Al cierre de octubre de 2025, observamos una expansión interanual del crédito del 11%, una cifra que se alinea con el promedio del 12% registrado en los últimos cinco años. El aumento del financiamiento estuvo liderado por los créditos en moneda extranjera, que aumentaron 21% interanual (aislando el efecto cambiario), mientras que los créditos en moneda local mostraron una expansión del 11%, en un contexto de liquidez más acotada en guaraníes.
Sin embargo, más allá de la frialdad de los números, el 2025 nos revela una transformación en la composición y el alcance del financiamiento en nuestra economía.
Un cambio de paradigma en la cartera
Históricamente, el crédito empresarial ha dominado el escenario financiero. Si bien este sector continúa siendo el componente principal, 2025 marcó un hito en la diversificación. Mientras que en 2024 la relación de la cartera era de un 80% para empresas y 20% para hogares, este año la balanza se ajustó a un 77% y 23%, respectivamente.
Este avance hacia la diversificación se explica, en gran medida, por el excepcional dinamismo del consumo privado. El financiamiento a los hogares fue el gran protagonista: el crédito al consumo creció un 23% interanual, mientras que el acceso a la vivienda se expandió un 20%, favorecido por programas con tasas competitivas y plazos más extensos.
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Tecnología y competencia: Los catalizadores
¿Qué ha permitido que este crecimiento sea tan ágil? La respuesta reside en la fuerte inversión en tecnología y digitalización por parte de las entidades financieras. La implementación de procesos de onboarding digital, la automatización de evaluaciones de riesgo y el uso de analítica avanzada para ofrecer productos preaprobados han reducido los tiempos de respuesta y democratizado el acceso.
Este entorno de mayor competencia no solo ha agilizado los trámites, sino que ha mejorado las condiciones financieras para el cliente final. Hoy vemos una oferta más flexible, con beneficios asociados a medios de pago y alianzas estratégicas que potencian el consumo.
Calidad y resiliencia del sistema
A pesar del acelerado crecimiento, la prudencia no se ha dejado de lado. La calidad de la cartera de créditos muestra una mejora sostenida: la morosidad se ubicó en torno al 2,4% al cierre de 2025, muy por debajo del 3,5% que observamos en 2023. Este control de la mora, sumado a niveles de previsiones que cubren ampliamente los créditos vencidos, refleja una gestión de riesgo conservadora y profesional.
Impacto en la economía real
El sistema financiero ha sido el aliado estratégico para un crecimiento económico del 6% según datos del Banco Central de Paraguay. Es fundamental destacar que este dinamismo ya no depende exclusivamente del sector agropecuario; hoy vemos una contribución creciente de los servicios, el comercio y la industria.
Pero quizás el dato más talentoso es el avance en la bancarización. Actualmente, 4.177.400 personas cuentan con al menos un producto financiero, lo que representa el 68% de la población total. Es más destacable aún el incremento del 44% interanual en el número de personas físicas que accedieron a un crédito.
En un mercado financiero en desarrollo, los bancos avanzan hacia una mayor especialización, mejor adecuación de productos y mayor capacidad de respuesta a demandas específicas, permitiendo expandir su cartera a un ritmo competitivo.
En conclusión, el 2025 nos deja un sistema bancario más inclusivo, tecnológico y diversificado. El desafío será continuar incorporando a los segmentos de menor formalidad y consolidando así la profundización financiera como el pilar fundamental para el desarrollo sostenible del Paraguay.





