Derecho a un futuro

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) resolvió, el pasado jueves 28, declarar como un “derecho humano universal” el vivir en un ambiente saludable, limpio, libre de contaminación. La declaración es un imperativo a que los países miembros impulsen acciones contra la destrucción del ambiente y la contaminación que nos están llevando a un desastre global.

Paraguay está obligado a ejecutar estas recomendaciones de cuidado del ambiente, en las que tiene una más que grave asignatura pendiente, que es salvar a la cordillera del San Rafael que paulatinamente está desapareciendo, convirtiéndose en carbón de leña.

En la cordillera del San Rafael queda uno de los últimos vestigios de bosque nativo, remanente del afamado Bosque Atlántico Alto Paraná que se extendía hasta el océano Atlántico. Hace dos décadas fue declarada “reserva” para parque, pero esto no impide su lenta agonía.

Son unas 73.000 hectáreas en manos privadas que deben ser expropiadas y declaradas Parque Nacional. Mientras esto se dilata, la selva sigue desapareciendo y con ella un invalorable recurso de biodiversidad. Cientos de especies de aves endémicas del San Rafael están condenadas a su extinción junto con el bosque.

La Constitución de la República de 1992 habla del derecho a vivir en un “ambiente saludable” (Art 7) y de la “protección ambiental” (Art. 8). Varias leyes regulan y protegen los recursos naturales, y aprueban convenios internacionales en la materia. Magníficas piezas de literatura jurídica que duermen el sueño de los justos en los gabinetes de las oficinas estatales.

Qué gran servicio a la humanidad, a las generaciones futuras, harían los parlamentarios si en medio del espectáculo circense de disputas internas protagonizadas a diario también dedicaran su tiempo a legislar, y declarar el San Rafael como Parque Nacional.

Si el impedimento es la falta de recursos para expropiar, les contamos que la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) tiene una enorme deuda ambiental impaga con el departamento de Itapúa, y esta es una oportunidad para hacerlo.

Solo hace falta que canalice a objetivos más valederos esos millones de dólares, dinero del pueblo paraguayo, que reparte alegremente entre paniaguados, planilleros y operadores políticos de toda laya.

En lugar de mantener a ese ejército de parásitos improductivos el Gobierno nacional debe destinar esos recursos para salvar este patrimonio natural de la humanidad. Con ello estará cumpliendo lo que le manda la Constitución de la República, y los compromisos asumidos ante la comunidad internacional.

jaroa@abc.com.py

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