El cultivo de algodón en el Chaco está pasando por un momento complejo. Según las estimaciones, el área de siembra habría bajado un 50%. El Ing. Agr. Leandro Thompson, asesor técnico del rubro, destaca factores como precio, condiciones climáticas adversas en el momento de madurez y cosecha, y la presencia de la plaga principal del cultivo, el picudo algodonero, un actor determinante en el proceso.
Las cifras que maneja el sector agropecuario para este año son, cuanto menos, preocupantes para la cadena de valor. Según datos de la Asociación de Productores Agropecuarios para un Chaco Sustentable (APACS), la intención de siembra de algodón se sitúa en 33.074 hectáreas, lo que representa una contracción del 45,6% en comparación con las 60.784 hectáreas registradas en el 2025.
Este retroceso en el área de cultivo no es un evento aislado. Leandro Thompson conversó con ABC Rural y confirmó que este enfriamiento del entusiasmo productivo responde a una combinación de factores externos e internos que han erosionado la rentabilidad del cultivo. “Esto afectará a toda la cadena; las desmotadoras instaladas recientemente y los proveedores de insumos deberán replantear sus estrategias de trabajo”, advierte el profesional.
La tormenta perfecta
La rentabilidad del algodón en el Chaco siempre estuvo ligada a un delicado equilibrio entre el costo operativo y el valor de la fibra en el mercado internacional. En el año 2022, el escenario era idílico: con la tonelada de fibra rondando los US$ 2.000, el “rinde de indiferencia” (el rendimiento mínimo para cubrir costos) era fácilmente alcanzable bajo los promedios históricos de la región.
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Sin embargo, el panorama actual es sustancialmente distinto. El mercado internacional se ha retraído hasta situarse cerca de los US$ 1.400 por tonelada y los precios ajustados no permiten errores; el mercado exige una calidad de fibra superior y aplica descuentos ante cualquier defecto. El Chaco es conocido por su variabilidad. Ante un estrés hídrico, por exceso o falta de agua, el productor entra en déficit financiero debido a los costos de manejo.
El factor sanitario: regreso del picudo
A la volatilidad económica se le suma una amenaza biológica que ha encendido las alarmas: el picudo algodonero. Aunque la expansión del área de siembra trajo prosperidad, también facilitó el ingreso de esta plaga principal, que ya dejó daños agronómicos visibles en la zafra de 2025.
Aunque su presencia se identificó inicialmente en lotes puntuales, la dispersión por diferentes zonas del Chaco confirma que la plaga se ha establecido en la región. La llegada del picudo no es un tema menor; implica una reingeniería total del modelo productivo, elevando los costos por la necesidad de aplicaciones químicas constantes y demandando un conocimiento técnico mucho más profundo.
¿Productores por vocación o circunstanciales?
Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es la falta de “cultura algodonera” en los nuevos actores del Chaco. Muchos productores se lanzaron al cultivo no por vocación, sino como una alternativa de emergencia ante la adversidad climática que afectaba a la soja o al maíz.
“Al no estar familiarizados con el manejo específico que requiere el algodón, el desencanto llega rápido cuando los resultados no son los esperados”, explica Thompson.
En este contexto, las colonias menonitas emergen como el referente de resiliencia. Con una larga trayectoria y tradición en este rubro, han logrado integrar tecnologías y experiencias que permiten elevar el techo de rendimiento, incluso en ambientes hostiles.
La lección para el productor paraguayo es clara: el algodón en el Chaco no admite “recetas” fijas ni puede compararse con los ambientes estables de Brasil. Es un cultivo artesanal que depende del ajuste diario y la interpretación del clima.
El futuro
El debate sobre la capacidad del Chaco para sostener más de una cosecha anual sigue vigente. Si bien el régimen de precipitaciones es limitante en gran parte de la región, existen matices importantes: en zonas áridas, un cultivo por año; en el Chaco Central existe la posibilidad de dos cultivos anuales con manejo eficiente de agua, y en el Chaco Oriental también dos cultivos anuales, dependiendo de las temperaturas de invierno.
A pesar de estas posibilidades, el productor chaqueño se mantiene conservador. No obstante, las estancias que han invertido en sistemas de riego ya están reportando experiencias exitosas con cultivos fuera de época de lluvias, marcando quizás el camino hacia una estabilidad que la lluvia, por sí sola, no puede garantizar.
La “fiebre” por el algodón ha bajado, pero sigue siendo una pieza clave para el desarrollo del Chaco. La zafra 2026 será, sin duda, un periodo de depuración donde solo aquellos que logren combinar tecnología, manejo técnico y paciencia financiera podrán convertir la fibra en oro.
