La estabilidad y paz global no debe entenderse como una gestión diplomática ideal, sino como el cimiento indispensable sobre el cual se construye la prosperidad de los pueblos. Hoy, la paz es el activo económico estratégico más determinante de nuestra era.
Uno de los frenos para potenciar el crecimiento de América Latina justamente han sido las elevadas tasas de inseguridad y los conflictos transregionales, que se han convertido en un impuesto silencioso, que merma la resiliencia y el coraje latinoamericano.
Cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revelan que el crimen le cuesta a nuestra región aproximadamente el 3,5% de su PIB anual, una cifra equivalente a todo el gasto público en educación de la región (3,9%).
La violencia asfixia la productividad y cuando la diplomacia y la seguridad fallan, el capital se retrae, las cadenas de suministro se fracturan y la inversión extranjera, que busca destinos predecibles para expandirse, vuela a tierras más seguras.
Lecciones propias
Mi convicción en la resolución de conflictos no nace de la teoría, sino de la experiencia vivida en carne propia. Habiendo crecido en el Líbano y sobrevivido a los horrores de su guerra civil , comprendí profundamente el dolor de la inestabilidad y cómo esto destruye el tejido social y económico de un país.
Parte de mi experiencia sobre estrategias efectivas para germinar la semilla de la paz a nivel global las obtuve de la mano de Roger Fisher, con quien tuve el honor de trabajar en la Universidad de Harvard y participar como facilitadores del proceso de paz que puso fin a décadas de hostilidades entre Ecuador y Perú.
Aquella negociación, que culminó en la firma del Acta de Brasilia en 1998, demostró que la paz es posible incluso en los contextos más arraigados si se aplica una diplomacia de resultados basada en la confianza y el beneficio mutuo.
El costo de la parálisis
La inestabilidad geopolítica actúa como un freno, rompiendo cadenas de suministro, frenando la inversión extranjera directa; y cuando la diplomacia falla, la incertidumbre paraliza el crecimiento.
Es necesario reflexionar sobre la eficiencia del sistema actual. La diplomacia preventiva no es un gasto, sino una inversión que ahorra miles de millones de dólares al evitar los shocks globales económicos antes de que se vuelvan inmanejables.
El momento actual nos obliga a transitar de una diplomacia de micrófono y posteos en redes, hacia una mediación ágil y preventiva que responda a las guerras modernas.
Un activo compartido
Una arquitectura de paz robusta es aquella que genera confianza y reglas claras para que la inversión florezca. Cuando hay confianza, hay inversión, y cuando hay inversión hay desarrollo, empleo, progreso y bienestar común.
La paz no es un lujo de los tiempos de calma; es la infraestructura crítica de nuestro futuro que garantiza un orden para que el progreso humano no sea interrumpido por la sombra del conflicto y el miedo.
*Candidata a Secretaria General de las Naciones Unidas
