¿Por qué a tantos perros les encanta sacar la cabeza por la ventanilla del auto?

Perro feliz en el auto.
Perro feliz en el auto.Shutterstock

En cuanto el coche arranca y el cristal baja unos centímetros, muchos perros se transforman: orejas al viento, nariz en alto, mirada fija en el paisaje. Parece una simple postal de felicidad, pero detrás hay biología, conducta y también un puñado de riesgos que los veterinarios recuerdan con frecuencia.

La principal explicación está en la nariz. El olfato canino es extraordinariamente más sensible que el humano y funciona como una “lectura” del mundo. Con el auto en marcha, el aire trae una mezcla de partículas odoríferas que cambia segundo a segundo: otros animales, comida, feromonas, humedad, polvo, plantas. Para un perro, ese flujo no es ruido: es información.

Perro feliz en el auto.
Perro feliz en el auto.

Etólogos suelen compararlo con pasar páginas muy rápido en un libro lleno de novedades.

Además, asomar la cabeza coloca el hocico en una zona de mejor ventilación y le permite orientar el olor.

El movimiento del aire ayuda a “renovar” el muestreo: cuanto más aire pasa por la nariz, más estímulos llegan al sistema olfativo. La experiencia puede ser tan intensa que algunos perros la buscan de manera insistente.

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Estímulo, emoción y aprendizaje

A esa avalancha sensorial se suman otros factores. El paisaje en movimiento, los sonidos y las vibraciones aportan excitación; en perros jóvenes o muy activos puede actuar como una forma de enriquecimiento ambiental.

Perro feliz en el auto.
Perro feliz en el auto.

Y está el aprendizaje: si cada trayecto termina en un paseo, un parque o la visita a una persona querida, el coche se convierte en predictor de algo positivo. Asomar la cabeza pasa a ser parte del ritual.

Perro feliz en el auto.
Perro feliz en el auto.

En algunos casos también influye la regulación térmica. Los perros no sudan como nosotros y disipar calor depende del jadeo y de ciertas superficies corporales.

El aire fresco puede resultar placentero, aunque no es una estrategia segura para evitar el golpe de calor, que puede aparecer incluso con ventanillas abiertas.

La parte menos fotogénica: riesgos reales

Lo que parece inofensivo puede terminar en urgencias.

La corriente de aire arrastra polvo, arena e insectos capaces de causar irritaciones o lesiones oculares.

También hay riesgo de otitis por entrada de aire y partículas en el conducto auditivo, especialmente en perros predispuestos.

Y está el peligro mayor: una frenada, un bache o un giro brusco pueden provocar que el animal se golpee o, en el peor escenario, caiga.

En seguridad vial, la recomendación veterinaria y de prevención es clara: el perro debe ir sujeto con arnés y sistema de retención homologado, o en transportín bien anclado.

Si se baja la ventanilla, mejor solo unos centímetros, lo suficiente para ventilar sin permitir que saque la cabeza. El disfrute del viaje puede mantenerse con paradas breves, agua disponible y una buena sujeción: la curiosidad no debería costar una lesión.