La pregunta es un instrumento fundante de la comunicación humana. No solamente porque las respuestas introducen información en los sistemas, sino porque constituyen un verdadero gatillo estratégico en las conversaciones. La interrogación en el lenguaje verbal es un punto clave para llevar adelante la comunicación humana. En todas sus variantes posibilita el intercambio fluido e impone una cuota de relación social con el objetivo de dinamizar el feed back y adquirir conocimiento. Es decir, son una gran fuente de aprendizaje, más precisamente de introducir información nueva en nuestro cerebro.
La pregunta es una fuerza que impulsa el pensamiento porque estimula nuevos modos de pensar, motiva nuevas conductas a seguir, y activa también emociones, todo ello formando parte de una recursividad donde el enunciado conduce a innumerables caminos que se entrelazan creando realidades. El acto de preguntar, es demandarle al interlocutor una información que puede ser una explicación, descripción, definición, un porqué, etc., que posibilita allanar la interrogación. Una pregunta es una interpelación que se realiza con la intención de obtener algún tipo de información. Al expresarse mediante una interrogación, se espera recibir una respuesta que incluya los datos buscados.
Las preguntas se generan a partir de los interrogantes que genera el no saber, la incertidumbre y la duda. Marcan la introducción de información que permite acrecentar el conocimiento sobre un área determinada, por lo tanto, amplían, rectifican, ratifican y reformulan las categorías de conocimiento existentes. Expresiones como ¿Por qué?, podemos afirmar que es la reina de las preguntas, pues siempre tenemos la necesidad de saber para reducir la incertidumbre y también tranquilizarnos, ya que cuando obtenemos una respuesta parece que pisáramos suelo firme.
Porqué el porqué
El término por qué es el bastión lingüístico de la explicación, ya sea en pregunta o como prólogo de respuesta. Pero la tendencia a la pregunta lineal acerca del porqué, también se funde con la tendencia explicativa. Es decir, existe una tendencia sociocultural a explicar el porqué de los hechos, dicha tendencia la poseen todos los seres humanos en la búsqueda del porqué en la resolución de los conflictos. En general, esta tendencia -anclada como estilo- se pone en juego en la dinámica cuando nos preguntamos reflexivamente o le preguntamos a otro sobre porque nos sucede lo que nos sucede. Los pacientes en las consultas terapéuticas se preguntan porqué y porqué en el intento de encontrar el origen de su dolor e interactivamente es frecuente observar en los terapeutas, el recurso de explicar el por qué de los sucesos que acaecen en el mundo del paciente.
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El término por qué, como bastión lingüístico de la explicación, ya sea en pregunta como en antesala de respuesta, se muestra en una investigación llevada por E. Langer en la Universidad de California: cómo es posible modificar reacciones de las personas a través de una reformulación que no resulta lógica, como así también observar el poder de las formas sugestivas de la comunicación, que eluden las resistencias y las convicciones lógico-racionales.
Si bien el ejemplo tiene por objetivo otra temática, se puede observar cómo la palabra porqué está tan profundamente insertada en la lógica de los procesos interaccionales humanos. La experiencia se desarrolló en una cola de espera para hacer fotocopias en la universidad, en donde un estudiante iba al primero de la cola y le pedía que se le permitiera pasar primero: Perdona, tengo cinco páginas, ¿puedo usar la fotocopiadora?, porque tengo mucha prisa. El éxito de pedir sumado a la explicación fue casi total: el 95% de los interpelados dejaron pasar adelante en la fila. Si se compara con el porcentaje de éxitos con la simple petición: perdona, tengo cinco páginas, ¿puedo usar la fotocopiadora? pero sin explicar el motivo, solamente se arribó al 60%.
A primera vista parece que la diferencia decisiva entre las dos formulaciones consistía en la información añadida contenida en las palabras: porque tengo mucha prisa. Pero una tercera formulación de pedido, ha mostrado una reacción muy interesante: la diferencia, no era la serie entera de palabras con sentido completo, sino la primera palabra: por qué. En vez de dar una verdadera razón para justificar la petición, la tercera formulación se limitaba a usar el porque sin añadir nada nuevo: perdona tengo cinco páginas ¿puedo usar la fotocopiadora?, porque tengo que hacer fotocopias. El resultado fue que, una vez más, casi todos (93%) dieron su consentimiento, aún cuando no había ninguna información nueva que explicase su condescendencia.
Como ovejas siguiendo el rebaño, la palabra porque, lograba desencadenar una respuesta automática por parte de los sujetos de la prueba, aunque tras la palabra porque no llegaba ninguna razón particularmente decisiva.
Preguntas desde las neurociencias
La pregunta activa nuestro archivo del hipocampo que, como centro de memoria y aprendizaje, le otorga realidad a lo que observo. El hipocampo es un órgano cerebral que registra las imágenes como fotografías, o sea que basta recordar un detalle para que pueda aparecer la Gestalt completa.
Todo el conocimiento acumulado en la experiencia se capitaliza para lograr un mejor nivel de adaptación en un entorno cambiante, y para ello es necesaria la plasticidad conductual. Dicha plasticidad es una propiedad de los sistemas biológicos que les permite adaptarse a los cambios del medio para sobrevivir, por lo tanto, el aprendizaje y la memoria son eventos que favorecen la flexibilidad, y cuanto más plástico es el sistema nervioso, mayor es la capacidad de aprendizaje de los organismos. Cuando percibimos, biológicamente conectamos con los conocimientos archivados, una inmensa red neuronal inmediatamente se articula frente al estímulo.
Recientes investigaciones indican que el cerebro humano cuando recibe una pregunta se sumerge en una búsqueda exhaustiva a través del sistema de la memoria en un nivel subconsciente que continúa tiempo después de que recibió la pregunta en un nivel consciente. En este sentido, la pregunta inicia un proceso neuropsicológico complejo, en diferentes niveles de conciencia, alcanzando diversas estructuras psíquicas.
En este proceso, la pregunta puede disparar circuitos neuronales ya establecidos que conducen a realizar asociaciones, como también puede propiciar nuevos circuitos que conducen a generar nuevas conexiones neuroplásticas y con ello crear nuevas respuestas. En un sentido psicoterapéutico equivale a decir que se propicia el cambio en el plano cognitivo y recursivamente afectará y modificará las emociones y conductas, como también las bases neurobiológicas. La pregunta opera como un disparador que activa cognitivamente una ilación de categorizaciones con significado. Estas redes de categorías tienen su homólogo neurocientífico. La neuroplasticidad se acciona creando o certificando circuitos en redes neuronales. Al alojarse el recuerdo como una fotografía, la pregunta puede iluminar una parte de ella y recordarse la figura completa. Tras la pregunta que suscita el recuerdo, es factible que se pueda reestructurar el significado y redefinir el recuerdo. Por tal razón no se cambia el hecho sino la categoría en que se halla inscripto: por lo tanto, es otro el significado.
Por último, aclarar que hay una gran diversidad de tipologías de preguntas: desde las mas superficiales hasta las mas profundas, desde las mas específicas hasta las mas inespecíficas. No todas las preguntas propician el cambio, sino también pueden sostener e intensificar circuitos neuronales ya existentes y con ellos construcciones de realidad ya presentes que se renuevan casi con los mismos ladrillos con las que fueran construidas. Mas allá de estas disquisiciones, es importante en las relaciones humanas, preguntar y no suponer, para evitar profecías que se autocumplen; hay que saber cuándo se deberá preguntar respetando tiempos y entender que las preguntas bien intercaladas en un diálogo implican crear conversaciones saludables.