El afán de cada día

Este artículo tiene 4 años de antigüedad

De jóvenes, andando uno como loco con mil cosas pendientes y preocupado ante la posibilidad de que no salieran como se esperaba, sean temas personales, un examen muy difícil en la Facultad, o el presupuesto para la reparación del auto, era usual –y también reconfortante- escuchar el consejo de la abuela que, con toda su sabiduría y experiencia a cuestas, nos ponía su suave mano en el hombro para decirnos, mientras nos miraba con ojos serenos: “No te preocupes demasiado m´hijito, dale a cada día su afán, que Dios se encargará del resto”.

La vida y las experiencias, buenas y malas, se encargaron de confirmarnos que es efectivamente así, y que afrontando las dificultades del día ya estamos haciendo bastante, no siendo necesario agobiarse –por lo menos demasiado- con lo que pueda ocurrir mañana o en un futuro próximo. Esta expresión aparece también en la Biblia, donde en el Capítulo 6 de Mateo podemos leer “Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad. Cada día trae su propio afán y todo tiene su tiempo bajo el cielo”.

Son razonamientos bastante válidos, en el sentido de tranquilizarnos en relación a que no podemos tener todo bajo control, pero probablemente sean más fáciles de interiorizar para un latinoamericano que para un europeo del norte, que necesita tener la certeza de su jubilación, plan de cambio de automóvil cada 2 años, universidad del hijo pagada por adelantado y vacaciones semestrales: Para él, la idea seguramente encierra muchos trazos de falta de previsión que no quiere/se puede permitir.

En la primaria nos enseñaron que hay meses de 30 y otros de 31 días, y que febrero “trae” 28 salvo ciertos años que tiene 29 para salvar un error que no encontraron mejor forma de hacerlo. También nos enseñaron que hay ciertos días o fechas en los que se honra o recuerda, a nivel local, nacional o internacional, ciertos valores o acontecimientos que son gratos o importantes para mucha gente.

Y así celebramos el Día de la Madre, del Padre, De La Raza, Del Amigo, de la Maestra y muchos otros, fechas que amamos y esperamos inclusive con cierta ansiedad. Hasta que, sin darnos cuenta, entramos en una vorágine de días conmemoratorios, todos ellos válidos dependiendo de la óptica de cada persona, muchos sin duda con orientaciones comerciales (todos queremos vender), pero el tema terminó siendo un entrevero al punto de que pareciera que ya son demasiados días para conmemorar demasiadas cosas.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Para poner en contexto el concepto, previa somera investigación (carente de cualquier rigor científico), buscamos en el calendario de noviembre los días o fechas en los que se conmemora algo, y aparecieron –en serio- aproximadamente 82 “DÍA DEL…” en los 30 días del mes, por lo que –obviamente- varios se superponen, lo que es válido, ya que no se oponen entre sí. Y comentamos algunos de ellos, por parecer los más interesantes: El 1 de noviembre es el Día de todos los Santos, para honrar –entre otros- a los varones casados con paraguayas. También es el Día Mundial del Veganismo, vaya uno a saber por qué. El 3 es el Día Mundial del Sándwich, dato que debe estar errado, porque todos sabemos que ese día es el cumpleaños del Único Líder, y esa celebración no puede juntarse con ninguna otra. Le sigue el 5 con el Día del Payaso, allí se apuntan varios para celebrar. En los días siguientes se conmemoran el día del Saxofón, del Urbanismo, del Inventor, para llegar luego al Día del Soltero.

Seguimos hurgando en las fechas y encontramos una superposición que realmente no debería haber ocurrido: el 11 es al mismo tiempo el Día de la Biblioteca y del Shopping, que sería como juntar a un vegetariano con un antropófago de Borneo, posiciones irreconciliables. El 13 es el Día de la Bondad y de la Enfermedad de Huntington. Luego le sigue el Día Mundial sin Alcohol, que se celebra brindando con quién sabe qué, para dar lugar inmediatamente al Día Para la Tolerancia (que tanto nos hace falta). Una fecha importante y sobre todo interesante es la del 18, Día Mundial de los Record Guiness, la misma fecha se celebra el del Arte Islámico.

Los del colectivo celebran el 20 el Día Internacional de la Memoria Transexual, y un día después se celebra al Día del Saludo, que algunos nunca han aprendido y dice tanto de nuestra educación y don de gentes. Tampoco estoy tan seguro de si el 25 haya que celebrar el Día Mundial de la Evolución, considerando –por ejemplo- los candidatos por los que se ha votado en las últimas elecciones municipales. También ese mismo día se festeja el Día de Acción de Gracias, celebración bastante gringa pero simpática, finalmente siempre hay demasiado por qué agradecer.

Por alguna razón, el 25 de noviembre también es Black Friday, cuando ni siquiera es viernes… y para descostillarse de la risa el 26 los yanquis estatuyeron el BND o Buy Nothing Day, seguramente con ese sentido del humor que solamente ellos entienden. Le siguen el Día del Profesor (el 27), Domingo de Adviento (28) y un par de fechas más, pero definitivamente todo noviembre –y todos los demás días de todos los meses- conmemoran algo.

Conmemorar no está mal, y más allá de que tengamos fechas “locales” y otras regionales o internacionales, está bueno establecer días para recordar a personas, inventos, hechos sociales o cualesquiera otras circunstancias relevantes para la humanidad, para detenernos a meditar en ellas, lo que significan y la importancia de adherir como ciudadanos individuales y como sociedad a ideas trascendentes.

Pero mientras tanto, no perdamos el foco en la importancia de guardar el equilibrio en el día a día, la belleza de empezar bien y terminar mejor aún la jornada, la importancia del trabajo bien realizado, el saludo a quienes nos rodean, el respeto a las leyes y a los demás, y habiendo dado lo mejor de nosotros –cada uno desde su posición- dejar lo demás a Dios, quien además de ser una ayuda idónea, sabe ubicar en su lugar y tiempo cada cosa bajo el cielo.