En la Escuela Nuestra Señora de Guadalupe y el Colegio Nacional de la comunidad rural de Potrero Naranjo, el Ministerio de Educación optó por clausurar aulas deterioradas, obligando a alumnos a estudiar en la intemperie o, en algunos casos, a permanecer en estructuras peligrosas. La medida, lejos de solucionar el problema, agrava la precariedad.
El director del colegio, Nery Valenzuela, comentó que cuentan con 78 alumnos y lamenta que las soluciones se limiten a clausuras sin verificación en terreno, obligando a improvisar clases sin pizarras, con muebles deteriorados y condiciones mínimas.
El docente reclamó mayor presencia de las autoridades y denunció que deben recurrir a actividades como ventas para cubrir necesidades básicas, mientras las lluvias y el mal estado de los caminos dificultan aún más el acceso a clases. La educación se ve seriamente afectada.
En la escuela del mismo predio, el panorama es similar: pabellones antiguos, construidos con apoyo de ganaderos, también fueron clausurados, dejando a los alumnos sin espacios adecuados. La infraestructura presenta fisuras y riesgo constante.

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El docente Alfredo Caballero, con 29 años de servicio, relató que debe recorrer 10 kilómetros en condiciones precarias para llegar a la institución, enfrentando caminos intransitables, especialmente en días de lluvia. La problemática vial también incide en la educación, pero parece que “Se perdió la capacidad del asombro”, expresó.
Además, una obra de construcción de aulas quedó abandonada pese a haberse pagado en su totalidad durante la administración del exintendente Gustavo Rodríguez, generando indignación en la comunidad. Denuncian consecuencias de presuntos hechos de corrupción.
Docentes y padres improvisan estructuras para sostener techos y evitar derrumbes, mientras continúan los reclamos sin respuestas efectivas por parte de las autoridades. La comunidad educativa se mantiene en alerta.
En días de lluvia, las clases se suspenden por falta de condiciones mínimas, dejando a los estudiantes sin acceso regular a la educación. La precariedad marca el día a día.
La situación representa un riesgo permanente para los alumnos, que estudian cerca del derrumbe y lejos de una educación digna, en medio de la desidia institucional.
