¿Tu perro está juzgando tu incompetencia? La ciencia dice que sí… un poco

¿Tu perro te juzga?
¿Tu perro te juzga?Shutterstock

Investigaciones recientes muestran que los perros distinguen entre humanos “competentes” e “incompetentes” y cambian su conducta según cómo nos ven actuar.

Cuando tropezás con algo, se te cae la comida o peleás cinco minutos con un frasco que no se abre, puede que no estés tan solo como creés. Tu perro, a tu lado, no solo observa: también evalúa.

Varios estudios de cognición animal indican que los canes detectan cuán hábiles somos para resolver problemas y ajustan su confianza en función de esa “reputación”.

El experimento: ¿en quién confían los perros?

En uno de los diseños experimentales más citados, los investigadores presentaron a los perros a dos personas desconocidas. Ambas intentaban abrir un contenedor con comida, pero de forma sistemática una lo lograba con facilidad y la otra fracasaba una y otra vez.

¿Tu perro te juzga?
¿Tu perro te juzga?

Después de ver varias repeticiones, los perros tenían que elegir a quién acercarse o a qué persona seguir cuando llamaban su atención hacia una posible recompensa. Resultado: tendían a confiar y a acercarse más a la persona que previamente se había mostrado eficaz, y a ignorar al “torpe”.

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Otros trabajos han ido más allá y han combinado esta variable con la intención: diferencian entre el humano que “no puede” (es decir, intenta ayudar o abrir algo pero falla) y el que “no quiere” (retira la comida deliberadamente o se muestra poco colaborador). Los perros, en promedio, muestran más paciencia con el que parece bien dispuesto pero limitado, y más desconfianza con el que parece poco cooperativo.

Mucho más que simples órdenes

Estos resultados refuerzan la idea de que los perros no son obedientes autómatas, sino observadores finos del comportamiento humano. No solo asocian palabras con acciones o recompensas: también “leen” patrones de coherencia, eficacia y disposición a ayudar.

¿Tu perro te juzga?
¿Tu perro te juzga?

Para los etólogos, esto encaja con la historia de domesticación del perro. Durante miles de años, los canes que mejor supieron interpretar a las personas —quién comparte comida, quién sabe guiar, quién representa un riesgo— tuvieron más probabilidades de sobrevivir y reproducirse.

Esa presión selectiva habría favorecido cerebros especialmente sensibles a nuestras intenciones y capacidades.

¿Entonces mi perro me juzga?

No en el sentido moral humano, pero sí en términos prácticos. El perro parece construir algo parecido a una “lista mental”:

  • Quién resuelve problemas con éxito.
  • Quién aporta recursos (comida, paseos, juego).
  • Quién coopera y quién pone trabas.

Sobre esa base decide a quién seguir, de quién aceptar información y a quién quizá conviene ignorar.

¿Tu perro te juzga?
¿Tu perro te juzga?

De ahí que, en muchos hogares, el perro acabe buscando al miembro de la familia que mejor resuelve sus necesidades: el que entiende sus señales, abre puertas, encuentra la correa y sabe calmarlo.

Claves para la vida cotidiana

Si la percepción de competencia influye en la confianza del perro, algunas pautas prácticas se desprenden de estos hallazgos:

  • Ser coherente con las señales: siempre las mismas palabras y gestos para las mismas acciones.
  • No prometer lo que no se cumple: llamar para “premiar” y luego regañar erosiona tu “reputación”.
  • Evitar castigos confusos o arbitrarios, que te hacen parecer impredecible.
  • Mostrarle que acudir a ti suele traer soluciones: comida, juego, seguridad, orientación.

Cuanto más te vea como alguien eficaz y fiable, más probable será que te siga en momentos de estrés o peligro.

Lo que la ciencia aún no sabe

Los especialistas advierten que estos estudios se realizan en condiciones controladas y con muestras limitadas, por lo que hay que evitar exagerar. No es correcto decir que los perros “piensan como humanos”, ni que emiten juicios morales complejos sobre nuestra inteligencia.

Lo que sí muestran los datos es que son mucho más analíticos de lo que solemos creer: observan, comparan y recuerdan. Y, en función de eso, deciden.

Tal vez la próxima vez que luches con un aparato bajo la mirada silenciosa de tu perro no esté pensando que sos un desastre. Pero, al menos desde la ciencia, hay indicios de que está tomando nota de quién, en esta casa, sabe realmente cómo arreglar las cosas.