Cuando las mascotas sufren en silencio el excesivo amor de sus dueños

En los obituarios del recientemente fallecido diseñador alemán de moda Karl Lagerfeld apenas faltó una mención de su fiel compañera y amada gata “Choupette”.

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¿Este profundo amor del modisto por su mascota, a la que consideraba una musa inspiradora, es representativo de una creciente tendencia hacia la humanización de los animales domésticos?

En su libro “Das Kuscheltier-Drama” (del alemán “El drama de los peluches”) el especialista en patología animal Achim Gruber describe este fenómeno: mascotas que sufren en silencio el desmesurado amor de sus dueños.

Según Gruber, no hay ningún problema si los gatos comparten la cama con sus amos, “siempre y cuando estén vacunados y desparasitados. Y si al animal también le gusta”, recalca.

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Este es el punto central de la tesis de Gruber sobre el drama de los peluches. ¿Puede una persona percibir las necesidades de las mascotas?. Y en todo caso, ¿lo desea?, se pregunta el especialista alemán.

En el Instituto de Patología de la Universidad Libre de Berlín (FUB), Gruber analiza las muestras de animales que le envían los veterinarios. También hace autopsias de animales domésticos y de zoológicos que murieron repentinamente.

Con el tiempo, el patólogo se ha vuelto más escéptico con respecto al vínculo entre los humanos y los animales domésticos.

“Convertimos a nuestras mascotas en víctimas. Están tan humanizadas que les quitamos su naturaleza”, sostiene.

El hecho de que algo cambió en la relación entre humanos y animales también es señalado por Lothar Hellfritsch, ex presidente de la Asociación Profesional de Psicólogos Alemanes.

“En el pasado, las mascotas solían estar mayormente como protección, como un perro guardián. Pero hoy en día a menudo son un juguete temporal”, sostiene Hellfritsch. La fijación con una mascota se considera actualmente más normal que hace 20 o 30 años.

Los animales sirven como sustitutos de niños o parejas y según observa Gruber también hay un cambio inducido en los cruzamientos de muchos animales.

“Por lo general, un perro tiene un cráneo largo, una nariz delgada y grande y las cuencas de los ojos están inclinadas hacia afuera”, apunta. Ahora, los animales se reproducen para que parezcan más humanos, con un hocico corto, frente alta y ojos que miran hacia adelante, agrega el especialista.

Las formas extremas de los pug y los bulldog franceses son una “crianza defectuosa”, sostiene Gruber. Los animales pagaron un alto precio: las narices demasiado pequeñas le generan dificultades respiratorias.

Además se suma que muchas personas alimentan a sus mascotas con comida vegetariana, solo porque ellos viven de esta manera.

En su libro, Gruber también describe cómo una mujer interpretó la agonía que estaba sufriendo su perro bulldog en sus brazos como una señal de afecto. Pero el animal se estaba asfixiando.

“A menudo malinterpretamos los comportamientos de los animales cuando no los conocemos”, asegura Gruber. Lo que la gente ve en el animal suele ser una proyección de sus propias necesidades.

Hellfritsch conoce estas proyecciones entre las personas. Un humano, sin embargo, tiene la posibilidad de contradecir, enfatiza.

“En cambio, un animal dependiente no puede tomar distancia o solo puede hacerlo de una manera muy limitada”, indica el psicólogo.

Karl Lagerfeld dijo sobre su gato: “Es como un ser humano. Pero lo bueno es que no habla y no hay nada que discutir”. La opinión de “Choupette” se desconoce.

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