Hoy cargar combustible es apenas una parte de la operación. Detrás de cada estación de servicio funciona una unidad de negocios cada vez más compleja, donde el surtidor convive con tiendas de conveniencia, cafetería, comida rápida, farmacia, cajeros, centro de lubricantes, lavaderos, promociones bancarias y servicios para conductores particulares, transportistas y hasta empresas. Es decir, la estación dejó de ser un punto de paso para convertirse en una plataforma comercial de alta frecuencia.
En Paraguay, esa transformación ocurre sobre una extensa red que abarca 2.929 puntos en todo el país, entre estaciones de servicio y puestos de consumo propio, según el último listado a marzo del Ministerio de Industria y Comercio (MIC). Esta base identifica los tipos de establecimiento y su distribución a lo largo del país.
Una red nacional
Del total, 2.856 corresponden a estaciones de servicio y 73 a puestos de consumo propio. El mapa confirma una fuerte concentración en los principales centros urbanos, logísticos y productivos. Central lidera ampliamente, con más de 700 estaciones habilitadas; le siguen Alto Paraná, Caaguazú, Itapúa, San Pedro y Asunción. En conjunto, esos territorios explican una porción decisiva de la infraestructura de expendio del país.
La ubicación responde a una lógica clara, ya que las estaciones se multiplican donde hay densidad poblacional, rutas de alto tránsito, polos comerciales, zonas agroindustriales y corredores de transporte. Alto Paraná e Itapúa tienen peso por el movimiento fronterizo, comercial y productivo; Caaguazú y San Pedro por su conexión con el interior agropecuario; Central y Asunción por el consumo urbano, el parque automotor y la concentración de servicios.
El negocio está repartido entre emblemas privados y Petropar, con presencia de marcas como Copetrol, Shell, Petrobras, Puma Energy, Petrosur, Petrochaco, Compasa, Petromax, Enex, San Isidro, Tega, Copeg, Gas Corona, Fuelpar y otros distribuidores. La distribución de emblemas muestra una competencia amplia, pero con jugadores de alto reconocimiento de marca y operadores que manejan redes muy relevantes en zonas específicas.

El volumen manda
En estos espacios el combustible sigue siendo el corazón del negocio. Según la Dirección General de Combustibles del MIC, entre enero y mayo de 2026 las ventas de combustibles de empresas distribuidoras al público en estaciones de servicio totalizaron 1.602 millones de litros, considerando exclusivamente productos para rodados, entre naftas y diésel.
El diésel explicó la mayor parte del volumen, con 883,1 millones de litros, equivalentes al 55,1% del total. Las gasolinas o naftas sumaron 719,0 millones de litros, con el 44,9% restante. Dentro de la matriz, el Diésel Tipo III fue el producto de mayor peso, con 759,6 millones de litros; le siguió la gasolina sin plomo RON 93, con 537,1 millones de litros.
Esta composición refleja la estructura económica del país. Mayormente, el diésel está directamente vinculado al transporte de cargas, la actividad agropecuaria, la logística, la distribución urbana y el movimiento de mercaderías. Las naftas, en cambio, muestran con mayor claridad el pulso del consumo urbano, el parque automotor liviano y la movilidad diaria.
A precios de referencia vigentes en Petropar, el volumen vendido entre enero y mayo equivale a un movimiento bruto cercano a G. 12,6 billones. Anualizado, el negocio minorista de combustibles para rodados supera los G. 30 billones. Estos números no aluden rentabilidad, sino una aproximación al tamaño económico que pasa por los surtidores cuando se cruzan litros vendidos y precios de referencia de mercado. Petropar informa precios vigentes de G. 6.690 para Nafta Kape 88, G. 7.190 para Nafta Oikoite 93, G. 8.540 para Nafta Aratiri 97, G. 7.990 para Diésel Porã y G. 10.000 para Diésel Mbarete.
Dónde se vende
La venta por departamento muestra una distribución bastante poco homogénea del negocio. Entre enero y mayo de 2026, Central concentró 469,4 millones de litros de naftas y diésel, el mayor volumen del país. Alto Paraná quedó en segundo lugar, con 243,9 millones; Capital/Asunción, con 145,3 millones; Itapúa, con 134,3 millones; y Caaguazú, con 126,2 millones.
Solo Central, Alto Paraná y Capital concentran el 53,6% de las ventas de combustibles durante el periodo. La concentración es aún más relevante si se observa que estos mercados combinan consumo urbano, movimiento comercial, tránsito de larga distancia y alta rotación de vehículos particulares y de carga.
En Central, el volumen se sostiene por la expansión metropolitana y la circulación diaria entre ciudades como San Lorenzo, Luque, Capiatá, Lambaré, Fernando de la Mora, Mariano Roque Alonso, Ñemby, Limpio e Itauguá. En Alto Paraná, la dinámica responde al peso de Ciudad del Este, el comercio fronterizo, la logística regional y la conexión con zonas productivas. En Itapúa y Caaguazú, la explicación pasa por corredores viales y actividad agroindustrial.

Abastecimiento externo
Bien es sabido que el país no produce petróleo a escala comercial y depende de la importación de combustibles. Por ende, las licencias previas de importación muestran que en 2025 ingresaron o fueron autorizados 3.212 millones de litros de gasoil y naftas. De ese total, 2.057 millones correspondieron a gasoil y 1.155 millones a naftas. Frente a 2020, el volumen conjunto creció 22,2%, mientras que frente a 2024, avanzó 4,8%.
Para 2026, según datos al 16 de junio, las importaciones acumuladas de diésel y naftas sumaron 1.566,3 millones de litros. El diésel representó 937,4 millones, mientras que las naftas totalizaron 629,0 millones. Si bien estos datos no equivalen a venta final en surtidor, ayudan a entender la estructura de abastecimiento por periodos.
No todo el negocio es combustible
Cabe entender que la nueva competencia ya no se limita solo al precio por litro. Hoy en las estaciones modernas, el cliente carga combustible, pero también compra café, agua, snacks, panificados, comidas listas, productos de higiene, medicamentos, lubricantes o servicios. La tienda de conveniencia funciona como una extensión del surtidor y, en muchos casos, como el verdadero punto de fidelización.
El cambio de hábitos favorece este modelo, ya que una estación bien ubicada puede capturar compras de urgencia, desayunos, meriendas, almuerzos rápidos, pausas de ruta y consumos nocturnos. El formato 24 horas amplía la oportunidad comercial frente a supermercados, despensas y restaurantes tradicionales. Es decir, la clave ya no es solo vender combustible, sino convertir todo ese tránsito permanente en ticket.
La gastronomía ocupa un lugar creciente. Café, empanadas, sándwiches, comidas rápidas y combos se volvieron categorías frecuentes en estaciones, tanto de ciudad como de ruta. En algunos puntos, la parada dejó de ser funcional y pasó a ser deliberada, donde el consumidor no entra únicamente porque necesita cargar, sino porque sabe que encontrará baño, comida, aire acondicionado, estacionamiento, medios de pago y atención extendida.
También avanzan a la par muchos servicios complementarios, como lavaderos, corresponsalías, recargas, pagos de servicios, delivery, alianzas con tarjetas, apps y programas de beneficios. En rutas, el negocio suma otra capa: descanso, servicios para camiones, conveniencia para viajes largos y soluciones para transportistas.
Empleo y operación
La escala física de la red permite dimensionar también su peso laboral. Una estación pequeña puede operar con equipos reducidos, pero una estación 24 horas, con tienda, caja, playa, cocina, limpieza, encargado, reposición y servicios adicionales, requiere varias personas por turno. Haciendo un cálculo rápido, con 2.856 estaciones habilitadas y un rango de 10 a 18 trabajadores por punto, ubica el empleo directo entre 28.000 y 51.000 personas. Un escenario medio, de 14 personas por estación, aproxima el sector a 40.000 empleos directos.
A eso se suma el empleo indirecto en transporte de combustibles, mantenimiento de surtidores, construcción, seguridad, limpieza tercerizada, provisión de alimentos, distribución de bebidas, tecnología, sistemas de pago, publicidad, cartelería, control ambiental y servicios técnicos. La estación, en ese sentido, es un nodo económico que articula rubros muy distintos alrededor de una operación cotidiana.
Más interconectado que nunca
La estación de servicio paraguaya ya no puede leerse solo como un punto de paso, hoy converge en un negocio de alto volumen y cada vez más conectado con el retail. Mueve miles de millones de litros al año, sostiene una red nacional de empleo y se apoya en una canasta de servicios que busca capturar más valor por visita.
