La explicación está en cómo aprenden. Perros y gatos asocian acciones con consecuencias a través de la repetición. Cuando las reglas cambian según el humor, la prisa o la persona que esté en casa, el animal pierde capacidad de anticipar qué ocurrirá.

Y la incertidumbre —no saber si algo traerá comida, juego, indiferencia o castigo— eleva la vigilancia y favorece respuestas de ansiedad.
El costo de la inconsistencia
En perros, la inconsistencia también puede reforzar conductas no deseadas. Si saltar a la gente se “tolera” a veces, esa recompensa intermitente vuelve el hábito más resistente a desaparecer, un mecanismo conocido en aprendizaje como refuerzo variable.

El resultado suele ser un perro que insiste más, no porque “desafíe”, sino porque su experiencia le dice que en algún momento funcionará.
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El estrés no siempre se ve como un problema evidente. Puede aparecer como inquietud, ladridos o maullidos excesivos, jadeo sin calor, destructividad, micción en lugares inusuales, lamido compulsivo, aumento de la reactividad en paseos o, en gatos, más escondites, arañazos y cambios en el uso del arenero.
También hay señales sutiles: bostezos repetidos, sacudidas corporales “sin motivo”, orejas hacia atrás o cola rígida.
La incoherencia suele venir de tres fuentes: normas poco claras (“solo a veces”), mensajes mezclados (premio y regaño ante la misma conducta) y hogares con criterios distintos entre adultos, niños y visitas.

A esto se suma un error común: pedirle al animal que “se controle” en contextos para los que no está preparado (demasiada excitación, poco descanso, estímulos constantes).
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El poder de la previsibilidad
Reducir la confusión no exige dureza, sino previsibilidad. Ayuda acordar reglas simples en casa, premiar de forma consistente la conducta que sí se quiere y evitar castigos que no enseñan alternativas.
Si el problema está instalado o hay señales de ansiedad, la orientación de un veterinario y, de ser necesario, de un profesional en comportamiento puede marcar la diferencia.
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La convivencia mejora cuando el humano deja de improvisar: para una mascota, saber a qué atenerse es una forma básica de bienestar.
