Un Abierto de Australia de “locos”

El Abierto de Australia 2023 está trayendo fuertes emociones al aficionado que ama el tenis por encima de fanatismos individuales. En la edición de este año, hemos visto a grandes figuras -algunos de ellos grandes favoritos- quedar eliminadas en las primeras jornadas o antes de lo previsto. De hecho, en cuartos solo queda Djokovic y, desde el punto de vista estadístico, hay muchas probabilidades de que este año Australia, con permiso de “Nole”, tenga un nuevo “rey”: Khachanov, Korda, Tsisipas, Lehecka, Rublev, Shelton o Paul, quienes saben que, cuando se está muy cerca de la gloria, los campeones tienen miedo a perder, y los perdedores a ganar.

Además de la temprana eliminación de Rafael Nadal, afectado por una lesión que puede acelerar su retirada o condicionar al menos sus participaciones esta temporada, otros datos nos hacen observar que estamos ante un Open de Australia especial: por primera vez en 23 años, tres norteamericanos se han metido en los cuartos de final, reflejando que Estados Unidos ha recuperado su importancia en la ATP, con cuatro jugadores entre los 30 mejores del mundo.

Otro hecho digno de ser mencionado es el caso de Ben Shelton, un joven nacido en Atlanta que hace ocho meses no era ni profesional y que se puede plantar en semifinales del OA si vence a su compatriota Tommy Paul. Shelton es hijo de una familia de tenistas -Ben y Lisa - y cuenta con un carácter afable pero ganador, gracias, posiblemente, al extraordinario trabajo realizado por su padre, un excelente mentor, ganador de tres premios de la Atlantic Coach Conference por ser el mejor entrenador del año.

Un episodio excepcionalmente asombroso se vivió en el partido de Andrey Rublev contra el danés Holger Rune. Fue un partido de “locos”, que, por momentos, hizo revivir al público emociones parecidas al partidazo que nos regaló Andy Murray -posiblemente su despedida de Australia antes de su inminente retiro- contra Roberto Bautista, un partido de más de cinco horas que se definió en el quinto set, llevándose Murray, pesar a perder, las más largas ovaciones del público.

En otro épico duelo, Rublev remontó un 2-5 en el quinto set, salvó dos bolas de partido y recuperó un 0-5 en el supertiebreak definitivo. Fue un partido de “bárbaro”, dramático y grandioso -con 97 errores no forzados- que ha supuesto para Rublev, con tan solo 25 años, garantizar ser el número 5 del mundo al terminar el torneo. Al pupilo de Fernando Vicente le espera Djokovic y la oportunidad de confirmar que el Open de Australia 2023 pasará a la historia como el más loco de los que se recuerdan en mucho tiempo.

@pabloalamocoach

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