“Las medidas sanitarias que establezca la ley” son el campo del Artículo 68 que requiere ser reglamentado pues las que se han adoptado como consecuencia de la aparición del covid-19 no han impedido la propagación de la enfermedad y han causado una catástrofe económica que nos obliga a retrotraernos a la gran recesión de 1946/1948 para encontrar antecedentes.
Desde mediados del siglo XIX ya se viene señalando la irrelevancia de las cuarentenas contra el cólera o la fiebre amarilla, por ejemplo, por la sencilla razón de que no estaban basadas en información científica sobre el modo exacto de contagio. También su inapropiada extensión porque excedían con creces el tiempo de incubación de sus agentes causales.
Además los críticos señalan una falsa sensación de seguridad que generan las cuarentenas, peligrosa para la salud pública porque distrae a las personas de tomar las precauciones correctas.
En la Edad Media, el Oscurantismo imponía, dentro de su propia lógica de la interacción entre ignorancia y superstición que la caracterizó, cuarentenas sin base científica alguna. En nuestro tiempo, sirvieron de poco a las decenas de miles de italianos, franceses, españoles, peruanos, chilenos o mexicanos que pasaron del confinamiento a la sepultura sin mayor transición. Lo que se demostró eficaz es el cuidado personal y ese si tiene fundamento en el conocimiento.
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Nunca más debemos recurrir a cuarentenas medievales para detener pandemias. Obligaciones de cuidado personal sí, restricciones genéricas, nunca más.
Esta cuarentena medieval que se apoderó del planeta costará aproximadamente un nueve por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y, si todo sale bien, entre tres y cinco por ciento del PIB paraguayo.
Esta cifra significa que millones de personas en el mundo y más de trescientos cincuenta mil en nuestro Paraguay volverán a la pobreza de la que habían salido con enorme esfuerzo gracias a medidas cuyo soporte científico está en cuestión.
Y finalmente es imperativo reglamentar el Artículo 68 porque nuestras libertades y nuestros trabajos nunca más deben quedar a merced del Poder Ejecutivo. Ni aunque el Ejecutivo se encuentre en manos de los coros celestiales. Aquí hemos dejado que nuestras libertades y nuestros trabajos en manos de incompetentes y corruptos. Nunca más.
En algunos países, la suspensión de las libertades personales mediante leyes sanitarias se usaron para eliminar a la oposición y a la crítica. El primer caso bien documentado al respecto es el uso de la cuarentena sanitaria por cólera para reprimir al movimiento por la unificación italiana.
En 2003 en China, durante la pandemia del SARS, el gobierno aplicó penas policiales durísimas por violación de la cuarentena sanitaria a los sectores sociales menos favorecidos. Como en nuestro Paraguay, donde sólo los comunes estamos sometidos a la cuarentena mientras Horacio Cartes y sus empleados la pueden ignorar impunemente.
Reglamentar el Artículo 68 de nuestra Constitución mejorará nuestra capacidad de respuesta y reducirá los privilegios de los autoritarios.