La industria farmacéutica paraguaya dejó hace décadas de ser solo un negocio de importación, representación y distribución. En torno a ella se consolidó una estructura productiva con plantas, laboratorios, empleo técnico, inversiones en maquinaria, certificaciones y capacidad de exportación.
El último estudio sectorial disponible del 2024 —elaborado por la Unión Industrial Paraguaya (UIP) y la Cámara de la Industria Química Farmacéutica del Paraguay (Cifarma)— ubicó al rubro como una actividad que mueve más de 45.000 empleos directos e indirectos, cobertura superior al 70% del mercado local y una facturación anual cercana a los US$ 1.000 millones entre el sector público y privado.
Los datos del Banco Central del Paraguay (BCP) permiten confirmar este peso desde el aspecto exportador. Las exportaciones de productos farmacéuticos pasaron de US$ 74,7 millones en 2024 a US$ 88,9 millones en 2025, con un crecimiento interanual del 18,9%, según reportes de Comercio Exterior.
El crecimiento es relevante, además de confirmar una tendencia ascendente dentro de un rubro manufacturero que todavía tiene una participación modesta dentro de la canasta exportadora total, representando el 0,8% del total exportado en 2025 según el BCP, pero que empieza a consolidar un espacio propio. Si bien el brazo exportador farmacéutico no pesa aún como los grandes complejos agroindustriales o energéticos, ya empieza a cobrar lentamente mayor protagonismo.
Todo este escenario se desarrolla a la par de que el sector carga con una presión importante, ya que el Estado paraguayo arrastra una deuda con sus proveedores de salud que, según declaraciones del sector ante el Congreso y en negociaciones con el Ministerio de Economía, supera los US$ 800 millones entre el Ministerio de Salud Pública (MSPBS) y el Instituto de Previsión Social (IPS), dependiendo del período y los rubros considerados.

Base fabril y nuevas inversiones
No obstante, el mapa industrial reciente muestra bastante movimiento. Los informes del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) sobre proyectos aprobados bajo la Ley N° 7548/25 —la versión modernizada del régimen de incentivos a la inversión industrial, antes conocido como Ley 60/90— reflejan que solo en febrero de 2026, los rubros de productos químicos y farmacéuticos concentraron el 23% de las inversiones proyectadas aprobadas en el mes.
Dentro de ese paquete aparecen cuatro iniciativas directamente vinculadas a la fabricación de medicamentos de uso humano: Prosalud Farma S.A. (US$ 4,6 millones), Vicente Scavone & Cía. S.A.E. (US$ 1 millón), Dutriec S.A. —que se especializa en antibióticos e inyectables asépticos— (US$ 0,7 millones) y Swiss Pharma Group S.A., orientado a la producción de cápsulas blandas (US$ 0,5 millones). Cuatro apuestas distintas, pero con la misma intención de desarrollo e inyección tecnológica.
Igualmente, conviene precisar la naturaleza de estos proyectos. Se trata de inversiones proyectadas aprobadas bajo régimen promocional, no de desembolsos ya ejecutados ni de capacidad nueva ya operativa o en marcha. Pero incluso con esa salvedad metodológica, los números dibujan claramente una intención empresarial y enfoque sectorial. En el primer bimestre de 2026, las inversiones proyectadas aprobadas bajo este régimen totalizaron US$ 64 millones, con el 72% concentrado en el sector secundario, según el MIC.
Hay otro indicador que merece atención, ya que las exportaciones de medicamentos bajo el esquema de maquila alcanzaron US$ 3,9 millones en el primer bimestre de 2026, según el reporte de comercio exterior del BCP. Si bien, el monto todavía es acotado frente a otros rubros maquiladores, muestra que la inserción internacional de la industria no depende únicamente de laboratorios instalados en el país ni del canal tradicional de exportación, sino que empieza a tocar esquemas industriales más flexibles orientados a cadenas regionales.
A esto se suma una variable que ayuda a entender mejor la estructura final del esquema, y está vinculado con el Régimen de Importación de Materias Primas e Insumos del MIC, que registró autorizaciones por US$ 79 millones al cierre de febrero de 2026, de los cuales US$ 13,9 millones corresponden al sector químico-farmacéutico. Este dato explica que a pesar de haber producción, todavía existe una dependencia significativa de insumos externos.
El 70,5% de esas materias primas provienen de China, el 7,4% de India y el 2,2% de Turquía. Por ahora, se observa que la base fabril paraguaya creció, pero aún necesita abastecerse externamente de buena parte de sus componentes críticos para sostener su ritmo, escala y variedad de productos.
Mercado interno, escala y límites
A lo largo del mercado interno, según datos de años anteriores, la industria farmacéutica también ha consolidado su presencia. Estudios indican que los laboratorios paraguayos lideraron las ventas en los últimos cuatro a cinco años, con el 54% de participación frente al 46% de empresas extranjeras, y que sus ventas crecieron un 60% en ese período, principalmente desde el 2020 en adelante. Aunque estos porcentajes no son completos, ayudan a entender la narrativa del sector: la producción nacional no solo quiere ser proveedora del sistema público, sino ampliar su peso en el mercado privado y disminuir paulatinamente los márgenes de importación.
Esa premisa contribuye a una lectura más integral del sector, que hoy trasciende totalmente el mero concepto de farmacia, laboratorio u hospital. La industria farmacéutica arrastra a otras ramas, que van desde envases plásticos, vidrio, cartón, logística, impresión, laboratorios de control, biotecnología, almacenamiento y hasta la distribución. Por ende, también se habla de empleos de alta calificación vinculados, como bioquímicos, químicos farmacéuticos, ingenieros, administradores y personal técnico especializado.
En un país que busca fortalecer manufacturas con mayor contenido tecnológico, el rubro farmacéutico aparece como una de las pocas ramas capaces de combinar escala productiva, exigencia regulatoria y demanda estable.
Pero también tiene límites concretos. Paraguay no cuenta aún con una plataforma pública y sistemática que permita medir con precisión el tamaño total del mercado farmacéutico, el peso del segmento público frente al privado, la composición de importaciones por subpartida o la capacidad instalada por tipo de medicamento. Buena parte de la información disponible aparece dispersa entre varias instituciones y los propios gremios empresariales difieren en montos concretos.

El frente incómodo de la deuda estatal
El punto álgido del panorama farmacéutico actual gira en torno a la deuda del Estado con sus proveedores. Las cifras que circulan tienen distintos matices: referentes de Cifarma hablaron de un pasivo superior a US$ 600 millones; semanas después, Cripfa elevó la referencia a US$ 814 millones al incluir rubros vinculados al sistema de salud y alertar que la mora ya alejaba a oferentes de las licitaciones y ponía en riesgo el abastecimiento de medicamentos.
Hoy la cadena de pagos del Estado se vuelve uno de los principales factores de estrés del negocio farmacéutico. Sin siquiera hacer alusión a la endeble estructura del sistema sanitario, cuando el sector público compra en gran escala y paga con atraso, la industria y los importadores pasan a financiar una parte del sistema. Eso afecta al capital de trabajo, encarece el acceso al crédito, deteriora márgenes y obliga a replantear decisiones de inversión, producción y participación en procesos licitatorios.
De ahí el debate sobre el factoraje que ganó bastante espacio en los últimos días y que continúa esta semana. La semana pasada, el Gobierno volvió a plantear el uso de ese mecanismo para cancelar compromisos pendientes con proveedores del Estado, incluyendo constructoras y farmacéuticas. La herramienta puede ofrecer un alivio transitorio de liquidez, sobre todo en una coyuntura donde la deuda acumulada ya castiga la relación entre ambas partes. Pero el factoraje no resuelve el problema de fondo, que es el de contar con una política más previsible de contrataciones, certificaciones y pagos.
Una industria estratégica que exige previsibilidad
A pesar de este escenario adverso, la industria farmacéutica muestra varios rasgos de maduración. Tiene empresas que invierten, plantas que producen, presencia creciente en exportaciones, demanda interna robusta y capacidad de articular empleo técnico con proveedores industriales locales. En el régimen de maquila, en importaciones de insumos y en proyectos de inversión bajo la nueva ley industrial empieza a exhibir una densidad productiva que no tenía la misma visibilidad años atrás.
Sin embargo, el salto hacia una etapa superior de desarrollo requiere algo más que inversión fabril o crecimiento de ventas, requiere previsibilidad. Para un sector intensivo en regulación, financiamiento, control sanitario y relación con compras públicas, la disciplina de pagos del Estado forma parte del clima de negocios tanto como la política industrial o el acceso a insumos, según destacan referentes. Paraguay puede exhibir una industria farmacéutica más robusta que en el pasado, pero difícilmente podrá consolidarla como plataforma de mayor escala si el principal comprador institucional del mercado mantiene atrasos que erosionan la caja de toda la cadena.
La tensión, entonces, no invalida el avance, pero lo limita. Este año, la radiografía del sector farmacéutico local muestra dos caras que conviven: una industria que produce, invierte, exporta y gana espacio en el mercado local; y un negocio condicionado por la mora estatal, la dependencia de insumos importados y la ausencia de un marco más ordenado para sostener crecimiento de largo plazo. El desafío pasa por reconocer que ambas forman parte del mismo mapa, y que sin previsibilidad financiera del Estado, el potencial que el sector ya demostró tener seguirá operando por debajo de lo que podría.

