Dejar que el tiempo corra

Es una desgracia para cualquier país que los jueces, moralmente, sean iguales o peores que los delincuentes a quienes juzgan. Estos casos se dan con frecuencia. A la ciudadanía solo le queda mirar impotente lo que pasa delante de sus ojos. Y de esa ciudadanía sale el dinero para mantener a tales jueces. O sea, se les paga para martirizarnos con sus actos como, por ejemplo, dejar impunes a quienes roban al Estado.

En los países organizados tocar el dinero del erario público es un delito grave que se paga con varios años de cárcel. No cabe otro castigo, salvo que se robe al Estado paraguayo. En este caso, el “castigo” es la más vergonzosa impunidad.

No en balde nuestro Poder Judicial es la institución peor valorada. Está llena de jueces –con las excepciones de rigor- que compiten en la carrera de quién es peor, quién es capaz de llevar a lo más bajo una institución que debería estar en lo más alto.

El problema de nuestro Poder Judicial es que no tiene poder para levantar un dique e impedir que le inunde el raudal de corrupciones.

Uno se pregunta ¿Hay un ministro, juez, fiscal, que se sienta orgulloso de pertenecer a una institución que utiliza las leyes para humillarla, ponerla al servicio de la delincuencia? ¿Dónde se puede “chicanear” tanto para esquivar un merecido castigo? ¿Dónde sirven estas “chicanas” para computar el tiempo y obtener la prescripción de los delitos?

Como se esperaba, los exministros de Agricultura y Ganadería, Enzo Cardozo y Rody Godoy, entre otros, fueron sobreseídos definitivamente por extinción de la causa. Habían sido acusados por una supuesta lesión de confianza y estafa al Estado por 3.700 millones de guaraníes que nunca llegaron a destino: los pequeños productores.

Para el sobreseimiento el trámite es simple: que el expediente duerma plácidamente en la oficina de algún ministro de la Corte o juez. Y las veces que tal expediente se va a despertar, aparece un abogado –para guardar las apariencias- que cuestiona cualquier cosa para evitar que su cliente afronte el juicio oral y público.

Y aquí está la cuestión de fondo: ¿Por qué el acusado acude a los más delirantes pretextos para evitar el juicio? Porque no podría defenderse de las pruebas en contra. Son tantos los testimonios acusatorios que la única forma de salir de ellos es con el socorro de las “chicanas”, siempre muy efectivas porque los jueces, en vez de rechazarlas sobre todo cuando son tan burdas, las aceptan con esta otra consecuencia irregular: se las utilizan para hacer correr el tiempo a favor de la prescripción.

Si estás en el candelero político, este es el camino que te llevará al “sobreseimiento definitivo”, hagas lo que hagas. Si no estás en ese candelero, no se te ocurra robar ni una gallina porque caerá sobre tu cabeza “el imperio de la ley”.

Las personas beneficiadas con este perverso sistema se salvan de ir a la cárcel pero no de la condena ciudadana. Además, se va a quedar para siempre en los archivos la investigación fiscal que demuestra los delitos cometidos y la cantidad de veces que se echó mano a las “chicanas” para esquivar el juicio oral y público.

Nadie que sea inocente querrá salir por la ventana de la justicia. Buscará defenderse en un juicio oral y público. La prescripción no le hace culpable ni inocente. No se queda ni en el cielo ni en el infierno. Estará para siempre en el purgatorio.

El “sobreseimiento definitivo” que beneficia a Cardozo y Godoy es la antesala para otra medida igual en la causa por sesenta y ocho mil millones de guaraníes que, también, fueron desviados por el camino hacia los pequeños productores según la montaña de documentos.

Señores delincuentes, ya tienen ustedes el camino de salvación: como sea, dejen correr el tiempo. Es fácil.

alcibiades@abc.com.py

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