La Dra. Gabriela Moguilner, neurocirujana y neurooncóloga, habla de la neurooncología, especialidad que nació ante la necesidad de tener una visión global de lo que es el paciente oncológico con patología cerebral; así como de la importancia de contar con un profesional que encabece la lucha junto con el paciente, guiando al mismo en las consultas con otros profesionales, ya que el tratamiento requiere de un equipo multidisciplinario.
Según cifras preliminares del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS), entre el 2018 y 2019 ocurrieron 9.121 decesos a causa del cáncer. De esa cifra, 164 corresponden a tumores malignos de encéfalo. Asunción y Central reportan las cifras más altas con 84 decesos (ver infografía).
–¿Qué trata la neurooncología?
–Trata a pacientes operados o diagnosticados de tumores cerebrales benignos como meningiomas o gliomas de bajo grado, hasta tumores malignos como glioblastomas o metástasis pasando por todo el abanico de posibilidades entre estos dos extremos.
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–¿Dónde realizó usted la especialización?
–Este fue un año particular en el que no nos quedó más que adaptarnos a lo que se pudo. Realicé un máster en neurooncología de manera virtual. Si bien el plan inicial era hacerlo de forma presencial, de todas formas, fue una experiencia muy satisfactoria, ya que a pesar de que tenía unos prejuicios sobre los cursos a distancia, la realidad actual hizo que las universidades del exterior (España en mi caso) ofrezcan acompañamiento a distancia, y mecanismos tanto de didáctica como de evaluación exigentes.
–¿En qué les beneficia a los pacientes paraguayos el hecho de que haya una especialidad como esa en nuestro país?
–El beneficio al paciente es ser tratado de manera integral abarcando los distintos aspectos que como persona tiene tanto en la salud física como emocional ayudándolo a empoderarse junto con su familia, tener información necesaria sobre cada aspecto de su enfermedad y de los posibles tratamientos, así como el pronóstico de manera que pueda expresar sus expectativas y con base en ellas idear juntos un plan de tratamiento tomando las decisiones de forma conjunta y en muchos casos precipitada ya que pueden ir perdiendo ciertas capacidades según la evolución de cada caso.
–¿Es costoso para el paciente?
–El tratamiento oncológico en general es un tratamiento costoso, pero tengo la esperanza que próximamente podamos ver formas de agilizar la logística y abaratar los costos tanto para el paciente pudiente como para quien no tiene acceso a los servicios privados. La salud debería ser un derecho equitativo para todos.
–¿Cuáles son los tratamientos aplicados a paliar dolencias referidas a la especialidad?
–La mayoría de las veces el tratamiento se inicia con una cirugía, ya sea de exéresis (extirpar) la lesión o biopsia (tomar una muestra para saber qué es exactamente). Esta primera parte la pueden hacer conmigo como neurocirujana, o con el colega de su preferencia y luego acudir al o la especialista para el seguimiento neurooncológico. A partir de allí, se plantea al paciente y la familia el diagnóstico, pronóstico y los posibles tratamientos posteriores; seguimiento, quimioterapia, radioterapia en conjunto con los oncólogos, tratamiento sintomático de las complicaciones, prevención de deterioro acelerado con estimulación cognitiva, tratar el aspecto emocional junto con un equipo multidisciplinario, rehabilitar los déficit a medida que vayan apareciendo, teniendo en cuenta la alimentación adecuada y la actividad permitida según cada caso particular, entre muchos otros aspectos, ofreciendo siempre información y la contención que estas patologías exigen.
–El nivel de incidencia de las afecciones onconeurológicas se da más ¿en qué segmento etario?
–En general dependen del tipo de tumor cerebral en particular, pero a grandes rasgos hay dos picos. Uno de ellos es durante la infancia y otro en la edad adulta entre los 40-60 años, justo la etapa funcionalmente más activa.
–Se suele decir que la mejor medicina es la prevención, ¿cómo se aplica esto a su área de trabajo?
–No hay muchos datos concretos en la literatura de cómo prevenir los tumores cerebrales más que llevar una vida saludable, evitar hábitos viciosos y exposición a radiaciones, así como hacer controles periódicos en algunos síndromes genéticos más que nada apuntando a un diagnóstico precoz en caso de haber lesiones.
–En el caso del cáncer de mamas un indicador es el autoexamen, en el cáncer de próstata es el análisis de sangre, en este caso ¿cuáles serían los indicadores de alarma?
–No forma parte de la rutina recomendada hacer sin tener ningún síntoma ni antecedente un chequeo de imagen cerebral, pero, ante cualquier síntoma neurológico (cefalea, náuseas, vómitos, episodio convulsivo, déficit de un miembro, alteración en la marcha, etc.) que no tenga una evolución típica (resolución espontánea o con el tratamiento indicado) lo ideal es contar con una tomografía o resonancia de encéfalo para descartar cualquier proceso expansivo.
