La muerte de los postergados

En un sistema de salud demasiado precario, que nunca se tuvo interés por mejorar, la improvisación ya nos costó casi una veintena de muertes por covid-19 en Ciudad del Este (18 hasta el viernes) y todavía podría costarnos más vidas en esa región, en la que también son devastadoras las consecuencias de una economía que agoniza hace casi cinco meses.

En Alto Paraná, para más de 700.000 habitantes, históricamente hubo entre 5 y 7 camas de terapia intensiva para adultos en el sistema público de salud. Siempre faltaron insumos, respiradores, ambulancias, infraestructura de todo tipo. Y siguen faltando. Desde el cierre de las fronteras y la implementación de la cuarentena los esteños gritaron por distintos medios estas falencias en salud pública. Promesas recibieron. Nada más. Ni siquiera el tan anunciado laboratorio biomolecular para detectar la enfermedad fue puesto aún en funcionamiento.

Con el cierre oficial de las fronteras para evitar que desde el gigante Brasil lleguen casos de covid-19, el comercio dejó de funcionar y miles de empleos se perdieron, pero la gente siguió entrando al país mediante coimas que se pagaban sobre el Puente de la Amistad y también cruzando en embarcaciones el río Paraná. No pueden decir que no lo sabían, porque se venía denunciando todos los días. Pero claro, estamos los de abajo y luego están los privilegiados. Vaya uno a saber cuántos “Macri” fueron a Ciudad del Este en estos meses, a abrazarse con sus amigos, sin tapabocas, so pena de poner en riesgo a la población.

Y en el marco de una situación acuciante desde el punto de vista económico y sanitario, cuando los esteños se movilizaban insistiendo en la urgencia de que se levante el cerco fronterizo o por lo menos se permita el comercio “delivery” en la frontera, el “inteligente” gobierno nacional decide, en medio de la pólvora, encender la mecha de una medida unilateral. En la desesperación porque los casos de covid-19 se disparan y mueren esteños casi todos los días, anuncian un retorno a la fase cero de la cuarentena. O sea, ¡a una población ansiosa por volver a tener un movimiento comercial, le ordenan quedarse en su casa! La gente tiene miedo, se siente impotente, pero también tiene hambre y la consecuencia es lógica: arde de nuevo Ciudad del Este, cunde el caos. Recién al día siguiente se negocia una salida: habrá cuarentena, pero se podrá trabajar. ¿Tan difícil era hablar primero y decidir después? No, es solo el acostumbrado actuar de un Estado demasiado centralizado, siempre ausente, que recién ahora, con la muerte de los postergados, parece interesado en intervenir. Veremos.

mariana.ladaga@abc.com.py

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