Las asociaciones veterinarias coinciden en que la obesidad es hoy uno de los problemas de salud más frecuentes en perros y gatos. Se asocia a artrosis, diabetes, enfermedades cardíacas y menor esperanza de vida. Para muchos animales, adelgazar no es una cuestión estética, sino médica.

En este contexto, las dietas de prescripción —vendidas solo en clínicas o bajo recomendación profesional— se presentan como herramienta principal.
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¿Qué tienen de distinto?
Estos alimentos suelen:
- Reducir densidad calórica (menos calorías por ración).
- Aumentar proteína para preservar masa muscular.
- Incluir más fibra, que aporta saciedad.
- Añadir compuestos como L‑carnitina, que ayuda al metabolismo de las grasas.
A diferencia de los balanceados “light” de supermercado, su formulación está diseñada para un objetivo terapéutico concreto: pérdida de peso controlada.
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¿Qué dice la evidencia?
Estudios en nutrición veterinaria muestran que estas dietas pueden ser eficaces si se usan correctamente: permiten una pérdida de entre un 1 y un 2 % del peso corporal por semana, considerada segura en perros y gatos.

Sin embargo, los especialistas subrayan un punto clave: el alimento, por sí solo, no hace el trabajo. Sin ajuste estricto de raciones, control de premios, seguimiento periódico del peso y algo de actividad física, incluso el mejor pienso de prescripción fracasa.
Dónde suelen fallar
Los veterinarios mencionan errores recurrentes:
- Medir “a ojo” en lugar de usar báscula o vaso dosificador.
- Seguir dando sobras de comida humana y snacks calóricos.
- Cambiar de balanceado sin transición ni revaluación del plan.
- Abandonar la dieta al ver los primeros resultados.
En muchos casos, cuando “no funciona” la dieta, lo que ha fallado es el cumplimiento del programa global.
¿Son imprescindibles?
No siempre. Algunos animales con sobrepeso leve pueden adelgazar con un alimento de mantenimiento equilibrado, raciones calculadas y más ejercicio.
Pero en casos de obesidad marcada, enfermedades asociadas o gatos —más delicados ante pérdidas de peso bruscas—, las dietas de prescripción ofrecen un marco más seguro y predecible.
El precio elevado y la presencia de grandes marcas generan sospechas. Expertos en nutrición animal recuerdan que no todo producto “veterinario” es automáticamente mejor, y que no todas las marcas invierten por igual en investigación.
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La recomendación general: desconfiar tanto de los mensajes que prometen “milagros” como de la demonización sistemática. Evaluar cada caso con datos: estado corporal, historial médico, hábitos en casa y presupuesto.
La clave sigue en el plato… y en la mano
Los alimentos de prescripción pueden ser una herramienta eficaz y, en muchos casos, la opción más segura para que una mascota obesa pierda peso. Pero no sustituyen el papel del tutor: medir, ser constante y resistir la tentación de “una galletita más”.
En última instancia, la respuesta a si “funcionan” depende menos del saco de pienso y más de lo que ocurre cada día en el comedero.
