La posición de cada figura del pesebre y los adornos no son colocados al azar dentro de la estructura que cada familia va armando y planificando para la representación del nacimiento del Niño Jesús, cada año. En algunos casos, todos los años son diferentes, con historias específicas para contar, como la anunciación; el establo; el recorrido de José y María; la visita de los reyes magos o las posadas donde fueron rechazados los padres de Jesús para luego terminar en un humilde pesebre.
Ramona Sánchez, del conocido pesebre gigante de la ciudad de Itauguá comenta que son dos las figuras del Niño Jesús utilizadas en el pesebre, al menos los más tradicionales.
“El Niño acostado es el que se coloca el 24 de diciembre, también conocido como Niño Navidad y la figura del Niño parado es el que está en el pesebre desde el 1 de enero. Se cambia a la media noche, en los primeros minutos del nuevo año y también se lo conoce como Niño de año nuevo”, explica Ramona, quien es la encargada de armar el pesebre desde 40 años.
Agrega que anteriormente, en épocas de su abuela, la pionera del pesebre familiar de la familia Sánchez, no existían las luces de navidad, así que los adornos eran las cáscaras de huevo enteras, que debían ser colgadas con mucho cuidado y paciencia. Algunas personas también hacían rosarios de maní y hasta se colgaban chipas.
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¿Cuándo se coloca el pesebre?
El conocido folklorista Serafín Francia Campos cuenta que según la tradición paraguaya, el pesebre se coloca después de la fiesta religiosa de Caacupé, o sea, después del 8 de diciembre y se retira después del día de reyes.
Sin embargo, hay familias que lo hacen en el día previo a la navidad e incluso otros, que sólo lo ponen para el año nuevo.
Esto podría deberse a que la familia cuenta sólo con uno de los niños, el de navidad o el de año nuevo.
Pesebre hidráulico de Luque

En el departamento Central, más específicamente en la ciudad de Luque, se volvió tradicional visitar el pesebre hidráulico de la familia Sabaté, que este año cumple 69 años.
Esteban Sabaté comenta que el 8 de diciembre levantaron la carpa sobre la parralera donde son colocadas las piezas movidas por el agua, que ellos mismos diseñan.
La tradición de esta familia nace con los padres de Esteban, quien hoy recibe la colaboración de sus hijos y nietos para continuar con el legado.
El pesebre de los Sabaté tiene 7 metros de frente y 8 metros de fondo; cuenta con aproximadamente 50 figuras movidas hidráulicamente y cada año van agregando una. Este año se sumará un escultor que trabajará tallando madera.
La habilitación está prevista para el 22 de diciembre y se extenderá hasta el 30. El horario de visita será de 18:30 a 22:45 y el día de navidad, el 25 de diciembre desde las 10:00 hasta las 22:45.
Figuras gigante para subir encima y tomarse fotos
Don Gilberto González cumple 50 años de labor construyendo figuras en tamaño real e incluso más grandes que lo normal, con los que va formando su pesebre, sobre la calle Santa Cecilia de la Primera Compañía de Luque.
Camellos, burros, caballos y hasta jirafas se puede encontrar en su patio, donde con la ayuda de escaleras uno puede subir a cada uno de ellos tomarse las mejores fotos para el recuerdo.
Don Gilberto señala que también inició el proceso en día de la Virgen de Caacupé y que estará listo para este sábado, cuando comenzará a recibir a las visitas.
Más de 100 años de tradición
El pesebre de la familia Sánchez, ubicado en la compañía Itauguá Guasu de la ciudad del ñandutí, lleva más de cuatro generaciones realizando uno de los pesebres considerados más grandes del país, donde incluso, los visitantes pueden ingresar para inmortalizar el momento.
Sin embargo, este año deberán realizar una pausa por cuestiones de salud de la familia, pero con la esperanza de retomar la tradición el próximo año, comenta Ramona Sánchez.
En este caso, la única figura del pesebre que no se cambia es la del Niño Jesús, que es una reliquia jesuítica que está en la familia desde hace más de 100 años.
