El carrulim, cuyo nombre nace de la combinación acrónima de sus tres ingredientes principales: caña, ruda y limón, es mucho más que una bebida alcohólica o un “remedio yuyo”; es una manifestación del patrimonio cultural inmaterial paraguayo. Su origen se remonta a los antepasados guaraníes, quienes utilizaban las propiedades medicinales de la ruda y los cítricos combinados con licores destilados para hacer frente al rigor del invierno.
Agosto es históricamente percibido en la tradición popular como un mes crítico, caracterizado por temperaturas extremas, vientos fríos, escasez de cosechas y un repunte en las enfermedades respiratorias. Para combatir los males físicos y las “malas vibras”, la sabiduría popular consagró el rito de beber carrulim en ayunas cada inicio de mes.

De las “yuyeras” a las grandes marcas: la evolución comercial
Tradicionalmente, la preparación del carrulim era una labor puramente artesanal y doméstica. La adquisición del brebaje recaía de manera exclusiva en las emblemáticas “yuyeras” y paseos de remedios de los mercados populares, donde cada preparadora guarda con celo el secreto de sus proporciones, incorporando a veces otros componentes como katuava, guaviramí o pinoza.
Sin embargo, en los últimos años, el carrulim viene experimentando un notable fenómeno de evolución comercial. Reconociendo el profundo arraigo cultural y la alta demanda en esta fecha, las principales industrias cañeras y empresas de bebidas del país industrializan y embotellan el preparado tradicional.
Hoy día, el consumidor puede encontrar botellas de carrulim listas para el consumo en góndolas de supermercados, tiendas de conveniencia y plataformas de entrega a domicilio. Esta modernización no solo democratizó su acceso, sino que adaptó una tradición centenaria a los ritmos de vida urbanos actuales.

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Una costumbre sin fronteras: su arraigo en la región
El culto al carrulim no se limita únicamente al territorio paraguayo. A través de la migración y la confluencia cultural histórica en la Cuenca del Plata, esta costumbre está fuertemente arraigada en provincias del noreste argentino como Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco, así como en áreas del Gran Buenos Aires con alta presencia de la colectividad paraguaya.
En estas zonas, el rito se entrelaza además con la celebración del Día de la Pachamama y la tradicional “caña con ruda”, compartiendo la misma premisa espiritual de protección y renovación.

La mirada médica: mitos y verdades del “cambio de sangre”
Profesionales de la salud aportan una perspectiva científica para vivir la tradición con responsabilidad. El doctor Carlos Centurión, jefe de Clínica Médica del Hospital de Especialidades Quirúrgicas del IPS Ingavi, aclara que, si bien esta creencia forma parte invaluable de la identidad cultural, no existe evidencia científica que respalde la necesidad de “purificar la sangre” o renovarla durante este periodo.
El profesional señala que el origen del mito probablemente responda a épocas históricas cuando agosto coincidía con un repunte de mortalidad y enfermedades estacionales. Por ello, destaca que las tradiciones merecen respeto, pero sin descuidar la salud.
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Cuidado con la ruda y el exceso
El doctor Centurión advierte que la ruda no es una planta inocua. Si bien el riesgo suele ser bajo cuando se consume en dosis mínimas y simbólicas (como los tradicionales tragos), el consumo excesivo o repetido puede derivar en irritación severa del aparato digestivo, toxicidad y daño hepático o renal y alteraciones en el sistema nervioso.
Un dato muy importante aportado por el profesional es que la ruda estimula las contracciones uterinas y aumenta significativamente el riesgo de aborto.
Tradición con responsabilidad
El especialista del IPS recuerda que las medidas con respaldo científico para cuidar el organismo durante todo el año son: mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular, descansar adecuadamente, completar el esquema de vacunación y consultar a tiempo al médico.
El llamado final es a disfrutar y mantener viva esta tradición paraguaya con moderación y prudencia, celebrando nuestra identidad sin poner en riesgo la salud.
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