A 46 años de una muerte que marcó a una familia de Villarrica: una tragedia y un legado

Carlos Rubén Cáceres Buscio, quien falleció a los 16 años en un trágico accidente conducido por un teniente superior.
El cimeforista Carlos Rubén Cáceres Buscio, quien falleció a los 16 años en un trágico accidente en el año 1980.

Una carta escrita desde el dolor conmovió a Villarrica hace más de cuatro décadas. Hoy volvió a circular, publicada en la edición impresa del diario ABC, acompañada por una historia que transforma la tristeza en legado. Carlos Rubén Cáceres Buscio murió con apenas 16 años, pero su nombre vive en una institución educativa que sigue formando generaciones, gracias a la incansable lucha de sus padres por formar a niños y mantener su memoria viva.

“Tan grande puede ser el dolor, hermano mío, a tantos años de tu ausencia, y el recuerdo tan vivo que no permite olvido alguno”, expresó María Liz Cáceres hoy al recordar públicamente en un aviso fúnebre en el diario ABC Color a su único hermano, Carlos Rubén Cáceres Buscio, quien falleció trágicamente el 28 de enero de 1980, cuando apenas tenía 16 años.

Para honrar a su hermano, decidió compartir una conmovedora carta que su madre escribió un año después de la muerte y que fue publicada en 1981. En ese texto, la madre no solo expresaba un profundo dolor, sino también una profunda reflexión sobre la responsabilidad humana.

En su texto, la madre recordó a un hijo “noble, alegre, brillante”, destacó que la ausencia marcó para siempre a la familia y dejó una herida que nunca terminó de cerrar. “Nos haces tanta falta”, escribió entonces.

Lea la carta completa:

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La carta hecha por la madre de un joven fallecido, Carlos Rubén Cáceres Buscio.
La carta escrita por Asunción Buscio, la madre de Carlos Rubén Cáceres Buscio en 1980, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento en un accidente y republicada hoy en la sección Fúnebres de la edición impresa del diario ABC Color.

¿Quién fue Carlos Rubén?

Carlos Rubén era considerado un estudiante sobresaliente en el Colegio Don Bosco de Villarrica. Según recuerda su hermana, era “popular entre todos”, querido por sus compañeros y admirado por sus docentes. Leía desde edad temprana, se destacaba académicamente y soñaba con estudiar Medicina. Para su familia, era la esperanza, el orgullo, el futuro, recordó su hermana.

Sin embargo, decidió que quería ingresar al Centro de Instrucción Militar para Estudiantes y de Formación de Oficiales de Reserva (Cimefor) y convenció a sus padres de acompañarlo. En ese contexto, cuando aún era aspirante, él y otros tres jóvenes fueron convocados por su superior para viajar a Asunción.

El vehículo utilizado era un automóvil Volkswagen Brasilia, conducido por un teniente a cargo del grupo. La familia sostiene que el militar volvió de Asunción alcoholizado e inclusive dentro del coche se encontraron varias latitas de cerveza.

Óscar Burg y Carlos Rubén Cáceres, ambos fallecidos en un accidente de tránsito.
Óscar Burg y Carlos Rubén Cáceres, ambos fallecidos en un accidente de tránsito.

Al llegar a Villarrica, el automóvil estuvo a punto de colisionar contra un camión cisterna. Uno de los adolescentes evitó el impacto frontal moviendo el volante de manera brusca, pero de igual manera el choque se produjo en el lado izquierdo y fallecieron dos de los ocupantes: Oscar Burg y Carlos Rubén Cáceres.

La funesta noticia fue publicada a dos columnas en la página 24 de la edición del diario ABC Color del 29 de enero de 1980. El artículo da cuenta de los dos fallecimientos y del estado de salud del conductor y de otros dos jóvenes sobrevivientes.

El martes 29 de enero de 1980, en la página 24 del diario ABC Color se publicó la noticia de la muerte de los dos jóvenes cimeforistas en un accidente de tránsito.
El martes 29 de enero de 1980, en la página 24 del diario ABC Color se publicó la noticia de la muerte de los dos jóvenes cimeforistas en un accidente de tránsito.

“Desde que él murió, en casa terminó la alegría”, relata María Liz, quien entonces tenía apenas seis años. Su madre, docente y académica formada, atravesó años de profundo dolor, al igual que su padre, jubilado de la Caja Bancaria.

Asunción Buscio, directora fundadora del Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, en Vilarrica.
Asunción Buscio, directora fundadora del Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, en Vilarrica. Falleció a los 90 años.

Al recordar ese momento, María Liz se quebró. Hizo una pausa y con la voz rota expresó: “Nuestra familia nunca volvió a ser la misma. Mi mamá quedó devastada. Mi papá se apagó. Nosotros crecimos con esa ausencia en la mesa, en los cumpleaños, en todo”.

Se centró primeramente en buscar justicia y, tras años de lucha, logró que el militar fuese dado de baja.

Del dolor al legado: una escuela que lleva su nombre

Con el tiempo, el sufrimiento de ambos padres encontró otro cauce: la educación. La familia decidió honrar la memoria de Carlos Rubén fundando una institución educativa que hoy en día lleva su nombre, convencidos de que él representaba los valores que debía transmitir una escuela: disciplina, nobleza, compromiso y servicio. En principio, surgió como un liceo nocturno, pero con los años se fueron habilitando todos los turnos.

María Liz recordó que la propuesta le llegó a su padre, quien siempre fue muy activo en la comunidad y estaba trabajando para arreglar escuelas. En principio, surgió como un Liceo y la docente Asunción Buscio de Cáceres fue la directora desde su fundación hasta el día de su muerte, el pasado 21 de diciembre, a la edad de 90 años.

Así se ve hoy el Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, que fue fundado por los padres de un joven aspirante a cimeforista.
Así se ve hoy el Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, que fue fundado por los padres de un joven aspirante a cimeforista que falleció hace más de 40 años.

Su hija recordó que ejerció la docencia hasta sus últimos días. Firmó títulos, supervisó actividades y sostuvo la institución con la misma vocación con la que enseñó desde joven. “Murió haciendo lo que amaba: educar”, resume su hija.

Una memoria que sigue viva

“La escuela es su manera de seguir hablando de él. De decirle al mundo que su vida valió, que su nombre no se borra”, dice María Liz. Si bien la institución es pública, María Liz aseguró que sus padres en todo momento buscaron mantenerla con fondos propios y donaciones de otras personas, para evitar que se deteriore.

Asunción Buscio y Rubén Cáceres.
Asunción Buscio y Rubén Cáceres.

Cada 25 de julio, fecha de nacimiento de Carlos Rubén, el colegio realiza actos, actividades solidarias y homenajes. No se recuerda desde la tragedia, sino desde la vida.

Destacó que sus padres siguieron trabajando incansablemente después de la jubilación. “Ellos no se guardaron ese dolor, hicieron lo que sabían hacer, que fue trabajar por los niños y jóvenes”, concluyó emocionada.

En el Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, cada año recuerdan el cumpleaños del joven hijo de los fundadores.
En el Centro Educativo Integral Carlos Rubén Cáceres Buscio, cada año recuerdan el cumpleaños del joven hijo de los fundadores.