Los buenos somos más

Hace un par de días, se viralizó un video que mostraba las imágenes de un motociclista, acompañando en su biciclo a un no vidente, quien momentos antes intentaba cruzar una calle muy transitada sin éxito, hasta que recibió la ayuda de esta persona. El suyo fue un gesto espontáneo y relativamente sencillo, pero sin dudas habrá cambiado un poco –o mucho- el día de esa persona ciega, y también de todos aquellos que presenciaron lo acontecido.

Vemos y protagonizamos hechos similares casi a diario, y mayormente nos pasan desapercibidos, porque lo bueno no es demasiado interesante, pareciera no digno de comentar ni tampoco es noticia. En cambio, las noticias negativas, lo fútil, el chiste fácil y lo visualmente atractivo pero carente de contendido ocupan mucho más lugar, tanto en los medios como en nuestra atención.

Sin embargo, es aquello en lo que creemos y que llevamos a la práctica en el día a día, lo que termina de cimentar nuestros principios y valores, para darnos y ponernos en el lugar que merecemos y que queremos también para las personas con las que interactuamos en el día a día, nuestra familia, nuestros colegas, nuestros afectos.

En la década de los 80 y 90, la ciudad de Nueva York, una de las metrópolis más importantes del mundo e indudablemente un destino más que aspiracional para cualquier turista, se encontraba sumida en el caos y la inseguridad reinando en las calles, ocasionados en gran medida por las mafias y las peleas entre las mismas, el tráfico de drogas y formas diversas del crimen, que propiciaban ataques a los ciudadanos en plena vía pública, muertes en las calles y rateros merodeando detrás de cada esquina.

Rudy Giuliani, entonces Fiscal Federal para el Distrito Sur de la Ciudad, enfrentó a la Mafia persiguiendo implacablemente a sus principales exponentes, en un esfuerzo sin precedentes hasta ese entonces, trabajando en conjunto con la Policía y la Alcaldía de la ciudad, y en un par de años el cambio fue más que notorio. Desde esa posición, empezó “limpiando” la ciudad, y dando a sus ciudadanos el marco que precisaban para desenvolverse y volver a creer en ellos mismos y en la pujanza de su ciudad.

Siendo electo posteriormente Alcalde por dos periodos consecutivos, trabajó sobre ejes específicos donde la recuperación de sitios históricamente “ciudadanos” y familiares eran ocupados por malentretenidos y clubes de mala fama, en una campaña bastante controvertida pero eficaz, donde a partir de la erradicación de estos grupos se consiguió volver a convertir estas áreas en lugares para el esparcimiento de las familias, zonas de negocios, teatros y cultura. También impulsó la campaña “Solo en Nueva York”, propiciando actos de bondad, buena vecindad y amabilidad para y entre conciudadanos y principalmente con los visitantes, para que llevaran la mejor de las impresiones de su visita.

No menos importantes eran los homenajes a ciudadanos que se distinguieron de alguna forma por actos de civismo: Ayudar a una persona accidentada, evitar la consumación de un crimen dando aviso oportuno a las autoridades, dando los primeros auxilios a la víctima de un infarto… demasiadas acciones en las que el Estado y las autoridades municipales no pueden acudir con la velocidad y eficacia necesaria, siendo indispensable el involucramiento de todos.

Consiguió, en el plazo de 20 años, que la gran mayoría de los neoyorquinos tengan participación social, entendida como el involucramiento y la intervención e inclusión directa en las decisiones y acciones que se ejecutan en el ámbito ciudadano, percatándose de esta forma que es posible asumir compromisos y trabajar de manera coherente con las finalidades comunes a los intereses generales.

Por su liderazgo en el manejo de la crisis por los atentados terroristas del 2001, fue considerado el mejor Alcalde de América y también uno de los mejores del mundo, y sigue figurando en la lista de los alcaldes más influyentes en la historia. En algún momento, consultado sobre el secreto del éxito de su gestión, se encogió de hombros diciendo que él “solamente fue un articulador de los intereses de la gente, y que el neoyorquino supo por su propio esfuerzo percibir y hacer valer que Los Buenos Somos Más, en Nueva York y en todas partes”. Por añadidura, este titán también caminó por la arena política con éxitos y algunos fracasos, terminando su carrera política al declinar su candidatura para la Gobernación de Nueva York y la Presidencia por el Partido Republicano.

No existe nada más poderoso que una idea, y el mejor líder es el que inspira ideas positivas y aglutina a la gente alrededor de las mismas. Y en este proceso, es preponderante que la sociedad se junte para avanzar, que compita consigo misma y que levante la vara y se exija más, debiendo ser los parámetros los más altos y no los más bajos. De manera tal que aspiremos constantemente a ser mejores, a ser más correctos, a ser mejor tratados y a tener mejores funcionarios.

Los buenos somos más, ¡hagámonos notar!. Apoyemos correctamente a esa persona que es abusada injustamente por una autoridad, llamemos la atención al policía de tránsito que se esconde tras un cartel buscando una coima, antes de estar a la vista dirigiendo el tránsito, mantengamos en orden y limpias nuestras veredas, paguemos los impuestos, opongámonos todos juntos a ser patoteados en los semáforos, exigiendo el cumplimiento de la ley que prohíbe la exposición al peligro de la gente ubicada allí.

El coraje civil se puede poner en práctica en pequeñas acciones y en grandes actos. Brindando ayuda a la joven que está siendo importunada, respetando y haciendo respetar los semáforos, poniendo en su lugar al funcionario público venal. No siempre será cómodo, estaremos expuestos a alguna risotada, y definitivamente hay que salir de la zona de confort, pero demostremos en lo pequeño como en lo grande, que somos más.

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