Rastreros goebbelianos paraguayos

Joseph Goebbels era el vocero del jefe del nazismo y asesino de masas Adolf Hitler, y era tan vil, despiadado, endemoniado y cobarde como él. Dicen que se lo consideraba como un subordinado de Satanás (según el folclore germano) en el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán que gobernó entre 1933 y 1945. Mediante su sumisión sin miramientos llegó a ocupar el cargo de ministro de Propaganda en aquel régimen de terror, el más cruel de la historia.

Gente codiciosa o desquiciada que solo busca poder, acaparar todo lo que ve cueste lo que cueste, aunque tenga que pisar cabezas –o matar a millones de personas como lo hizo Hitler–, no lograría efectuar lo que quiere por mucho tiempo si no fuera porque panegiristas (cepilleros en lenguaje coloquial local) le inducen, endiosan y sostienen, y que no se atreverían a decirle que lo que está realizando está mal y debería suspenderlo. Eso ocurre porque son pusilánimes o porque les gusta ser esbirros del mandamás, sin pensar en que pueden pagar caro su complicidad, tal como pasó con Goebbels, cuya vida acabó de la peor manera junto con su “führer”.

En el Paraguay el dictador Alfredo Stroessner (1954-1989) tampoco hubiese durado tanto tiempo en el poder si no fuera porque alrededor de él abundaban los adulones sin escrúpulos que le servían para sus oscuros fines y al mismo tiempo buscaban sacar provecho, sin inquietarles que haya mandado matar y torturar a tantos paraguayos. Esos viles eran otros militares, gente del “partido”, hasta extranjeros que se le acercaban para ser parte del inmundo esquema de abuso de poder y enriquecimiento ilícito.

Esa despreciable adulonería persiste con fuerza aún en la vida pública del país, pero no solo está dirigida a los que están en la cumbre del mando de la República, sino a algunos de los que lo tuvieron pero que siguen en escena por su desmedida codicia o por creerse imprescindibles para el país gracias a los cepilleros que les dicen eso.

A esa clase de sujeto no le preocupa que su insistencia en estar en la vida “política” causa solo daño al Paraguay, al cual pone bajo sospecha del mundo civilizado, de organismos antimafia y antilavado. Y como sus mentores-incitadores son tan miserables moralmente, ávidos del dinero que les echa al suelo, jamás se animarían, por ejemplo, a decirle que se aleje de una vez, que vaya a disfrutar de su dudosa riqueza, a Dubái u otro paraíso, y que deje en paz a los paraguayos de bien.

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