¿Niños vulnerables o fuertes?

Muchos recordamos los bellos momentos que vivimos en la infancia. Que salíamos a las plazas para jugar con los amigos, íbamos de viaje o visita a la casa de los parientes. De algún premio deportivo o logro escolar que obtuvimos y éramos el orgullo familiar. También tenemos en lo más profundo de nuestra mente un recuerdo del mejor regalo de cumpleaños o anécdotas con nuestra inolvidable mascota. Ojalá todos los niños de este país tengan algún bello recuerdo de estos; sin embargo, la niñez en Paraguay está cada vez más vulnerable a maltratos y abusos de sus derechos, lo que no les deja crecer en un ambiente sano.

Mucho también se habla de la protección a los niños, niñas y adolescentes, pero en los últimos días, varios menores de edad fueron parte de lamentables noticias que nos hacen pensar la gran exposición de los niños, no a los medios de comunicación, sino a los hechos de violencia. Así se nota la transgresión contra estos pequeños ciudadanos ante ciertos hechos.

De igual modo, no debemos olvidar el caso de la desaparición del niño Miguel Ozuna o de la pequeña Yuyú, en Emboscada, que hasta ahora no ha sido resuelto. Tampoco el reciente caso de una niña maltratada y que quedó grabado en video viralizado en redes sociales. Asimismo, existen numerosos casos de quienes sufrieron violación sexual por parte de familiares, algunos denunciados y otros ocultados. Esta es la realidad de los niños en Paraguay. Incluso, hay peores situaciones de los pequeños que deben vivir en la “oscuridad”, en medio de violencia, miedo y limitados a la cultura, educación a través de la pobreza.

De una vez por todas, hay que cuestionarnos ¿queremos niños que crezcan en la vulnerabilidad o queremos niños líderes fuertes?

Buscar una solución a la problemática de la niñez y adolescencia no se trata de culpar al Estado, a los padres de familia o a las redes sociales. Este gran desafío se logra con un apoyo conjunto que se inicia desde cada persona a través del respeto y amor. Sí, suena muy “cursi”, pero si realmente damos la importancia necesaria a los más pequeños e incentivamos los valores positivos, hasta tal vez se solucionen los enormes problemas de corrupción e impunidad.

Hay que cambiar la mentalidad de mirar a los menores de edad como objetos frágiles, sino verlos como ciudadanos agentes de cambio que merecen respeto. Deben tener sus espacios para aprender y crecer sanamente y no vivir en un mundo lleno de incertidumbre. Solo así, cuando sean mayores, tendrán hermosos recuerdos de una infancia sana y divertida y no solo de maltratos y tristeza.

jose.peralta@abc.com.py

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