Cristales en la orina: el drama de los gatos machos y cómo la humedad en su dieta puede salvarlos

Gato en la veterinaria.
Gato en la veterinaria.Shutterstock

Un gato que entra y sale del arenero, maúlla con desesperación y apenas deja unas gotas de orina con sangre no está “haciendo un berrinche”: puede estar sufriendo una obstrucción urinaria, una urgencia veterinaria que, sin tratamiento rápido, puede ser mortal en cuestión de horas. En el centro del problema, con frecuencia, están los cristales en la orina y un factor muchas veces pasado por alto: la falta de humedad en la dieta.

Un problema silencioso y común

Los trastornos del tracto urinario inferior felino son una de las causas más frecuentes de consulta en clínicas veterinarias. Afectan a machos y hembras, pero los gatos machos están en desventaja: su uretra es más larga y estrecha, lo que facilita que los cristales y pequeños “barros” urinarios formen tapones que impiden la salida de la orina.

Esos cristales —de estruvita o de oxalato, entre otros— se forman cuando la orina se concentra demasiado o tiene un pH inadecuado. Gatos que beben poco, comen principalmente pienso seco y llevan una vida sedentaria tienen todos los números para entrar en la estadística.

Gato en el arenero.
Gato en el arenero.

Signos que no se deben ignorar

Un gato que orina fuera del arenero no siempre está “portándose mal”. Puede estar intentando avisar de que algo va mal. Específicamente, los veterinarios aconsejan vigilar señales como esfuerzo al orinar, viajes reiterados al arenero con poca cantidad de orina, sangre visible, lamido intenso de la zona genital o maullidos de dolor.

Gato en el arenero.
Gato en el arenero.

En machos, si el flujo se detiene por completo, la vejiga se llena, el potasio en sangre sube y el animal puede sufrir arritmias y fallo renal agudo. Cada hora cuenta.

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De cazadores de presas a consumidores de croquetas

El gato, como especie, evolucionó en entornos áridos. Sus presas naturales aportan hasta un 70–75 % de agua, por lo que su estímulo de sed es débil: está diseñado para obtener la mayor parte del líquido de la comida, no del bebedero.

La dieta seca comercial, sin embargo, suele tener en torno a un 8–10 % de humedad. El resultado es una orina más concentrada, ideal para que se formen cristales, especialmente si el animal no compensa bebiendo grandes cantidades de agua, algo poco habitual.

La humedad que protege la vejiga

Cada vez más estudios respaldan lo que muchos veterinarios constatan en consulta: aumentar el contenido de agua en la dieta ayuda a diluir la orina, reduce la formación de cristales y disminuye la frecuencia de episodios de cistitis y obstrucción en gatos predispuestos.

Vista microscópica de cristales estruvitos de sedimento urinario.
Vista microscópica de cristales estruvitos de sedimento urinario.

El alimento húmedo —latas, sobres o dietas caseras formuladas por un profesional— se acerca más al perfil natural de humedad de una presa. Al obligar al gato a “beber comiendo”, consigue lo que el bebedero, muchas veces, no logra.

¿Significa eso que el balanceado es el enemigo?

No necesariamente. Existen balanceados formulados específicamente para la salud urinaria que modifican el pH y la composición mineral de la orina. Pero incluso en esos casos, la recomendación habitual es potenciar la ingesta de agua: combinar seco con húmedo, añadir agua templada al alimento o recurrir a fuentes para gatos que estimulen el consumo voluntario.

Lo que sí desaconsejan los especialistas es ofrecer solo balanceado estándar, ad libitum, a gatos con antecedentes urinarios, sobrepeso o vida poco activa, sin medidas adicionales para incrementar la hidratación.

Prevención en casa y rol del veterinario

La prevención pasa por varios frentes: más agua (idealmente mediante alimento húmedo), control del peso, ambientes tranquilos que reduzcan el estrés —otro factor implicado en algunos cuadros urinarios— y revisiones veterinarias periódicas que incluyan análisis de orina cuando sea necesario.

Porque detrás del tópico del “gato independiente” hay un animal cuya salud urinaria depende, en gran medida, de decisiones humanas tan simples como lo que se pone en su plato y la cantidad de agua que, directa o indirectamente, llega a su organismo.

En el caso de los gatos machos, esa diferencia puede marcar la frontera entre un susto controlable y una emergencia quirúrgica. Y, en ocasiones, entre la vida y la muerte.