Un esqueleto diseñado para colarse
En humanos, las clavículas conectan el esternón con los omóplatos y forman parte rígida de la “percha” de los hombros. En los gatos es distinto: sus clavículas son muy pequeñas y no se articulan con otros huesos, sino que están suspendidas en un entramado de músculos y ligamentos.

Según manuales de anatomía veterinaria, esto convierte la cintura escapular felina en una estructura extremadamente móvil. Los hombros pueden desplazarse hacia dentro y hacia atrás con mucha más libertad que en otros mamíferos, estrechando el perfil del cuerpo cuando el animal se estira para pasar por un hueco.
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Si pasa la cabeza, pasa el resto
De ahí nace la regla popular: “si cabe la cabeza, cabe el gato”. No es solo un dicho: la parte más rígida y ancha del cuerpo del felino es la caja torácica, inmediatamente detrás de la cabeza y el cuello. Si el cráneo consigue atravesar una abertura, el resto del cuerpo, mucho más flexible, suele poder seguirlo.

Las clavículas flotantes permiten que las extremidades delanteras se aproximen al eje del cuerpo y se coloquen casi “en línea”, reduciendo el ancho de los hombros.
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Vertebras muy flexibles y una piel algo holgada completan el conjunto. El resultado: un animal capaz de comprimirse, girar y ondular su cuerpo para aprovechar cualquier espacio disponible.
Bigotes, proporciones y límites reales
A menudo se dice que los bigotes indican al gato si cabe o no por un espacio, porque tendrían el mismo ancho que su cuerpo. No es una regla exacta, pero sí un indicador aproximado: los bigotes ayudan a medir distancias y detectar obstáculos, sobre todo en la oscuridad.
Sin embargo, ni las clavículas flotantes ni los bigotes son magia. Gatos con sobrepeso, muy grandes o con problemas articulares no pueden pasar por cualquier sitio donde entre su cabeza. La rigidez de la caja torácica y de la pelvis marca límites claros, y forzar huecos demasiado estrechos puede causar estrés o lesiones.
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Una ventaja evolutiva para el cazador sigiloso
Esta anatomía particular no es un capricho: responde a millones de años de evolución como depredadores sigilosos.

Poder avanzar sin hacer ruido entre arbustos densos, entrar en madrigueras ajenas o trepar aprovechando resquicios mínimos aumenta las posibilidades de cazar y de escapar de peligros.
La misma estructura que hoy hace que tu gato doméstico se esconda dentro del sofá o entre la lavadora y la pared, permitió a sus antepasados acceder a presas y refugios que otros animales de tamaño similar no podían alcanzar.
Qué significa esto para la vida en casa
Conocer el funcionamiento de las clavículas flotantes ayuda a entender por qué los gatos parecen sentirse atraídos por cajas, bolsas y rendijas. Es parte de su comportamiento instintivo: exploran, buscan refugios seguros y practican, a pequeña escala, las mismas habilidades que un cazador usaría en la naturaleza.
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También es un aviso para quienes conviven con ellos: huecos detrás de electrodomésticos, ventanas entreabiertas o rejillas amplias pueden convertirse en rutas de escape inesperadas. Para un animal diseñado para pasar por donde quepa su cabeza, el mundo está lleno de puertas secretas.
