Las mujeres tienen buenos niveles de cumplimiento financiero y una participación destacada en productos de ahorro dentro del sistema. Sin embargo, su presencia en créditos productivos de mayor escala sigue siendo menor en comparación con otros segmentos.
El motivo principal está vinculado al patrimonio. Un alto porcentaje de esta población tiene menor titularidad de tierras, inmuebles u otros activos registrables que puedan servir como respaldo ante una entidad financiera, limitando su capacidad para acceder a préstamos más grandes que permitan ampliar o consolidar sus emprendimientos.
A este escenario se suma un factor adicional: la informalidad. Numerosas emprendedoras aún no cuentan con balances formales ni un historial crediticio consolidado, lo que incrementa el riesgo percibido por el sistema financiero. Para Guillén, cerrar esta brecha no es solo una cuestión financiera, sino también una decisión estratégica para el desarrollo económico del país.
Fondo de Garantía para la Mujer
Uno de los instrumentos creados, sostiene Guillén, para reducir esta barrera es el Fondo de Garantía para la Mujer (Fogamu), que busca respaldar a emprendedoras con capacidad y responsabilidad financiera, pero que no cuentan con garantías suficientes.
Al 31 de enero de 2026, este fondo ha garantizado más de US$ 46 millones en créditos, multiplicando por nueve su tamaño inicial. Los datos también muestran un avance en la participación femenina dentro de los créditos garantizados: actualmente alcanza el 36%, frente al 23% registrado en 2022.
El impacto del fondo se refleja especialmente en el segmento de microempresas. Cerca del 69% de las operaciones se destinaron a este sector, considerado clave para la economía paraguaya. En total, más de 3.800 mujeres fueron beneficiadas y se respaldaron más de 2.600 microempresas, lo que permitió generar alrededor de 8.000 empleos.
Estos resultados evidencian cómo los instrumentos financieros con enfoque inclusivo pueden contribuir al crecimiento económico y al fortalecimiento del tejido empresarial.
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Programas con enfoque de género amplían oportunidades
Paraguay cuenta con varios programas financieros diseñados para reducir las brechas de acceso al crédito para mujeres emprendedoras, tanto en áreas urbanas como rurales.
Uno de ellos es el programa Jepytaso, implementado junto al Crédito Agrícola de Habilitación, que permite llegar a micro productoras rurales con condiciones adaptadas a sus ciclos productivos.
Otra iniciativa es la línea Kuña Katupyry, canalizada a través del Banco Nacional de Fomento (BNF), que impulsa financiamiento específico para mujeres emprendedoras que buscan fortalecer o expandir sus negocios.
La visión detrás de estos programas es clara: cuando se combinan garantías, financiamiento y educación financiera, se logra un acceso más real a oportunidades. No se trata solo de otorgar un préstamo, sino de generar condiciones para que los emprendimientos puedan consolidarse y crecer en el tiempo.
Se observa una participación femenina cada vez mayor en créditos educativos y en financiamiento para vivienda, lo que contribuye a fortalecer su patrimonio y ampliar sus posibilidades futuras dentro del sistema financiero.
El microcrédito como motor de formalización y desarrollo
El microcrédito suele ser el primer paso para que muchas mujeres puedan formalizar sus negocios y avanzar hacia nuevas oportunidades. A través de estos préstamos iniciales, las emprendedoras pueden invertir en inventarios, mejorar su equipamiento o ampliar su capacidad productiva.
También les permite construir historial financiero, un elemento clave para acceder posteriormente a créditos de mayor escala. Pero el impacto del financiamiento no se limita al crecimiento del negocio.
Cuando una mujer accede a crédito, muchas veces invierte con una visión que trasciende lo individual. Esto significa fortalecer el hogar, dinamizar la comunidad y, en muchos casos, generar empleo. Desde esta perspectiva, impulsar la independencia económica de las mujeres también contribuye a mejorar las oportunidades para las futuras generaciones.
Vivienda, capacitación y digitalización
En la cartera canalizada con fondos de la AFD también se observa una participación femenina relevante en créditos inmobiliarios, financiamiento educativo y operaciones respaldadas por fondos de garantía.
El acceso a la vivienda tiene un impacto estructural importante, ya que incrementa el patrimonio registrado a nombre de la mujer y mejora su capacidad de presentar garantías reales en futuras operaciones productivas.
Además, existen casos que muestran cómo el financiamiento puede impulsar innovación y sostenibilidad. Uno de ellos es el de una ceramista de Areguá que logró reemplazar un horno a leña por uno completamente eléctrico mediante financiamiento de la AFD dentro de un esquema de eficiencia energética, comparte Guillén.
Por otra parte, aunque la AFD no brinda asesoramiento directo, la institución trabaja en coordinación con entidades financieras y organismos públicos que desarrollan programas de capacitación y asistencia técnica. La articulación con el Viceministerio de Mipymes y con instituciones intermediarias permite que muchas beneficiarias accedan a educación financiera, formalización empresarial y elaboración de planes de negocio.
A esto se suma el avance de la digitalización en el sistema financiero, que ha agilizado procesos, reducido costos y ampliado la cobertura geográfica. Las plataformas digitales facilitan solicitudes más simples y evaluaciones más eficientes.
No obstante, Stella Guillén destaca que la tecnología debe ir acompañada de educación financiera y fortalecimiento empresarial.





