Se reconfigura el nuevo mapa de la proteína aviar. Paraguay, por primera vez, aparece marcado con un círculo grueso. JBS, Avícola Sofía, Grupo Pluma. Tres nombres pesados del rubro avícola global que en menos de dos años decidieron poner los pies y sus inversiones en suelo guaraní.
A ellos se suman las apuestas locales de Pechugón, Pollos Kzero, La Blanca y Granja San Miguel. La avicultura paraguaya, durante décadas pensada para el plato interno, abre las alas hacia la exportación.
“El crecimiento del sector avícola siempre apuntó al mercado interno, y creo que, enhorabuena, llega este crecimiento e intención de inversiones de las empresas, porque estamos en una etapa en la que se encarecieron las proteínas en general, y hoy tenemos disponibilidad suficiente de esta proteína avícola, una opción importante para la canasta de los paraguayos”, afirma el Dr. Néstor Zarza, presidente de la Asociación de Avicultores del Paraguay (Avipar).
El imán paraguayo
¿Qué encontraron las multi-nacionales en Paraguay? Zarza enumera con la precisión de quien repitió la respuesta a más de un inversor: baja carga tributaria, seguridad jurídica, mano de obra disponible, energía barata. Pero hay un factor decisivo que el resto de los competidores no puede igualar fácilmente.
“Tal vez lo más importante es la capacidad agrícola del país de producir los alimentos para el desarrollo de los animales”, subraya. Soja y maíz a costos competitivos en la propia chacra, sin flete oceánico de por medio. La ecuación cerró para quienes miden cada centavo del kilo de balanceado.
A esa ventaja estructural se sumó la diplomacia comercial. La apertura de Taiwán y de Emiratos Árabes ensanchó la oferta de destinos disponibles para las plantas de faena instaladas en el país, sumándose a los compradores ya consolidados: Irak, Vietnam, Filipinas, Singapur, Kosovo y Curazao.
JBS abre la ronda con US$ 145 millones
El Grupo JBS, gigante brasileño, fue el primero en mover ficha. Adquirió las acciones de Granjeros Campo 9 y de Pollos Amanecer, y proyecta una inversión cercana a US$ 145 millones.
El salto productivo es elocuente: pasar de una faena de 20.000 pollos diarios a 40.000, con la meta de llegar a 100.000 aves por día hacia fines de 2026.
Luego llegó Avícola Sofía, del Grupo Cruz de Bolivia, que adquirió infraestructura en la zona de Valenzuela y proyecta instalar un frigorífico propio. Se sumó el Grupo Pluma Agroavícola, especializado en huevos fértiles y pollitos bebés, con una inversión prevista de US$ 50 millones y la creación de 200 puestos de trabajo.
“En realidad, el Grupo JBS fue el primero e incluso ya están como socios nuestros, pues adquirieron las unidades de producción de Granjeros Campo 9”, detalla Zarza.
“En el caso del Grupo Sofía de Bolivia, hay algunas cuestiones que se deben ajustar, pero ya se acercaron. Con el Grupo Pluma todavía no conversamos, pero todos estamos en el mismo barco: el objetivo es hacer crecer la producción avícola paraguaya y que esto tenga un efecto derrame en la gente”, expresa.

Las empresas nacionales no se quedan quietas
Las firmas paraguayas leyeron el momento y aceleraron sus propias jugadas. Granja Avícola La Blanca, además de mantener su sistema de granjas integradas, encara una ampliación de galpones que alcanzará un total de 210.000 aves, para una faena total proyectada de 1.200.000 pollos al año. A esto se suma una nueva planta de productos elaborados con capacidad para 100.000 toneladas de alimentos a base de pollo, en reposición del siniestro sufrido en octubre del año pasado.
Granja San Miguel, en Paraguarí, invierte US$ 14,4 millones para producción de huevos fértiles y pollitos. Y Pollopar, con su marca Pollos Kzero, también ampliará su frigorífico para faenar más volumen.
El valor del valor agregado
Zarza vuelve de un congreso reciente en Ecuador con un ejemplo grabado a fuego. Industriales brasileños mostraron cifras contundentes sobre lo que significa exportar pollo procesado versus pollo en piezas.
“Brasil exportó productos con valor agregado a un precio tres veces más alto, si exportaban solamente materia prima, en este caso carne, sus ingresos eran mucho menores. Estamos hablando de 3 a 4 veces más del valor de la materia prima. Y, más importante, esa diferencia en gran parte queda en el país”, explica el presidente.
La lección está clara: no basta con producir y exportar. Hay que procesar, empaquetar, marquetar. Cada eslabón agrega divisas, empleo y conocimiento técnico que permanece dentro de las fronteras.
Efecto multiplicador
Un estudio encargado por Avipar hace unos años cifró en 10.000 los empleos directos del sector. Pero la cuenta real, advierte Zarza, es mucho mayor. “Sinceramente creo que es mucho más, atendiendo que hay mucha gente que realiza trabajos tercerizados, de manera independiente: transporte, agricultura, servicios. La avicultura tiene un efecto multiplicador enorme, y estas inversiones, una vez concretadas, lo harán aún más grande”.

El paraguayo también come más pollo
Mientras se abren mercados externos, el plato local también se reconfigura. El consumo interno de carne aviar crece sostenidamente, empujado por dos fuerzas.
“No podemos dejar de considerar el encarecimiento de otro tipo de proteína, como la carne bovina, y el hecho de que el paraguayo está aprendiendo a consumir más pollo, dando un mayor equilibrio a su alimentación, algo recomendado por los nutricionistas. A esto se suma que se ha logrado darle valor agregado a la carne con diferentes presentaciones”, señala Zarza.
El riesgo de depender de pocos clientes
Para una industria con vocación exportadora y un mercado interno pequeño, la diversificación de destinos no es estrategia, es supervivencia. “En cualquier negocio, cuando dependes de pocos clientes, es algo riesgoso, y ni qué hablar en exportación, que siempre es más susceptible a los cierres, sea por motivos políticos o sanitarios”. “Nuestro mercado es pequeño y con lo que producimos actualmente ya está cubierto; no somos como Brasil o Argentina, que si se les cierran mercados pueden vender a nivel interno”, advierte.
Por eso la apertura de Taiwán pesa, aunque con un detalle no menor: el arancel del 20% todavía resta competitividad. Emiratos Árabes, en cambio, es un mercado enorme con la exigencia del rito Halal, condición que el sector considera salvable.

Sanidad y bioseguridad, la línea que no se cruza
Paraguay sigue siendo libre de gripe aviar y de la enfermedad de Newcastle, dos estatus sanitarios que abren puertas y cierran competidores. Pero el presidente de Avipar insiste en que esa ventaja no se conserva sola.
“Estamos mejor que muchos países, pero se debe seguir trabajando en bioseguridad. Es una constante necesidad de mejora porque estos mercados siempre envían sus auditores. También hay que actualizar normativas, establecer mayor rigurosidad y, sobre todo, el servicio sanitario debe hacer su trabajo de monitoreo constante, identificando aquellos locales que no cumplen, porque pueden representar un peligro para un proyecto nacional de gran impulso”, expresa.
Genética, tecnología y la materia pendiente
La entrevista concluye con dos mensajes que apuntan al futuro inmediato. En infraestructura y conocimiento, Paraguay ya está en el podio regional. “Paraguay actualmente no tiene nada que envidiar a ningún país en lo referente a uso de genética, sanidad, tecnología, instalaciones o manejo. Tener como vecinos a Brasil y Argentina, que utilizan tecnología de punta en producción avícola, es una gran ventaja”.
El desafío pendiente está en las personas. La capacitación de mano de obra para granjas y plantas industriales sigue siendo el cuello de botella menos visible y más urgente. “Hay mucha gente a la que se puede ocupar, pero debe recibir capacitación, sobre todo en producción en campo, en granja, en unidades industriales. Hoy tenemos universidades que educan sobre el agronegocio, pero eso debe ir acompañado de prácticas”.
