“El proyecto me parece muy emocionante”, dice Jennifer, que espera en la fila para registrar a su mascota de diez años. Su perro es ciego de nacimiento y ella quiere saber más.
Desde hace años, Elinor Karlsson, directora del Broad Institute perteneciente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) investiga el genoma de los perros. Ella busca identificar qué genes son los responsables de determinados trastornos compulsivos. En 2015, la científica inició un proyecto llamado “Perros de Darwin”, del que ya participan 13.000 canes.
El objetivo es comparar la información sobre el comportamiento de estos perros con perfiles de ADN de otros animales. A través de la muestra de saliva e información adicional que puedan suministrar los dueños sobre el comportamiento de sus mascotas se esperan reunir datos que ayuden a dilucidar trastornos compulsivos caninos.
Con métodos altamente tecnológicos se analiza el material genético. "Esperamos encontrar nuevos enfoques para el desarrollo de fármacos de enfermedades en los seres humanos", señala la genetista al presentar el proyecto en Washington.
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Una de las enfermedades que está en el foco de los científicos es el autismo. En Estados Unidos un de cada 68 niños es diagnosticado con trastorno del espectro autista (ASD). Las personas con autismo tienen dificultades para comunicarse e interactuar con otras personas y conductas repetitivas. Otras están fijadas a ciertos objetos o temas. Hasta ahora, el autismo sólo puede ser determinada a través de un diagnóstico psiquiátrico y no a través de una prueba de ADN.
El especialista en comportamiento animal Nicholas Dodman, de la Universidad de Tufts, en Massachusetts, señala que hay evidencias de patrones similares de autismo en los canes. Los estudios de comportamientos obsesivos compulsivos caninos podrían ayudar algún día a explicar comportamientos repetitivos similares en humanos, apunta el científico.
Mientras que algunos perros se lamen constantemente las patas, los Bull Terrier por ejemplo que se persiguen de manera maniática su cola. De acuerdo con un estudio de Dodman, la mitad de los 300 Bull Terrier manifestaron comportamientos similares al autismo, como cazarse la cola y alteraciones en el contacto con humanos y otros perros.
En otro estudio, el científico buscó otros marcadores biológicos relevantes y encontró que los niños autistas y los perros afectados tienen niveles similares elevados de la hormonas neurotensina y corticotropina (CRH).
También el Clive Wynne, de la Universidad de Arizona analizó la genética canina pero por una razón diferente. El especialista en comportamiento animal utiliza los datos genéticos para determinar la raza de un animal. Sobre todo a los perros mestizos se les atribuye a menudo una raza equivocada, lo que puede ser problemático en los refugios de animales. Muchas veces el entusiasmo de los estadounidenses por un perro abandonado se pierde cuando a la eventual mascota se le atribuye una mezcla de pitbull con otra raza.
“En tan sólo un diez por ciento de los casos los refugios suministran el dato correcto de la raza”, asegura Wynne. Teniendo en cuenta los diversos caracteres y genéticas de los perros de refugios, el sostiene que es mejor hacer una descripción individual de cada ejemplar: el fanático de los ejercicios" o “el querendón”.
