Ganar genera miedo que perder ya es costumbre. Por eso, el adiós a un nuevo mundial está muy cerca. La cadena de responsabilidades sin dudas que nace en la directiva, por sostener un proyecto que no genera frutos, que no avanza y que no tiene futuro. Han pasado partidos y partidos, contra grandes y chicos, y no hay una base, una forma, un estilo predominante. Cada presentación parece un experimento, ligada a la fortuna del juego, a la espera de una equivocación contraria y lejos de demostración de capacidad individual o colectiva.
No entendemos cómo Berizzo expresa ideas, pero no transforma ninguna. Y la gastada frase del “rival también juega” es una falacia, una excusa que busca defender la cobardía al protagonismo. El técnico es temeroso a la iniciativa, a tomar el compromiso de un trámite. Brasil marcó rápido en Asunción y luego jugó al trote. Ni así Paraguay hizo frente. Ante Colombia, el gol y nada más. Contra Venezuela, una victoria ajustada que tuvo un final con gritos de hora. La única vez que compitió fue con Argentina, en un segundo tiempo ofensivo, la evidencia de cualidades escondidas.
Pero el domingo, en el contexto de que todos jugaron a favor por la combinación de resultados y la oportunidad de igualar al quinto, la selección fue nada. Sí, nada. Ningún remate al arco. Antony Silva de figura, Miguel Almirón deambulando y Hernán Pérez... Hernán Pérez. Berizzo eligió a un jugador ofensivo para cumplir una función estrictamente defensiva, de mucho despliegue, que necesitaba oficio puro: seguir a Mauricio Isla, quien subió, trianguló, asistió y convirtió. Hizo todo y conste que tenía a los rivales en veinte metros, con los espacios reducidos. Otro punto: en el 0-0, Berizzo reemplazó a Carlos González por Antonio Sanabria, hombre por hombre, un claro ejemplo de apostar por el empate, del miedo y la renuncia definitiva a atacar.
Pero de esta trágica realidad tampoco escapan algunos futbolistas y uno de ellos es Miguel Almirón. No entra en discusión el talento, porque tiene una variedad de condiciones, pero al estar casi por primera vez en el centro, como en creativo, donde mejor puede producir, escapó a todo. Quizás no estuvo en sintonía del desarrollo, en su mejor noche, o definitivamente tenga la personalidad para agarrar el compromiso, la presión, para ser rebelde y atrevido. El equipo necesitó de él, de su control, de su pausa, de sus descargas, de las asociaciones, para que el resto respire, salga, participe y ataque. Ni siquiera en la pelota parada fue preciso.
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Esta generación, la que debía retomar el rumbo después de la nefasta eliminación en las Eliminatorias de Rusia 2018 jugando en el Defensores del Chaco contra Venezuela, está al borde de la destrucción, que puede ser inmediata, en esta misma semana. Ahora será Bolivia, no por el adversario, sino por la dificultad de la altura en La Paz, donde solo Argentina y Ecuador regresaron con tres puntos. No hay otro camino que ganar, el escenario que no es sinónimo de esta selección. Y, esperamos que Berizzo tenga la sabiduría de por lo menos utilizar a quienes tienen experiencia con la altitud, como los que militan en México y Luis Amarilla, que juega en Ecuador.
@DaríoIbarra01