Paraguay no se conforma con ser corredor de agua. El país que exporta energía eléctrica desde Itaipú y Yacyretá, pero que depende casi exclusivamente de esa fuente para su matriz interna, busca ahora posicionarse también en el mapa del gas natural. El vehículo es ambicioso, se habla de un gasoducto de aproximadamente 1.050 kilómetros que conectaría los yacimientos de Vaca Muerta, en la Patagonia argentina, con el estado de Mato Grosso do Sul en Brasil, atravesando idealmente el Chaco paraguayo de punta a punta.
Si bien el proyecto no es nuevo en el discurso, sí lo es en su etapa de formalización. Desde mediados de 2024, cuando Paraguay lo presentó públicamente como alternativa al corredor boliviano, el avance diplomático fue notable. Se firmaron tres memorandos de entendimiento: primero con Brasil en febrero de 2025, luego propiamente con Mato Grosso do Sul en junio y finalmente con Argentina en julio, durante la cumbre del Mercosur en Buenos Aires.
En enero de este año, los equipos técnicos de ambos países se reunieron para definir la agenda del año. El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) confirmó su respaldo para financiar los estudios de armonización normativa, y el Viceministerio de Minas y Energía de Paraguay trabaja con especialistas internacionales para adecuar el marco legal local a los estándares que exigen los inversores privados.
El trazado y lo que Paraguay gana
El diseño estimado del gasoducto contempla unos 110 kilómetros en Argentina desde el norte del país, 530 kilómetros a través del Chaco paraguayo —siguiendo el corredor de la Ruta Bioceánica que ya avanza en construcción— y alrededor de 410 kilómetros en Brasil hasta Campo Grande. La inversión estimada ronda entre US$ 1.200 y 2.000 millones en total, con aproximadamente US$ 1.000 millones que quedarían en suelo paraguayo.
Para el país, el negocio tiene varias capas. Pero más allá del rol de pasarela o de peaje, las autoridades apuntan a retener parte del flujo para consumo propio. El gas permitiría alimentar ciclos combinados de generación eléctrica en el Chaco —donde la red hidroeléctrica llega con pérdidas por distancia— y eventualmente industrializar la región con plantas de fertilizantes, siderurgia o petroquímica.
Desde el Gobierno se apunta más alto: posicionar al país como hub energético del Cono Sur, con el mismo criterio estratégico que se tiene con la Ruta Bioceánica vial. Los dos proyectos se complementan y comparten el trazado en el Chaco. En su momento, gremios como la Unión Industrial Paraguaya (UIP) ya advirtieron sobre la necesidad de alternativas ante un eventual escenario de déficit eléctrico, señalando al gas natural de Vaca Muerta como la opción más viable a corto plazo para abastecer a potenciales industrias.
Los acuerdos existen, pero todavía no hay obra
La distinción entre lo firmado y lo construido es el punto más delicado del análisis. Los tres memorandos establecen grupos de trabajo técnicos para elaborar estudios de viabilidad, mas no comprometen obras ni desembolsos. El proyecto está clasificado como “propuesto” en los registros internacionales de seguimiento energético, pero aún no hay ingeniería de detalle publicada, contratos de construcción adjudicados, ni consorcio privado comprometido.
Asimismo, el Banco Mundial analizó a fines de 2025 una posible participación en el financiamiento, lo que abre un escenario favorable en la lectura. No obstante, CAF financia estudios normativos, no el desarrollo de infraestructura, y sin una institución que firme el primer crédito sobre la obra, el esquema financiero sigue siendo aspiracional. A eso se suma la condición que varios expertos marcan como la más crítica, la necesidad de un comprador ancla en Brasil, que garantice al menos 10 a 15 millones de metros cúbicos diarios de demanda.
La distribuidora estatal MSGás de Mato Grosso do Sul ya obtuvo autorización regulatoria para importar gas de Vaca Muerta, lo que es una señal positiva, pero está lejos de representar el volumen que el proyecto necesita para justificar la inversión de magnitud.
Los obstáculos que persisten
El frente político también generó fricciones. A mediados de 2025, las negociaciones con Brasil se frenaron por un conflicto diplomático derivado del escándalo de espionaje de la era Bolsonaro. El problema bilateral retrasó las reuniones técnicas y con ello el cronograma del proyecto.
En el plano normativo, Paraguay trabaja en una nueva ley de hidrocarburos que permita operar a consorcios privados con garantías jurídicas claras. Hasta que esa legislación no esté promulgada, la incertidumbre opera como freno para potenciales inversores.
Existe además un desafío extra, el Gasoducto Bolivia-Brasil ya existente para llevar gas de Vaca Muerta directamente sin nueva construcción en suelo paraguayo, una alternativa de menor costo inicial que el mercado privado podría preferir si los plazos del corredor paraguayo se extienden.
Una apuesta que requiere más que memorandos
Paraguay tiene la geografía a favor —terreno llano en el Chaco, infraestructura vial en construcción, posición central en el Mercosur— y el momento también le juega a favor: Bolivia pierde mercados gasíferos, Brasil necesita reemplazar esas fuentes y Argentina quiere consolidar Vaca Muerta como proveedor regional. El país supo leer esa coyuntura y puso sus fichas sobre la mesa a tiempo. Lo que falta es el paso para convertir finalmente la diplomacia en obra.
