“En el campo sobrevivimos mejor al aislamiento que a las clases virtuales”

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Magui Balbuena,  de la Asociación de Mujeres Campesinas y Populares de Caaguazú.
Magui Balbuena, de la Asociación de Mujeres Campesinas y Populares de Caaguazú.gentileza

¿Cómo enfrentan las mujeres campesinas la pandemia? Maguiorina Balbuena, histórica referente del movimiento campesino afirma que en el campo se llevan mejor los efectos económicos de la pandemia porque producen sus propios alimentos, a pesar de la falta de apoyo desde el gobierno. “Para nuestras compañeras un problema serio es el tema de las clases virtuales”.

Magui Balbuena tiene 70 años, aun así, trabaja todos los días en su huerta y su chacra de Caaguazú. Es madre de dos hijos y abuela. Desde los años 60 es una de las mujeres referentes más importantes de movimiento campesino en Paraguay. Durante la dictadura fue exiliada a Brasil y logró regresar en 1977. Fue una de las fundadoras del Movimiento Campesino Paraguay en 1980 y desde el interior comenzó a organizar a las mujeres dando origen a la Coordinadora de Mujeres Campesinas en 1985 y luego en 1999 fundó junto con mujeres de todo el país, la Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas (Conamuri). Actualmente está alejada de la Conamuri y se concentra en apoyar a la Asociación de Mujeres Campesinas y Populares de Caaguazú (AMUCAP-C).

Aunque es de hablar despacio, Magui lo hace claro y contundente. Fue candidata a vicepresidenta. Su historia se recoge en un libro de la autora Elisabeth Roig con el título “Magui Balbuena. Semilla para una nueva siembra”.

–¿Cuál es el objetivo de AMUCAP-C?

–AMUCAP-C reúne aproximadamente a 100 mujeres de 6 comités de productoras. Nuestra organización de mujeres tiene como objetivo la conquista de la igualdad, la plena participación política y social, es decir el empoderamiento de las mujeres. También respecto de los derechos de las mujeres, hacemos demandas a gobiernos locales, nacionales, para denunciar las injusticias que sufren las mujeres y nuestra estrategia es la producción de alimentos sanos, sin venenos, la producción de alimentos agroecológicos. Esos son algunos de los objetivos estratégicos que tenemos, pero también para eso buscamos unirnos a otras organizaciones del campo y la ciudad porque queremos un nuevo modelo de sociedad en donde las mujeres puedan participar, y ser protagonistas de una nueva forma de relacionamiento con la familia, con el trabajo, con la producción, con la sociedad, porque vemos que existe una desigualdad de género y la violencia la sufren las mujeres.

–¿Cómo enfrentaron la pandemia de covid-19?

–Como organización, las medidas de cuarentena han afectado mucho nuestro trabajo, para el cumplimiento de nuestras metas y nuestros planes que trazamos para este año, pero en la actualidad nos estamos empezando a reunir otra vez y todavía mantenemos una de las tres ferias que teníamos en la ciudad de Caaguazú.

Pero sí hay una diferencia, cuando una vive en el campo, “no hay quédate en tu casa”, porque la gente vive luego aislada en su casa. Las mujeres –y en general la familia– siguen trabajando y no para con la producción de su chacra. Entonces, es otra la situación en las comunidades rurales, se siente un poco menos los efectos económicos de la cuarentena, porque están resolviendo mínimamente las cuestiones de alimentos. Y aunque hay pocos productos de las calles, poca venta, la gente sobrevive un poco mejor que en la ciudad. Eso entendemos nosotros, además, en el encierro, no se está en encierro, porque en general las casas tienen distancias. En este sentido, hay diferencia con las clases populares en las ciudades, donde si se cierran los centros de trabajo, los y las trabajadoras están aisladas o encerradas en sus casas. En donde si tenemos algunas dificultades similares, es en la cuestión de educación virtual. Este es un tema muy jodido y las madres son las que más asumen este tema y al menos, en nuestra organización nuestras compañeras manifiestan que muchas veces no pueden resolver. Esto quizá se debe a que muchas mujeres también han tenido poco acceso a la educación y ahora deben convertirse en maestras de sus hijos, pero a eso se suma la falta de señal, se envían tareas de seis o siete páginas y se tiene que hacer fotocopias. La lectura desde el celular es muy difícil. Una de nuestras compañeras dijo hace poco que tenía un celular y tres hijos y debe recibir y enviar las tareas desde ese celular que además no siempre tiene señal y saldo. En síntesis, es un fracaso este tema de la educación virtual.