Más honestidad, más vida

El Evangelio de Lucas, capítulo 16, que leemos en este domingo, y también en el siguiente, trata sobre el dinero.

Tema resbaloso para el ser humano y ya el profeta Amós hace una denuncia: “Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas y compraremos a los débiles por un par de sandalias”: la deshonestidad que lleva a la explotación.

En la parábola que Jesús cuenta, a primera vista, daría la impresión de que él “alaba al administrador deshonesto”. En verdad no es así, pues el patrón lo despide porque él fue acusado de “malgastar los bienes”, antes del presente relato. Sin embargo, es seguro que perdió su empleo porque fue tramposo.

Lo que el administrador hace, después de perder su empleo, es retirar su propia comisión de las ventas de su patrón, con el objeto de agradar a los deudores y encontrar una nueva ocupación.

La honestidad es una de las virtudes que nos hace mucha falta hoy día, y varias personas han perdido su trabajo por este motivo.

En materia económica, el respeto por los bienes de la otra persona exige constante templanza. En efecto, cuando el apetito de plata es desmesurado, uno no respeta nada, ya que su propósito no es construir una buena familia, crear fuentes de trabajo o mejorar la convivencia social, es sencillamente llenarse los bolsillos.

Otro procedimiento deshonesto que padecemos es la suba arbitraria del precio de las cosas, especulando con la necesidad, o la ignorancia, de los otros. Película de terror es el caso de los combustibles.

Además de la honestidad con relación al dinero, también tenemos que buscar la honestidad con relación a nuestras palabras. Evitemos la mentira, que va creando una sórdida burbuja, y para mantener una mentira suele ser necesaria otra mentira, hasta que la cosa termina en vergüenza, o desastre.

Los cuentos y el radio so’o, modernamente fake news, causan un daño enorme en las relaciones humanas, pues herimos al otro, podemos perder un amigo y, a veces, ganar un enemigo.

La honestidad debe estar presente de modo claro en el manejo de la Justicia, pues con la corrupción impune nunca tendremos auténtico desarrollo.

Igualmente, Jesús hace una sabia advertencia: “Quien es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” y uno puede empezar a ser deshonesto en “pequeñas zonceras”, y no parar nunca más.

Cuesta mucho ser realmente honesto, pero esta virtud trae paz al corazón y pone las bases para que disfrutemos, como lo indica Jesús, de la verdadera vida, ahora y después.

Paz y bien.

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