En los corrales paraguayos hay genética de exportación y mercados internacionales que esperan. Lo que falta son animales. Tres destinos premium –Israel, Emiratos Árabes Unidos y Singapur– acaban de abrir sus puertas a la carne ovina nacional, y por primera vez un frigorífico paraguayo cuenta con habilitación para despachar contenedores al exterior. La oferta, sin embargo, no acompaña.
Mientras el sector bovino habla de retener vientres para reconstruir el hato, el rubro ovino enfrenta un desafío mayor: además de retener, debe sumar matrices para multiplicar una majada que apenas supera el millón de cabezas. Es la diferencia entre defender lo que se tiene y crecer desde la base.
“Debemos hacer eso y más. No solo retener vientres, sino empezar a sumar matrices para aumentar la majada”, plantea el Dr. Ramón Ramírez, referente del sector. La comparación con la ganadería vacuna, sin embargo, se rompe en un punto crítico: el financiamiento.
Sin créditos para el sector ovino
El primer obstáculo es estructural. Mientras los criadores de bovinos cuentan con líneas especiales para retención de vientres, el sector ovino opera sin esa contraparte financiera, justo cuando se abre la ventana exportadora con un frigorífico habilitado para la exportación.
“Falta una mirada del Gobierno, de cooperativas, bancos y financieras al sector ovino. Mientras no haya eso, va a ser difícil que el productor piense en aumentar su majada”, advierte Ramírez. Y aclara la postura del rubro: “No necesitamos regalos ni subsidios. Sabemos producir y tener rentabilidad, pero necesitamos esos medios”.

Hacer posible lo difícil
Ramírez propone un ejercicio. Paraguay tiene cerca de un millón de ovinos. Senacsa registra 330.090 cabezas en manos de 11.269 tenedores, pero la cifra real, sumando lo no declarado, ronda el millón. Si la mitad son hembras, hay 500.000 matrices potenciales.
Con una gestación de cinco meses, una oveja puede parir tres corderos en dos años. Bajo esas condiciones, la majada nacional podría escalar a 2,5 millones de cabezas en 24 meses. Una velocidad imposible para el bovino, cuya gestación se extiende a nueve meses.
Sanidad y manejo: la letra chica
El cálculo teórico choca con la realidad sanitaria. Las enfermedades reproductivas siguen siendo un problema central en la especie, y el uso de carneros aptos para reproducción dista de estar generalizado en los establecimientos. A esto se suma el manejo diferenciado que requiere la hembra preñada hasta el destete del cordero: nutrición ajustada, control sanitario reforzado y seguimiento individual.
“Esto hay que trabajarlo entre el sector público y privado. Existen los medios, pero primero debe haber voluntad. Municipalidades, gobernaciones y Gobierno central tienen la obligación de articular con el sector privado, como ya se hace con la carne bovina”, sostiene el especialista.

La brecha con el frigorífico
El otro frente abierto es comercial. La diferencia de precios entre la venta particular y la industrial define hoy buena parte de las decisiones del productor: el kilo de cordero al consumidor final ronda los G. 40.000, mientras que el frigorífico paga cerca de G. 30.000. Una brecha de 25% que, en un rubro de márgenes ajustados, condiciona toda la cadena.
La distancia económica se complementa con un problema logístico. El productor pequeño no tiene escala para entregar volumen al frigorífico, y el flete erosiona aún más el margen. Sin volumen, no hay exportación sostenida. Sin precio competitivo, no hay incentivo para producir volumen.
“Hay cuestiones que corregir definitivamente para empezar a pensar en el aumento del hato y, por añadidura, en la exportación de carne ovina”, sintetiza Ramírez.
El cordero paraguayo tiene la genética para competir, los mercados para colocar el producto y el frigorífico para procesarlo. La ecuación que falta cerrar combina crédito, articulación público-privada y un precio que premie el volumen. Israel, Emiratos Árabes Unidos y Singapur ya dieron luz verde. La pregunta es si el Paraguay tendrá la majada para responderles cuando llegue la primera orden de compra.
