La Reserva Natural del Bosque Mbaracayú registra finalmente una luz de esperanza. Un informe técnico divulgado por la Fundación Moisés Bertoni (FMB) revela una disminución drástica y sostenida en la apertura de nuevas parcelas destinadas al cultivo ilegal de marihuana dentro de las 64.000 hectáreas de la reserva ecológica ubicado en el departamento de Canindeyú.
Las cifras oficiales muestran una curva descendente luego del pico registrado entre 2023 y 2024, periodo en que las parcelas ilegales llegaron a abarcar más de 660 hectáreas de bosque nativo.
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En 2025, la habilitación de nuevas áreas cayó a 450 hectáreas, lo que significó prácticamente una reducción del 50% con respecto al año anterior. El freno se consolidó con mayor fuerza durante el primer semestre de 2026 y se contabilizó apenas 107 hectáreas detectadas hasta junio, lo que representa un desplome del 74% en comparación con el mismo periodo de 2024.
El rol clave de las fuerzas de seguridad y el pacto con el Estado
Desde la Fundación Moisés Bertoni explican que este retroceso directo de la marihuana es el resultado directo de un monitoreo constante apoyado por una mayor presencia militar en el terreno. La instalación y patrullaje de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) y el Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI) en la zona de Canindeyú permitieron disuadir las incursiones de las estructuras dedicadas al narco, que utilizaban el bosque para ocultar sus campamentos clandestinos y centros de acopio.
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Yan Speranza, director ejecutivo de la Fundación Moisés Bertoni, recordó que si bien la reserva cuenta con un esquema de administración privada, fue creada mediante una ley nacional en 1991 bajo una alianza estratégica con el Estado.
En aquel compromiso histórico, la ONG asumió la responsabilidad de financiar el mantenimiento del parque a perpetuidad, mientras que el gobierno central se comprometió a garantizar la seguridad territorial para evitar el asentamiento del crimen organizado.
Una amenaza que sigue latente en medio del bosque
La disminución en la tasa de deforestación no significa la desaparición total del problema, ya que aún existen parcelas activas en puntos ciegos y zonas de difícil acceso que requieren una vigilancia sin pausas para evitar un posible reimpulso de las siembras.
El Mbaracayú representa uno de los remanentes más valiosos del Bosque Atlántico del Alto Paraná y hogar de especies únicas en peligro de extinción; ceder un solo metro de tierra al narcotráfico significaría arriesgar un patrimonio natural irremplazable para las futuras generaciones.
