Cartes, Patria, Hogar

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El sector interno liderado por el expresidente Horacio Cartes en el Partido Colorado, que tiene actualmente la conducción de su Junta de Gobierno y mayoría en la Cámara de Diputados, ha decidido asumir públicamente y de manera militante posturas de la derecha más o menos clásica: defensa de las tradiciones, la familia, la religión y confrontación y combate a cualquier asomo de progresismo.

En el discurso que esparce desde los medios de comunicación que maneja, muestra que están decididos a hacer una tajante división en la sociedad paraguaya entre “ellos” y “nosotros”.

Del lado del “nosotros” en el que se coloca, están quienes defienden los valores religiosos, la familia “tradicional”, compuesta por madre, padre hijos e hijas, donde no tienen cabida, por ejemplo, las madres solteras, que son cabeza de hogar en un gran porcentaje de las familias en el Paraguay, según las estadísticas oficiales.

Están también dentro del “nosotros” cartista quienes consideran a homosexuales y lesbianas como enfermos a los que hay que curar o combatir, pese al discurso integrador de uno de los máximos representantes de sus valores y fuentes permanente de citas y ejemplo: el papa Francisco.

El gran enemigo satanizado son los partidos de izquierda o socialistas, aún aquellos moderados, a quienes ponen dentro de una misma bolsa y los considera “anti-paraguayos”. Los acusan además de impulsar una suerte de conspiración regional y mundial para destruir los valores que defienden los “nosotros”. Sin citar ningún caso concreto en el Paraguay (tal vez porque no hay) los responsabilizan de quemar iglesias y propiedades. Nada original. Cualquier similitud con el stronismo no es casualidad.

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El cartismo tiene varias cosas en común con stronismo. De hecho el exmandatario siempre se cuidó de no criticar al régimen dictatorial que rigió por 35 años a nuestro país. Es más, ha tenido algunos comentarios veladamente elogiosos hacia el dictador, alabando la “fecha feliz” y expresiones similares.

En el Partido Colorado, desde los tiempos de la dictadura siempre ha coexistido, a grandes rasgos, un sector reaccionario, de tintes populistas con otro libero-conservador e institucionalista. Se han alternado en el poder del partido y llegaron a un quiebre, cuando Lino Oviedo fundó su propio partido y se llevó con él a los ultraconservadores.

La nueva hegemonía que representa el cartismo en el Partido Colorado no está exenta, como suele suceder, de flagrantes contradicciones como, por ejemplo, el hecho de que el líder de los valores tradicionales está lejos de tener una familia “bien constituida”, maneja el negocio del tabaco, que mata a miles de personas anualmente y, en los últimos días, está utilizando mucho un medio sensacionalista de su propiedad para atacar a la ministra de la Niñez y Adolescencia por la osadía de impulsar un plan nacional que insiste sobre la responsabilidad del Estado en prevenir la explotación y abuso sexual de niños y otras violaciones a sus derechos básicos.

Notablemente, los valores familiares se defienden desde la tapa de un periódico que exhibe al mismo tiempo fotos de mujeres semidesnudas y declaraciones referidas a cuestiones vinculadas al sexo como mercancía.

Si la corriente cartista se impone en el Partido Colorado, como todo indica que lo hará, posiblemente cause el efecto de unir para confrontarlo a otros sectores políticos y sociales que tienen una postura tolerante, dialoguista e institucional. Sobre todo, confrontará con una población mayoritariamente joven que exige sus derechos a un Estado moderno y laico por Constitución

Finalmente, será el electorado de nuestro país el que deberá definir en su momento y dentro de poco tiempo, qué visión y qué proyecto de Paraguay prefiere.

mcaceres@abc.com.py