Criminal, “carnicero”, nazi

Mucho se escribió sobre Eduard Roschmann, el llamado “Carnicero de Riga”, durante 40 años. Sin embargo, todas las historias se repetían. Así fue la búsqueda de detalles sobre un nazi casi invisible que llegó a Paraguay solo por desgracia.

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Corría mediados de 2013 cuando escuché hablar de Eduard Roschmann. Llegué al festín 36 años tarde para leer que un criminal de guerra nazi había muerto en el Hospital de Clínicas. Para algunos, la historia era demasiado vieja y repetitiva. Muchos, como yo, no tenían idea de que eso pasó. Era una historia más de las tantas que yacen ocultas en esos almanaques de otros tiempos que Cortázar se pregunta dónde están en su poema “El Interrogador”.

A inicios de julio de ese año supe que uno de los primeros que cubrieron el caso Roschmann en 1977 fue Héctor Rodríguez Boccia, un secretario de Redacción de ABC Color a quien popularmente se lo conocía como “Pollo”. Él, por ejemplo, creó una de las columnas más populares dentro del periodismo paraguayo criollo: Ñe’embeguépe.

En esa época, Héctor era un joven periodista de la sección Policiales del periódico y había compuesto el equipo que completaron el periodista Santiago Moreno -fallecido en 2005- y Carmelo Módica, hoy destacado profesional del Derecho.

 

Me acerqué a Héctor el viernes 5 de julio de 2013 y le dije que tenía la intención de escribir un libro sobre Roschmann. Le pedí ayuda y me dijo que me la daría sin dudar pero que no iba a acceder a ser entrevistado para el libro. Allí aprendí que Héctor tenía un espanto sobrenatural a las entrevistas y a convertirse él en la noticia (ojalá hubiera más profesionales del periodismo así) y que el único que había logrado tan precioso logro era el colega Nelson Zapata, en el año 2000, con quien conversó sobre la creación de la columna Ñe’embeguepe.

Héctor no estaba bien de salud. En esos días se lo veía pálido en la Redacción del diario y le costaba mucho subir escaleras, por lo que entraba a través de la parte posterior del edificio de ABC Color, por el portón de Iturbe. Ese viernes 5, Héctor me dijo que me ayudaría en un par de semanas, pues debía ingresar a cirugía el sábado 6. Héctor Rodríguez Boccia, el queridísmo “Pollo”, un ejemplo inmenso de bondad, profesionalismo y, por sobre todo, alegría, murió el 11 de julio de 2013 tras complicaciones cardiacas. No sobrevivió a la cirugía a la que se intervino.

 

Ese fue el momento en el que me dije que no haría un libro testimonial sino documental. E iba a ser en honor a Héctor. Quería saber quién era Eduard Roschmann no en el sentido de qué era lo que decía la gente, los curiosos, los que vivieron el caso, que sin duda aportan en aquellas publicaciones detalles precisos sobre el caso y que se hacen constar en mi libro. Pero no quería recordar el pasado de 1977 en 2017. Quería que el pasado hable sobre cómo fue. Quería que hablen los documentos y los archivos de los viejos periódicos de ese año. Quería saber quién diablos era Eduard Roschmann.

 

Eduard Roschmann vivió con ese nombre hasta 1948, cuando se cambió el nombre a Federico Wegener. De austríaco, pasó a ser checo de un plumazo. De nacer en 1908 se quitó años naciendo, en su nuevo documento, en 1914. Fue el comandante del gueto judío de Riga, Letonia, entre 1943 y 1944. Era un tipo raro que vivió en Buenos Aires desde 1948 y luego se mudó con frecuencia dentro de la Capital Federal, viajó a Brasil a mediados de los '50 y obtuvo la nacionalidad argentina ya a finales de los años '60. Murió en Asunción escapando de las autoridades alemanas que buscaban su extradición no solo por crímenes de guerra sino porque Roschmann -o Wegener- era un picaflor. El hombre se había casado en Austria y también en Argentina (con su secretaria). Su esposa en Europa se enteró y lo denunció por bígamo.

Uno de los que documentaron la vida de Roschmann fue Heinz Schneppen, quien fue embajador de Alemania en Paraguay entre 1989 y 1993. Su libro, lastimosamente, nunca llegó a traducirse del alemán al español. Scheneppen vive aún en Alemania, a sus 85 años, pero fue casi inalcanzable. En la embajada ya casi nada sabían de él. De esa fuente extraje los inicios de Roschmann en el Partido Obrero Alemán Nacionalsocialista, comúnmente llamado “Partido Nazi”.

Usted se preguntará: ¿qué me está contando este autor de nuevo? Roschmann fue el único comandante nazi, al menos el oficialmente conocido, que murió en Paraguay. El único que formó parte de las temibles SS nazis. Otro que rondó a sus largas y anchas en suelo paraguayo fue Joseph Mengele, el “Ángel de la Muerte”, el de la obsesión con la genética y los gemelos, el experimentador médico inmisericorde. Pero él murió, contrario a lo que se quiere creer, en Brasil. Sobre Mengele sobran y pululan datos y encontrar documentos y testimonios sobre su vida no es complicado. 

Otro de los fetiches más grandes de los últimos años es que Adolfo Hitler murió en Paraguay, una cuestión que no está avalada por documento alguno -textual o fotográfico- sino en testimonios de hasta cuarta línea de gente que dice haber visto a Hitler pavoneándose fantasiosamente en tierras guaraníes.

Roschmann se hizo famoso en 1972 con un libro llamado “Odessa”, del británico Frederick Forsyth. Ese libro se convirtió en película en 1974 teniendo como protagonista a Jon Voight, el papá de Angelina Jolie. En su momento fue un boom cinematográfico. El libro que escribí tiene los detalles del intercambio de cartas entre Forsyth y el llamado “cazador de nazis”, el judío Simon Wiesenthal.

Wiesenthal jugaba con Forsyth. Le dio muchos datos de valía para su libro pero -nada tonto él- se guardó los datos claves de Roschmann. Se puede decir así que un libro y una película hicieron conocido al “Carnicero de Riga” en todo el mundo mientras él, digamos, tomaba un café en un bar bonaerense, impermeable al mundo.

 

Es tal vez la misma pregunta que se hizo Roschmann cuando le dijeron que iba a ir a la capital de Letonia, un país fronterizo con Rusia y sumamente clave para los deseos expansionistas del III Reich de Hitler.

Riga es hoy una hermosa ciudad. Después de la ocupación nazi entre 1941 y 1944 fue tomada por los soviéticos, que dejaron allí su cultura hasta la caída de la URSS en los '90. Del gueto de Riga queda poco, solo lo esencial para la memoria. De los campos de concentración casi nada, ya que eran bosques en los suburbios en donde básicamente se fusilaba a aquellos quienes los nazis llamaban fuerzas inútiles. Estuve en esa ciudad en 2015 y, tras indagar por muchas esquinas, solo queda el recuerdo de las víctimas judías. De los nazis no quieren ni acordarse. Parecería obvio, pero antes de recordar quiénes impartían la crueldad, la comunidad judía parece sostener aquello que Wiesenthal plasmó en un libro llamado “Justicia pero no venganza”.

Desde Riga a Asunción, Roschmann recorrió un largo camino que se describe con los detalles que permiten los documentos. En ese camino, el investigado en cuestión perdió varios dedos del pie. Este dato le sirvió a la postre a Interpol para confirmar la identidad de Roschmann tras su muerte en Asunción. Una curiosidad: Roschmann logró burlar el implacable sistema de inteligencia del stronismo. No existen registros suyos en Migraciones. Es como si fuera que nunca estuvo en Paraguay, salvo por su muerte y los testigos que lo vieron antes de morir. Tampoco hay información sobre Roschmann, salvo algunos recortes de revistas, en el “Archivo del Terror”.

La Comisión de Esclarecimiento de las Actividades Nazis en Argentina (Ceana) fue creada en 1998 y un extenso informe final del ente cifró en más de 180 los nazis que llegaron al país vecino tras las fugas masivas. Eduard Roschmann estaba entre ellos. El académico Gerald Steinacher, profesor de estudios judaicos en la Universidad de Lincoln-Nebraska, fue otro de los que investigaron a los nazis que migraron hacia América del Sur y documenta en forma prolija el borroso proceso judicial contra Roschmann.

En mi largo camino me topé con personas amabilísimas, como la profesora Edith Blaschitz, de la Universidad de Danubio-Krems, en Austria, quien escribió un artículo científico sobre la migración austríaca hacia Sudamérica tras la II Guerra Mundial. Accedí a los textos de Gertrude Schneider, una víctima del gueto de Riga que se dedicó a documentar todas las atrocidades cometidas en la capital de Letonia. También, por fortuna, di con el testimonio de una de las amantes de Roschmann en el gueto, se llamaba Ingeborg Hesse. Y, como calma para mi ansiedad, conseguí detallar con documentos el proceso de fuga de los nazis desde Europa hacia todas partes del mundo con el informe de Vincent La Vista, un espía estadounidense que reportaba a Herbert Cummings, acaso representante de mayor peso de los Estados Unidos en la Europa de la posguerra. Cummings fue, por ejemplo, una pieza clave dentro de la operación “Paperclip”, que ayudó a la fuga de científicos nazis al país norteamericano.

¿Cómo pensaba Eduard Roschmann? ¿Cómo cubrieron los medios locales aquel caso que conmocionó al Paraguay durante casi todo el mes de agosto de 1977? ¿Qué obsesiones tenía? ¿Cómo se fugó desde Europa? ¿Cómo llegó al Paraguay? Estas son solo algunas de las preguntas que respondo en Un nazi en el sur: El Carnicero de Riga en Paraguay, que será presentado el próximo 6 de abril, desde las 19:00, en el auditorio del Amba’y de la Universidad del Norte (Brasil 141 entre Mariscal López y José Berges).

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