Hace 12 años nos dejaba Mons. Rolón, noble pastor y gran defensor de los derechos humanos

Un día como hoy, 12 años atrás, se apagaba la vida del arzobispo emérito, monseñor Blas Ismael Rolón Silvero. Noble pastor, nunca avaló los atropellos a los derechos humanos. Fue clave para el advenimiento de la democracia en Paraguay. Suspendió la procesión de la Virgen de Caacupé y renunció al entonces Consejo de Estado por la represión, el exilio y la desaparición de compatriotas idealistas.

Monseñor Ismael Rolón (Foto: Archivo de ABC Color).
Arzobispo emérito de Asunción, monseñor Blas Ismael Rolón Silvero.Archivo, ABC Color

Monseñor Rolón comenzó a manifestarse cuando fue designado obispo de Caacupé en 1960. Llegaba a la novel jurisdicción un pastor salesiano de respetable formación intelectual, en un momento en que el país estaba sumido en el terror de una dictadura (1954-1989), que no dudaba en reprimir y asesinar a compatriotas que pensaban diferente al régimen.

Suspende la procesión de Caacupé

Conmovido por la situación que atravesaba el Paraguay, a raíz de la expulsión de sacerdotes, represión y asesinato de campesinos y de estudiantes que rechazaban la visita del norteamericano Nelson Rockefeller, el 9 de noviembre de 1969, monseñor Ismael Rolón comunicaba a los fieles la suspensión de la procesión de los días 8 y 15 de diciembre, a la que acostumbraban asistir el presidente Alfredo Stroessner y sus ministros. Fue el primer encontronazo del pastor con el dictador. Poco tiempo después fue promovido como arzobispo de Asunción.

Renuncia al Consejo de Estado por los abusos

Monseñor Ismael Rolón asumió como arzobispo de Asunción el 19 de julio de 1970. El 6 de febrero de 1971, al año siguiente de su toma de posesión, rompía relaciones con el régimen dictatorial. “Frente a la situación de crecientes abusos y patentes violaciones de los derechos humanos más elementales... No es justo, pues, ni razonable que mi presencia en el Consejo de Estado, en estas circunstancias, sea interpretada por el pueblo, y sobre todo por los fieles, como la aprobación del actual estado de cosas, o como la dependencia de la acción de la Iglesia de los poderes civiles...”, expresaba en un furibundo comunicado.

Agresión a obispo uruguayo

En cartas de protesta dirigidas a los ministros de Educación, Raúl Peña, y del Interior, Sabino Augusto Montanaro, Rolón calificó de “inaudito y bárbaro el atropello” al obispo auxiliar de Montevideo, monseñor Andrés Rubio, y sacerdotes que le acompañaron. Habían llegado al Paraguay como enviados del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam); sin embargo, “los dignatarios uruguayos fueron violentamente agredidos por una turba” (11 de marzo de 1971).

Tratado de Itaipú

Ante publicaciones periodísticas sobre el Tratado de Itaipú, junto con su presbiterio, apeló a la conciencia lúcida y honrada de quienes en nombre del pueblo deben dar la aprobación a un tratado grávido de consecuencia.

“Ni intereses privados ni intereses partidarios han de prevalecer en esta hora nacional” (2 de junio de 1973).

Los hechos de Jejuí

La salvaje represión a campesinos y sacerdotes ocurrida en la zona del Jejuí y San Estanislao mereció otra contundente postura de monseñor Rolón: “Condenamos la violencia desatada por las autoridades; las detenciones masivas de sacerdotes y campesinos, la incomunicación del padre Braulio Maciel, que se encuentra herido y bajo custodia policial, y de los que aún se encuentran detenidos en Asunción y en los montes...” (18 de febrero de 1975).

Lucha de clases

En la celebración del tedeum del 15 de mayo de 1975, monseñor Rolón rechazaba la lucha de clases. Decía: “En su accionar evangélico, la Iglesia no puede ni debe amparar la violencia; no admite ni como acción, ni como situación”.

“El comunismo con su lucha de clases, su dictadura del proletariado y su pretensión de ideología científica poseedora exclusiva de la verdad, no es aceptado por la Iglesia, porque sus principios y su práctica concreta son contrarios a los valores humanos que ella cultiva y defiende en la comunidad de hombres”.

“¿Qué está pasando en el país?”, cuestionó

“A través de los medios de comunicación social nos estamos enterando todos los días de hechos de violencia en perjuicio siempre de los pobres, de los que no cuentan con apoyo social o político: desalojos y usurpaciones de tierra por supuestos propietarios y compradores, familias enteras inclusive de venerables excombatientes de la Guerra del Chaco, arrojados a la calle o al descampado ante la inoperancia de las autoridades, si no con su apoyo. Nos enteramos de personas inesperadamente detenidas ¿para averiguaciones?, pero ya incomunicadas y sin fecha, con grandes angustias de los familiares, cuya subsistencia y seguridad quedan en el aire; de crímenes comprobados y de público conocimiento... cuya sanción son postergadas indebidamente como si se intentara borrarlos de la memoria de la historia real” (Cuaresma de 1980).

Enfrentó a Schreiber

Otra anécdota de monseñor Rolón se refiere a cuando enfrentó al temible comisario Carlos F. Schreiber. El jefe policial comandó una terrible represión al término de una “marcha del silencio”. Entonces, bajó de la explanada de la Catedral con todos sus ornamentos y encaró al policía que lucía una cruz pectoral de oro y calzaba botas con polaina: ‘¿Usted es el responsable de esta represión?’, pero el comisario no habló. Seguidamente le dijo: ‘¿No tiene vergüenza?’, y allí reaccionó y retiró a sus policías”, nos había relatado.

Asiló a Lovera y Casabianca

En los últimos tiempos de la dictadura, Rolón ofició una misa por la libertad de expresión en la Catedral Metropolitana. El templo estaba rodeado de policías y cuando terminó la celebración, le llamó la atención la presencia de dos personas sentadas en el banco. Eran Waldino Ramón Lovera y Miguel Angel González Casabianca, quienes no podían retirarse porque iban a ser aprehendidos por los policías, que ya estaban dentro de la Catedral. Rolón se les acercó a los efectivos y, luego de una soberana reprimenda, logró que salieran del interior, pero seguían en las puertas. Entonces llamó a Lovera y González Casabianca para que se queden en la sacristía. Horas después logró la promesa de Montanaro de que no iban a ser detenidos y se retiraron con sus respectivas escoltas policiales.

Enfrentó a Montanaro

En plena dictadura, un sacerdote fue apresado por la Policía de la Capital a instancia de un presidente de seccional, a quien no le permitió ser padrino de bautismo por no querer participar del cursillo. Ofuscado, Rolón se dirigió al Ministerio del Interior para hablar con Montanaro. Lo recibió un oficial que le ofreció asiento y Rolón le contestó: “Dónde está el señor Montanaro” y el oficial le respondió: “Iré a ver si se encuentra”. Al rato vino el propio Montanaro y quiso ser amable con el obispo: “Qué alegría que estás por aquí, monseñor. Nada menos que el arzobispo”, le exaltó. Rolón no respondió el halago y directamente le dijo: “¿Por qué usted mandó detener a mi sacerdote?”, a lo que Montanaro respondió: ”Solo hubo un malentendido, querido monseñor. Él está libre”. Rolón le dijo: “Gracias. Hasta luego”. Salió de la dependencia ministerial y abordó su auto y le dijo al chofer: “Ary ry´ y paité” (temblé todo). Hasta ese momento nadie osaba alzar la voz a Montanaro, pero logró la liberación del sacerdote. En esa época era común la expulsión de sacerdotes hacia Clorinda.

Desafió barrera policial en Clínicas

Otra anécdota que relataba Ismael Rolón fue cuando acudió a visitar a los estudiantes de Medicina, médicos y profesores que se atrincheraron en el antiguo Hospital de Clínicas. Cuando llegó a la explanada, le salió al paso una barrera policial. Uno de mayor rango le preguntó: “¿A qué viene, monseñor? Usted no puede pasar”, a lo que le dijo: “¿por qué?” y el policía insistía: “¿a qué viene, monseñor?” y le dijo: “Vengo a celebrar misa”. El oficial le dijo: “Está prohibida la entrada” y siguió avanzando y cuando uno se atrevió a pararle, Rolón siguió la marcha y le dijo: “Usted no va a atajar... y no me toque” y allí ganó la entrada principal y entró para reunirse con los estudiantes de Medicina”.

Suspendió el tedeum

En los últimos años de la dictadura ya no celebró el tedeum por la patria en mayo ni el que se celebraba en el inicio del mandato presidencial cada cinco años. Este último impasse motivó el enojo del entonces nuncio apostólico George Zur, que a instancia de la cancillería y el ceremonial del Estado visitó a Rolón para que revea su postura de suspender el tedeum por el inicio de otro periodo de mandato de Stroessner. Rolón le respondió al nuncio que él no iba a celebrar el tedeum porque así lo decidió su clero. El nuncio le propuso cambiar de opinión, a lo que Rolón insistió en afirmarle que la decisión ya fue tomada y que no iba a cambiar de opinión. Seguidamente le agradeció la visita.

Pidió hombres nuevos para el Paraguay

A la caída de la dictadura (2/3 de febrero de 1989), monseñor Rolón reclamó hombres nuevos para el Paraguay. Clasifica en tres categorías al paraguayo:

1. Hombres nuevos: no son santos, pero procuran ser honestos consigo mismos, con los demás y con Dios. Sus ideales, criterios y palabras se adecuan a la realidad y a la verdad. No recurren a la mentira o la violencia para acumular riquezas, ni se hacen cómplices, por ambición o cobardía, en fraudes en perjuicio del pueblo.

2. Hombres viejos: son aquellos adormecidos en la mediocridad...

2.1. Remendados: se acomodan a las circunstancias de tiempo, lugar y personas para salvaguardar sus intereses. Son peligrosos...

2.2. Escombros: son aquellos en quienes nada de decencia, de credibilidad y de honor ha quedado en su haber de persona y ciudadano.

3. Recuperables: sí. Con la gracia de Dios (11 de abril de 1989).

“¿Dónde están los millones?”, reclamó

Una de las primeras decisiones de la Justicia en la era democrática fue el embargó de bienes por más de G. 300.000 millones a cuatro personeros del régimen stronista. Rolón decía: “El pueblo quiere saber si esos millones, con sus intereses, serán recuperados; el pueblo quiere saber, en justicia, de quiénes y para quiénes son. El pueblo cree que son para el pueblo, porque son del pueblo y en nombre del pueblo llegaron al país” (24 de mayo de 1989).

Los excombatientes

Monseñor Rolón fue un gran defensor de los excombatientes. “Dicen que son unos 30.000 excombatientes sobrevivientes. Muchos están internados en instituciones del Estado, bajo un duro régimen militar; los que todavía pueden moverse se quedan en sus ranchos a trabajar, otros prefieren la libertad al encierro, y salen a buscar conchabo en las ciudades, cuidando casas o autos ajenos, como en otro tiempo, hace más de 50 años, vigilaban nuestras fronteras, defendiendo la dignidad y la integridad de la patria.

Para muchos de ellos, asilados o libres, la Guerra del Chaco no ha terminado...” (29 de marzo de 1989).

Cátedra de política

Ante las primeras elecciones democráticas luego de la caída de la dictadura, dijo: “Las autoridades que surjan de libres elecciones son autoridades nacionales, aunque propuestas por un partido triunfador. Aquellas no son servidoras de este; ni el partido es amo del gobierno ni puede atribuirse la potestad de manejarlo a su provecho” (7 de marzo de 1989).

La juventud, el ko´êmbota

Monseñor Rolón tenía una estima muy especial hacia los jóvenes. Decía de ellos: “Suelo comparar la juventud con el amanecer, con el ¡ko´êmbota!; aún no es el pleno día, pero ya lo anuncia: día feliz, día opaco o día infeliz” (9 de junio de 1989).

“Desde mi oasis”

Una vez conocida la aceptación de su renuncia como arzobispo de Asunción, Mons. Rolón afirmó: “No dejaré de opinar, como ciudadano cristiano y como obispo, y cuando el caso lo exija, tampoco dejaré de denunciar con claridad y franqueza.” Inició así la serie “Desde mi oasis”. Al dejar el cargo, el obispo fue a vivir en el Aspirantado de Ypacaraí, luego aquejado en su salud decidió fijar residencia hasta sus últimos días en la Casa de Reposo de los Salesianos, que se encuentra en el predio de la parroquia Santo Domingo Savio.

Biografía

Ismael Rolón Silvero nació en Caazapá el 24 de enero de 1914. Sus padres fueron Ramón Rolón y Micaela Silvero. Recibió el bautismo de manos de Mons. Juan Sinforiano Bogarín durante una gira pastoral.

En 1927 ingresa en el Seminario Salesiano del Manga (Montevideo, Uruguay). En 1931 es recibido en el noviciado. Su primera profesión en la Congregación de Don Bosco fue el 22 de febrero de 1932. En 1935 fue becado a la Facultad de Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde permaneció hasta 1938. Realizó estudios de Teología en el Instituto Internacional Salesiano de Córdoba.

El 23 de noviembre de 1941 recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Fermín Lafitte, arzobispo de Córdoba. A su retorno al Paraguay, en 1943, ocupó varios cargos en la Congregación Salesiana.

El 2 de agosto de 1960 fue nombrado Prelado Ñullius de Caacupé por bula del papa Juan XXIII, tomando posesión del oficio el 7 de octubre del mismo año.

Por bula del 20 de octubre de 1965, el papa Pablo VI le nombra obispo titular de Forno Mayor y es consagrado el 23 de enero de 1966 en el santuario nacional de la Virgen de Caacupé.

El 16 de junio de 1970 fue promovido como arzobispo de Asunción. Toma posesión el 19 de julio de 1970. Pasó a ser obispo emérito en julio de 1989. Le reemplazó Mons. Felipe Santiago Benítez.

Falleció el 8 de junio de 2010 y sus restos reposan en la Catedral Metropolitana de Asunción.

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