Hay campos que se compran por lo que tienen. Y hay campos que se compran por lo que otros no quisieron. El de Agroganadera Farmer, en Montiel Potrero, Caapucú, departamento de Paraguarí, es de los segundos: una franja baja, anegadiza, que en invierno hacía llorar a sus dueños y en verano les daba alegrías. Hoy, esa misma agua que parecía un problema es la base de una de las operaciones arroceras más grandes del país.
Un campo que nadie quería
La historia arranca en Itapúa, con Eno Bronstrup, directivo y padre de Wolfgang, resistiéndose a dejar la ganadería mientras la fiebre de la soja mecanizada corría a los ganaderos hacia otras zonas. “Empezamos a buscar lugar, alquilamos campos por varios años, pero tuvimos malas experiencias con el sistema”, recuerda Wolfgang Bronstrup, gerente general de Farmer.
La familia llegó a evaluar el Chaco. La descartó por una razón muy simple. “Mi padre siempre insistió en que la distancia iba a ser siempre la principal traba, y gracias a eso hoy estamos acá”, dice.

El campo que finalmente compraron no era el que buscaban. Llegaron a Montiel Potrero a cerrar la compra de una propiedad que se había vendido diez días antes. Habían pedido caballos prestados en una estancia vecina para recorrer la zona. Ahí, el propietario les hizo una pregunta que cambió todo: “¿Qué vienen a hacer acá?”. La respuesta de los Bronstrup fue que iban a comprar el campo de al lado. La contrarrespuesta, inesperada: “Mi campo también está en venta”.
Así, casi por casualidad, nació Farmer, en 2007, con apenas 9 personas armando caminos de acceso y potreros en un terreno que nadie más quería desarrollar.
El arroz como descubrimiento
El giro hacia el arroz no fue una decisión de escritorio. Vino de mirar al vecino. Con la cercanía del río Tebicuary, dos productores linderos empezaron a apostar por el cultivo. Farmer observó, se interesó y avanzó, primero con la producción y después con la industria.
“Entendimos el potencial que teníamos, pero no fue fácil”, resume Bronstrup. De los 9 funcionarios iniciales de 2007, la empresa pasó a más de 300 en planilla estable y hasta 330 en épocas de zafra, sumando la agricultura extensiva y la industria arrocera que fue construyendo con los años.

Desafíos y precios en el piso
En 19 años al frente de Farmer, Bronstrup identifica tres golpes que pusieron a prueba la continuidad de la empresa.
El primero fue una creciente que inundó la totalidad del campo: áreas ganaderas, agrícolas y caminos. “Nos obligó a empezar de cero”, dice. El segundo fue estrictamente financiero: una caída del precio del arroz que la empresa tuvo que aguantar durante casi seis años, trabajando con márgenes ajustados.
El tercero fue, sin duda, uno de los episodios más difíciles. En 2018, cerca de 38.000 toneladas de arroz almacenadas en silobolsas fueron cargadas con alta temperatura, lo que provocó un deterioro significativo de la materia prima; provocando una importante pérdida de calidad y valor comercial. “Realmente fueron momentos complicados”, recuerda Bronstrup. Hace tres años, una nueva inundación volvió a poner a prueba a la firma, aunque esta vez con otro desenlace: “Nuestro personal ayudó a salvar, algo que agradezco de por vida”.
El socio que apareció desde Estados Unidos
Detrás de cada crisis superada hubo una estructura financiera exigida al límite. El campo de Montiel Potrero se compró casi en su totalidad con compromisos bancarios, y la inversión necesaria para desarrollarlo superaba largamente el valor de compra.
“El nivel de endeudamiento que teníamos fue grande, en momentos difíciles, pero Dios aprieta, pero no ahorca”, admite Bronstrup. La salida llegó por un camino imprevisto: un vecino de origen holandés, radicado en Estados Unidos, se acercó a comprar tierras en la zona. Farmer le mostró su proyecto. El vecino aceptó ser socio. Hoy controla el 32% de las acciones de la empresa.
Ese respaldo de capital se combinó con otro pilar clave: Banco Sudameris. “Fue fundamental y nos apoyaron muchísimo en proyectos largos, de 10 a 12 años”, señala Bronstrup, quien recuerda que hace 19 años la hectárea en la zona costaba apenas US$ 130, pero exigía un desarrollo posterior mucho más caro que el propio campo.

La diversificación como seguro
La producción agrícola de Farmer no se quedó en el arroz. Hace cinco años, presionada por el avance de la maleza conocida como arroz colorado, la empresa incorporó la soja como cultivo aliado. Desde hace dos años, suma maíz en los campos bajos.
“Como es cíclico, algunas veces los ciclos son negativos y se quedan 4 a 5 años, mientras que los ciclos positivos duran 2 a 3 años”, explica Bronstrup sobre la lógica detrás de diversificar. La apuesta ya dio resultados concretos: la soja ayudó a sostener los números de la empresa el año pasado, en un contexto de precios de arroz más débiles y de pronósticos de El Niño que, según Bronstrup, generan cautela en el sistema financiero hacia el sector arrocero.
Raíces en Montiel Potrero
El crecimiento de Farmer no se midió solo en hectáreas y toneladas. La empresa impulsa, desde el área de responsabilidad social y sostenibilidad, acciones en la comunidad de Caapucú.
Este año, la firma acompañó la inauguración del primer Bachiller Técnico en Caapucú. También colabora con el mantenimiento de caminos, centro de salud y con el cuerpo de bomberos de la zona. “Tenemos claro que la comunidad debe crecer con nosotros”, sostiene Bronstrup.

Los números que respaldan la historia
Las cifras de Farmer trazan una curva de crecimiento sostenido. La primera planilla de sueldos, en 2007, sumaba G. 9 millones. Hoy la empresa paga cerca de G. 1.600 millones mensuales en salarios. El movimiento económico anual ronda los US$ 50 millones, con exportaciones de arroz a 25 países.
En agricultura, la empresa maneja 11.663 hectáreas de arroz bajo riego, en rotación con soja y maíz, además de 6.775 hectáreas destinadas a reservorio de agua. La industria arrocera procesa 17 toneladas de arroz blanco por hora y 30 toneladas de arroz en cáscara por hora, con rendimientos promedio que llegaron a los 8500 kilos por hectárea.
En ganadería, Farmer arrancó con 200 vientres. Hoy maneja aproximadamente 3.200 hembras, con una tasa de preñez del 85%, dentro de un rodeo total de 7.000 animales.
Mirando 2027
La hoja de ruta de Farmer apunta a duplicar capacidades ya instaladas. “Tenemos una industria donde podemos duplicar la producción, tenemos silo que podemos duplicar, tenemos engorde que podemos duplicar, tenemos cultivos de secano que podemos duplicar”, enumera Bronstrup. Hay campos disponibles para alquilar y para comprar en la zona, aunque el gerente general marca un límite claro: “El único tema es mantener los pies en el piso y ver cuál es el momento”.

El siguiente paso concreto ya está en marcha: una planta de extracción de aceite de soja, que podría derivar en una planta de balanceados, en parte para consumo interno de la propia ganadería de Farmer y en parte para venta comercial. Hace apenas un mes, la empresa abrió una sucursal en San Ignacio para comercializar sus productos.
Del campo que nadie quería comprar hace 19 años a una operación de US$ 50 millones que exporta a 25 países, la historia de Farmer confirma una idea que Bronstrup repite como principio de gestión: los ciclos negativos se aguantan, los positivos se aprovechan, y el agua, cuando se sabe gestionar, deja de ser el enemigo.
CIFRAS
300/330 Colaboradores.
US$ 50 millones Movimiento económico.
25 mercados de exportación.
11.633 hectáreas de arroz.
7.000 animales rodeo total.
