El soporte social de Cartes

Muchas cosas han empezado a cambiar en nuestro país desde que, el pasado viernes, la embajada de Estados Unidos confirmó que el gobierno de Washington considera a Horacio Manuel Cartes Jara como “significativamente corrupto”.

Lo que no está cambiando es el soporte social de Cartes que, desde el viernes, asume públicamente su complicidad moral con una persona significativamente corrupta.

Cualquier persona que hubiera tenido interés en saber cómo Cartes acumula dinero, hubiese podido hacerlo porque los elementos son públicos, notorios, recurrentes, importantes, y lo que el viernes señaló la embajada norteamericana lo vienen denunciando hace años muchos paraguayos con profusa documentación y contundentes evidencias.

Pero el soporte social de Cartes, ese grupo de personas que evade selectivamente los discernimientos morales (los hacen para el contrabando que entra al país pero los evitan para el que sale, los hacen a pesar de no ser “órgano jurisdiccional” en el primer caso y se excusan en no ser “órgano jurisdiccional” para no hacerlos en el segundo), es el que blanquea a Cartes ante el pueblo paraguayo.

Las declaraciones de Enrique Duarte, presidente de la Unión Industrial Paraguaya, que es quien usó la ridícula excusa de que no son “órgano jurisdicccional” para no hacer discernimientos morales, pinta de cuerpo entero a esta “élite” paraguaya, éticamente descompuesta, por cuyo conducto han ingresado a la vida social delincuentes cada vez más peligrosos y con cuya complacencia esos delincuentes peligrosos ha copado y minado todas las instituciones de nuestra República.

Esas declaraciones confirman que no hay propósito de enmienda en el soporte social de Cartes y confirman, por tanto, que la “élite” paraguaya merece ser reemplazada, pues su quiebra moral no tiene remedio.

A tanta desfachatez ha llegado esta “élite” averiada, que incluso se burla de quienes reclamamos un mínimo de moral. La moral, la ética, para ella son elementos superfluos, prescindibles, despreciables, que nunca tienen en cuenta a la hora de tomar sus decisiones.

Y aunque la “élite” no cambia, ni quiere cambiar, sí está cambiando la voluntad política de la nación que se empieza a manifestar con cada vez más fuerza a favor de poner punto final al esquema delincuencial que ha convertido a Cartes en el principal actor político de nuestro país.

La urgencia está convenciendo a muchos de la necesidad de cambiar las cosas y de reconstruir las instituciones con gente menos averiada que la que desde ellas protege las trapisondas de Cartes.

Y a los que empiezan a comprender la intrincada manera en que Cartes opera es necesario apoyarlos, alentarlos y darles la bienvenida pues no sobra nadie entre los que queremos un país mínimamente decente, en el que los narcotraficantes no sean los dueños de las calles.

evp@abc.com.py

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