Jubinville comenzó aclarando que la Conferencia Episcopal Paraguaya “no es la Iglesia del Paraguay”, sino una parte de ella. Explicó que la Iglesia está conformada por todo el pueblo de Dios que vive su fe en Cristo y recibe el Espíritu Santo, por lo que recordó que la historia de la Iglesia en el Paraguay y la comunión entre las diócesis es muy anterior a la creación de la CEP hace siete décadas.
“La Iglesia somos todo el pueblo que vive su fe en Cristo. Hoy celebramos los 70 años de la Conferencia Episcopal, pero la Iglesia en el Paraguay tiene mucho más que 70 años”, expresó.
Durante su mensaje comparó a la Conferencia Episcopal con una semilla, el fermento y la sal mencionados en el Evangelio, señalando que, aunque se trata de una organización pequeña y con pocos recursos, su verdadera fuerza radica en la gratuidad, el servicio y la entrega de miles de personas.
Indicó que muchas veces se percibe a la Iglesia como una institución poderosa por la presencia de sus templos, peregrinaciones, procesiones y obras pastorales en todo el país, pero aseguró que, en comparación con otras organizaciones, el Estado, los partidos políticos, las empresas o las fundaciones, dispone de muy pocos recursos materiales.
“Somos pequeños. Tenemos la tentación de querer ser grandes, prósperos y seguros, pero nuestra naturaleza es ser como la semilla que muere en la tierra para dar fruto”, manifestó.

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Instituciones del país
Uno de los momentos más significativos de la homilía llegó cuando se refirió a la vida interna de la Iglesia y extendió esa reflexión a las instituciones del país.
“Lo que hacemos lo hacemos con pobreza, con fallas, con conflictos, pero lo vivimos. Sabemos que no hay fermento eficaz si no nos amamos. Somos gente muy diferente, diversa en nuestra formación, en nuestras experiencias y en nuestras culturas. Pasamos crisis y discusiones, pero buscamos una unidad que no sea solamente de fachada, sino una verdadera comunión”, resaltó.
Explicó que esa realidad no solo interpela a los obispos, sino también a todas las comunidades eclesiales y a las instituciones paraguayas, donde existen diferencias y desafíos similares que únicamente pueden superarse mediante el diálogo, el discernimiento y la búsqueda del bien común.
El presidente de la CEP sostuvo además que el ministerio episcopal no debe entenderse como el ejercicio del poder de un “pequeño rey” sobre un territorio, sino como un servicio que se vive en comunidad, escuchando al Espíritu Santo y construyendo consensos para orientar la acción pastoral de la Iglesia.
En otro tramo de su homilía destacó que el verdadero poder de la Iglesia no está en la fuerza de una organización ni en los recursos económicos, sino en la palabra del Evangelio y en los gestos concretos de amor. Reconoció que la Conferencia Episcopal ha sido cuestionada tanto por quienes consideran que debería asumir posturas más críticas como por quienes creen que debería ser más moderada, pero recordó que, a lo largo de sus 70 años de historia, ha acompañado momentos importantes de la vida nacional.
Entre ellos mencionó la carta pastoral sobre el saneamiento moral de la Nación de 1979, el llamado al diálogo nacional de 1986, la campaña “Paraguay Jaipotáva” de finales de los años 90 y comienzos del 2000, así como el actual trienio pastoral dedicado al bien común.
Finalmente, invitó a todas las parroquias, movimientos y comunidades del país a mirar su propia historia, reflexionando sobre cómo crecieron en comunión y cuáles son los nuevos desafíos que Dios plantea a la Iglesia.
Concluyó pidiendo las oraciones de los fieles por los obispos del Paraguay y encomendó el camino de la Iglesia a la protección de la Virgen María, modelo de la Iglesia discípula y misionera.

