La principal explicación está en la nariz. El olfato canino es extraordinariamente más sensible que el humano y funciona como una “lectura” del mundo. Con el auto en marcha, el aire trae una mezcla de partículas odoríferas que cambia segundo a segundo: otros animales, comida, feromonas, humedad, polvo, plantas. Para un perro, ese flujo no es ruido: es información.

Etólogos suelen compararlo con pasar páginas muy rápido en un libro lleno de novedades.
Además, asomar la cabeza coloca el hocico en una zona de mejor ventilación y le permite orientar el olor.
Lea más: Por qué los perros “corren” dormidos: qué significan los espasmos y ladridos
El movimiento del aire ayuda a “renovar” el muestreo: cuanto más aire pasa por la nariz, más estímulos llegan al sistema olfativo. La experiencia puede ser tan intensa que algunos perros la buscan de manera insistente.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Estímulo, emoción y aprendizaje
A esa avalancha sensorial se suman otros factores. El paisaje en movimiento, los sonidos y las vibraciones aportan excitación; en perros jóvenes o muy activos puede actuar como una forma de enriquecimiento ambiental.

Y está el aprendizaje: si cada trayecto termina en un paseo, un parque o la visita a una persona querida, el coche se convierte en predictor de algo positivo. Asomar la cabeza pasa a ser parte del ritual.

En algunos casos también influye la regulación térmica. Los perros no sudan como nosotros y disipar calor depende del jadeo y de ciertas superficies corporales.
Lea más: ¿Por qué arrastra su trasero el perro? Claves para entender esta conducta
El aire fresco puede resultar placentero, aunque no es una estrategia segura para evitar el golpe de calor, que puede aparecer incluso con ventanillas abiertas.
La parte menos fotogénica: riesgos reales
Lo que parece inofensivo puede terminar en urgencias.
La corriente de aire arrastra polvo, arena e insectos capaces de causar irritaciones o lesiones oculares.
También hay riesgo de otitis por entrada de aire y partículas en el conducto auditivo, especialmente en perros predispuestos.
Y está el peligro mayor: una frenada, un bache o un giro brusco pueden provocar que el animal se golpee o, en el peor escenario, caiga.
En seguridad vial, la recomendación veterinaria y de prevención es clara: el perro debe ir sujeto con arnés y sistema de retención homologado, o en transportín bien anclado.
Lea más: ¿Por qué tu perro ignora tus reglas cuando hay visitas? El fenómeno de la desobediencia social
Si se baja la ventanilla, mejor solo unos centímetros, lo suficiente para ventilar sin permitir que saque la cabeza. El disfrute del viaje puede mantenerse con paradas breves, agua disponible y una buena sujeción: la curiosidad no debería costar una lesión.
