El drama comenzó en el Hospital Regional de Pedro Juan Caballero, donde —según el relato familiar— no había neurocirujanos para tratar el cuadro crítico.
Las opciones eran el Hospital Nacional de Itauguá o el Hospital de Clínicas. Tras insistencias y gestiones médicas, consiguieron una cama en el Hospital Nacional de Itauguá.
El traslado duró entre siete y ocho horas. Llegó estable, fue internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCIR) y recibió un catéter como primera medida. El siguiente paso era un angiotac para definir si correspondía una cirugía vascular urgente.
Ese estudio, clave para decidir si se colocaba un clip u otro procedimiento, debía realizarse a más tardar el domingo.
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El estudio que nunca llegó

Ana Giménez, hija del paciente, denuncia que el domingo aguardaron todo el día bajo la promesa de que el estudio se haría. Recién el lunes, tras insistentes reclamos, les informaron que la máquina para el angiotac no funcionaba.
“Nos dijeron que domingo no se hace nada. Después supimos que la máquina no estaba en funcionamiento y que el propio cirujano no sabía”, relató.
Como alternativa, les ofrecieron una arteriografía, procedimiento que —según les explicaron— se realiza solo los martes y jueves, con cupos limitados a tres pacientes por jornada. Les aseguraron que su padre era prioridad.
El martes pasó sin que lo llamaran. El jueves también. La familia aguardó horas sin información clara. “Nunca nos dijeron que no se iba a hacer. Nos tuvieron esperando”, lamentó.
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La espera que descompensó al paciente
Con el correr de los días, el cuadro se agravó. Según la hija, hasta el martes su padre se mantenía estable. Luego comenzó a presentar subas bruscas de presión arterial y signos de inestabilidad.
Finalmente, cuando volvieron a consultar, la respuesta fue que ya no podían realizar el estudio por el riesgo que implicaba la presión elevada. “Ahora está inestable y dicen que no se puede hacer nada hasta que se normalice”, denunció.
El círculo es perverso: el estudio era urgente cuando estaba estable; ahora que su estado empeoró, la inestabilidad se convierte en argumento para postergarlo.
Respuestas que no alcanzan
Más de 450 kilómetros, siete horas de ambulancia, promesas de urgencia y días de espera que —según la familia— pudieron haber marcado la diferencia.
Mientras tanto, Natividad Giménez permanece en terapia intensiva, ahora más grave que al llegar.
