La Expo Madera cerró su sexta edición con un mensaje claro: el bosque paraguayo dejó de ser un negocio de nicho para convertirse en una de las apuestas más firmes del agro nacional. Empresas de Suecia, Brasil, Argentina, Chile y Bolivia recorrieron los stands con intención de invertir, mientras productores y exportadores locales mostraban un sector que, once años después de su primera edición, ya integra a toda la cadena forestal, desde el vivero hasta el puerto de salida.
Una cadena completa
“En el año 2015 se realizó la primera Expo Madera, una muestra que reunió principalmente a empresas dedicadas a la fabricación de muebles”, recordó Ricardo Kiriluk, directivo de Fepama y de Pomera. Once ediciones después, el panorama cambió por completo: hoy participan prestadores de servicios, vendedores de equipos y maquinarias, transportistas, industrias y exportadores.
“Hemos logrado que toda la cadena forestal ya esté involucrada”, señaló. Ese crecimiento se refleja también en el comercio exterior: Paraguay exporta actualmente a más de 50 países, con un ingreso que hasta agosto ya superó los US$ 60 millones.
De 200.000 a 400.000 hectáreas
El salto en área plantada es uno de los datos más contundentes del sector. En 2022, Paraguay tenía unas 200.000 hectáreas forestadas. Hoy la cifra casi se duplicó y llega a 400.000 hectáreas.
El margen para seguir creciendo es todavía mayor. Según los estudios que maneja Kiriluk, el país tiene capacidad de expansión de hasta 6.000.000 de hectáreas sin necesidad de avanzar sobre el área agrícola.
Los volúmenes acompañan ese crecimiento. En 2025 se vendieron 2,4 millones de metros cúbicos de eucalipto como biomasa para la agroindustria, un mercado que antes movía apenas 800.000 metros cúbicos. Para este año, la proyección sube a 3,2 millones.
En madera sólida, el procesamiento pasó de un promedio histórico de 300.000 metros cúbicos a 600.000 el año pasado, con una meta de 800.000 metros cúbicos para 2026.
La industria sigue el ritmo

Con 400.000 hectáreas plantadas, Kiriluk considera que la relación entre industria instalada y materia prima disponible está, por ahora, en equilibrio. El riesgo aparece si entra en juego un actor externo. “Si Brasil necesita madera y prende su aspiradora, ahí sí podría darse un faltante de materia prima”, advirtió.
El directivo remarcó que el siguiente escalón del negocio es la transformación: biomasa, celulosa, tablas o tableros compensados. “Se ha demostrado que plantar es un negocio, que vender madera en rollo es un negocio”, afirmó. Esa certeza –dijo– explica el entusiasmo creciente por forestar.
Más estable que la soja
A diferencia de los commodities agrícolas, la madera ofrece otro tipo de previsibilidad. Kiriluk atribuye esa estabilidad a la moneda paraguaya. “Paraguay tiene una ventaja al tener una inflación estable, lo que ayuda a tener previsibilidad económica en una producción de largo plazo”, explicó.
La comparación con la soja es directa: el grano oscila mucho más y depende fuertemente del dólar, algo que también impacta en la ganadería. Para el sector forestal, en cambio, las variaciones de precio son menores.
Plantar bien multiplica la ganancia
¿Conviene más invertir en forestación que dejar el dinero en un banco durante diez años? Para Kiriluk, la respuesta depende de cómo se haga el trabajo. “Hay gente que piensa que forestar es plantar un arbolito y volver en 10 años a juntar plata. No es así”, advirtió.
Su modelo es intensivo, no extensivo. “Hacemos casi agricultura con el árbol”, explicó.
Corrección de suelos, control de plagas y enfermedades, silvicultura y poda son parte del manejo necesario para obtener madera de calidad. Hecho así, la rentabilidad puede multiplicarse “por 4, o más, quizá por 10” frente a un depósito bancario.
El desafío es salir al mar
La condición mediterránea de Paraguay sigue siendo el punto débil. El país es competitivo en costos impositivos, de tierra y de mano de obra, pero paga más caro que sus vecinos para llegar a un puerto marítimo, un sobrecosto que se traslada a cada contenedor exportado.
Para Kiriluk, la solución pasa por varios frentes: agilizar la burocracia documental interna, mejorar el transporte terrestre y modernizar la infraestructura portuaria. Hoy el sector depende de los puertos brasileños y de la hidrovía Paraná-Paraguay hacia el Río de la Plata. A futuro, la Ruta Bioceánica aparece como una pieza clave para destrabar la logística del negocio forestal paraguayo
