más cortos. Mejor tres paseos tranquilos que uno muy largo y agotador.
- Juegos de traer la pelota… pero a baja intensidad. Lanzamientos suaves, en distancias cortas y sobre césped o alfombra, no en suelos resbalosos.
- Evitar escaleras y muebles altos. Si antes saltaba al sofá, ahora es mejor ayudarlo o usar una rampa.
El objetivo no es cansarlo al máximo, sino que se mueva sin dolor y termine contento, no cojeando.
Retos para la mente, no solo para el cuerpo
Cuando el cuerpo ya no acompaña como antes, el cerebro puede tomar el relevo. Los juegos de olfato son ideales para perros mayores.

Basta con:
- esconder premios en diferentes puntos de una habitación
- usar una manta enrollada con croquetas entre los pliegues
- esparcir pequeñas golosinas por el césped para que las busque con la nariz
También ayudan los juguetes interactivos: pelotas que sueltan comida al moverlas, tableros con piezas que el perro debe mover con el hocico o la pata, o simples cajas de cartón con agujeros que esconden premios.
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Adaptar, no eliminar, los juegos de siempre
Muchos perros mayores conservan sus gustos de cachorro: la cuerda, el frisbee, la pelota. La idea no es quitárselos, sino adaptarlos:
- Cambiar el frisbee duro por uno blando y lanzarlo bajo, sin que tenga que saltar.
- Jugar a la cuerda con suavidad, sin tirones bruscos que dañen cuello o dientes.
- Usar pelotas blandas y de buen tamaño para evitar atragantamientos, sobre todo si le faltan piezas dentales.
Si durante el juego el perro se tumba, jadea demasiado, cojea o se queda mirando sin ganas, es señal de que ha tenido suficiente.
Escuchar al cuerpo del perro
Cada perro envejece a su ritmo. Algunos a los 12 años todavía corren; otros necesitan más ayuda. Por eso, los especialistas recomiendan observar:
- si tarda más en levantarse
- si resbala en ciertos suelos
- si duda antes de subir al coche o al sofá
- si se muestra irritable cuando lo tocan en ciertas zonas
Cualquier cambio brusco debe comentarse con el veterinario. A veces, con medicación para el dolor o suplementos para las articulaciones, el perro puede volver a disfrutar de actividades suaves que había dejado.
Lo que más importa: jugar juntos
Más allá del tipo de juego, lo esencial para un perro mayor es seguir sintiendo que forma parte de la vida de su familia.
Adaptar los juegos no es un recordatorio de que envejece, sino una forma de agradecerle todos los años compartidos. Con algunos cambios y mucha paciencia, ese perro que ya tiene el hocico blanco puede seguir moviendo la cola con el mismo entusiasmo de cuando era cachorro. Solo necesita que alguien siga invitándolo a jugar.
