Paraguay dio un salto visible en acceso financiero y los números así lo respaldan. El Global Findex 2025 del Banco Mundial, basado en encuestas realizadas durante 2024, señala que el 61% de los adultos del país posee una cuenta en una institución financiera, reflejando un sistema más extendido, impulsado por cuentas digitales, transferencias y servicios bancarios desde el teléfono.
Pero, en este punto es importante entender que la bancarización no equivale necesariamente a ahorro. El mismo relevamiento indica que el 37% de los adultos paraguayos ahorró durante el año anterior y que, dentro de ese grupo, solo el 52% recurrió a mecanismos formales. Abrir una cuenta se volvió más sencillo, pero convertirla en una herramienta para acumular recursos continúa siendo un enorme desafío.
El principal problema ya no es solo la falta de puertas de entrada al sistema, sino el uso que se le da a esas cuentas, muchas veces limitado al cobro de salarios, transferencias, pagos y consumo cotidiano, sin que quede un excedente capaz de sostenerse en el tiempo.

Depósitos en expansión
El dinero depositado en bancos y financieras mantiene una trayectoria ascendente. El reporte del Fondo de Garantía de Depósitos del Banco Central del Paraguay (BCP) registró G. 169,9 billones al cierre de marzo de 2026, frente a G. 157,8 billones en igual mes de 2025, con un aumento interanual que fue de aproximadamente 7,6%.
Esto confirma la capacidad del sistema para captar recursos, pero no permite concluir propiamente que el ahorro esté distribuido de manera uniforme, ya que el total incluye depósitos de personas, empresas y otras organizaciones, además de fondos transaccionales.
Es decir, Paraguay puede exhibir un volumen creciente de depósitos y, al mismo tiempo, mantener una proporción importante de hogares sin margen para separar parte de sus ingresos. Las estadísticas del sistema muestran profundidad financiera; las encuestas revelan quiénes pueden construir realmente una reserva.
Ahorrar después de vivir
El problema no está relacionado solamente con la “cultura del ahorro”, puesto que la dificultad comienza en los ingresos. La informalidad laboral, la inestabilidad de las entradas mensuales, el endeudamiento de consumo y el peso de los gastos esenciales reducen el espacio para planificar. En ese contexto, el ahorro suele aparecer como el remanente de fin de mes y no como una partida prevista desde el inicio.
En conversaciones anteriores con ABC Negocios, Gloria Ayala Person, directora de Cadiem Casa de Bolsa, describió esta fragilidad: “Muchos viven al día, y el ahorro se convierte en una meta postergada, para ‘cuando gane más’, y en muchos casos, lo poco que se logra ahorrar termina siendo utilizado ante cualquier imprevisto”.
El fondo de emergencia cumple esa función, pero su utilización frecuente también evidencia que numerosos hogares carecen de cobertura suficiente o ingresos estables. Lo acumulado no llega a transformarse en capital de largo plazo porque termina cubriendo enfermedades, reparaciones, desempleo o aumentos inesperados del costo de vida.
Del resguardo a la inversión
La cultura local conserva una fuerte preferencia por la liquidez. El efectivo en el hogar, las cajas de ahorro, las cooperativas y la compra de dólares siguen siendo mecanismos familiares, mientras que los fondos mutuos, bonos y otros instrumentos del mercado de valores todavía alcanzan a un público más acotado.
Elena Acosta, especialista en mercado de valores y gerente de Operaciones de la BVA, advirtió en una entrevista anterior que “la mayoría de los paraguayos aún asocia el ahorro con ‘guardar dinero’ y no con invertir”. La diferencia no es menor, ya que el ahorro protege frente a emergencias y permite cumplir objetivos inmediatos, mientras la inversión busca preservar o incluso aumentar el valor del dinero en términos largoplacistas.
El avance del mercado de capitales y la aparición de productos de menor monto de entrada amplían las posibilidades, pero ese acceso técnico vuelve a ser solo el primer paso. Sin conocimientos sobre presupuesto, inflación, riesgo, liquidez y diversificación, la variedad de instrumentos no necesariamente se traduce en mejores decisiones para el ciudadano en general.
Una cultura en construcción
Jorge Garicoche, economista, sostuvo en conversaciones anteriores que “tener acceso no significa inclusión financiera”. Para el especialista, esta última requiere acceso, uso y educación en conjunto, una secuencia en la que Paraguay todavía presenta desafíos.
Por ende, el país se encuentra en una etapa intermedia, donde la infraestructura financiera creció más rápido que la capacidad de ahorro de buena parte de la población. Los bancos expandieron cuentas y canales digitales; las cooperativas mantienen un papel relevante; y el mercado de valores empieza a acercar nuevas alternativas. Sin embargo, la cultura del ahorro no se consolida solo con productos, aplicaciones o campañas.
La formulación de la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera 2026–2031 ofrece la oportunidad de avanzar desde la bancarización hacia el bienestar financiero. El desafío real será medir cuántas personas logran sostener una reserva, enfrentar una emergencia sin endeudarse y convertir parte de sus ingresos en patrimonio. Allí se juega la verdadera madurez de la cultura del ahorro paraguayo.
