Reculadas, por ahora, sin consecuencias

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Algunas cosas que se decían o especulaban en relación con el gobierno de Santiago Peña antes de que asumiera se van cumpliendo y otras están por verse.

Una de ellas se refería al riesgo que implicaba su falta de experiencia y liderazgo político para el manejo de los conflictos que se presenten o inclusive para el día a día en el poder.

Las reiteradas reculadas que se vienen verificando sobre decisiones que tomó y que después revió revelan una actitud dubitativa y poco firme de su administración.

El hecho de que algunas de las cuestiones sobre las que debió volverse atrás no hayan sido iniciativa suya, antes que atenuar la situación, la empeoran, porque da la impresión de que no es él quien toma las decisiones.

Esta situación también confirma otra cuestión que se anunciaba: la dificultad de gobernar sin un equipo político propio. En la designación de sus ministros y jefes de entes, se vio que los elegidos no eran de su entorno, sino, mayoritariamente, del vicepresidente Pedro Alliana o del de su mentor, el expresidente Horacio Cartes.

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En el momento mismo de los nombramientos ocurrió un hecho insólito: designó a su ministro de Salud y, tras unas declaraciones polémicas que realizó, fue reemplazado por otro. Hubiera sido una cuestión anecdótica si es que no se venían posteriormente varias reculadas, constituyéndose en una impronta de este gobierno.

El caso más grave, por lo que dejó ver, es el que se dio con relación al convenio con la Unión Europea sobre apoyo a la educación paraguaya.

La semana pasada se concretó el archivamiento del intento de derogar dicho acuerdo. El episodio desnudó la mentiras que el cartismo utilizó en la campaña electoral para asustar a la ciudadanía sobre un supuesto plan maquiavélico de la UE para intervenir en nuestro sistema educativo y cambiar nuestras costumbres y valores y del cual el cartismo, presuntamente, nos defendería.

La vuelta atrás en la derogación mostró que el peligro en realidad nunca existió y que no tenía sentido ni razón dejar de lado un acuerdo beneficioso para el país. Es más, su eventual derogación mostraría al Paraguay como país poco serio para futuras cooperaciones.

El hecho enfureció por igual a quienes desde el principio sabían que se trataba de un engaño y a los sectores conservadores y fanatizados que perciben la reculada como una traición.

Peña fue a dar explicaciones a la cúpula católica y a los pastores evangélicos. Ambos representantes lo criticaron. El riesgo que ahora existe es que para “compensar” el fraude, les permitan inmiscuirse en el plan de estudios del Ministerio de Educación, algo que la Constitución no permite.

Por ahora, los despistes de Peña no afectan su gobernabilidad, porque estamos a menos de 100 días de haber asumido el cargo. Sin embargo, ya se nota que hay voces discordantes que, en un futuro cercano, se escucharán con más fuerza.

Mientras tanto, Horacio Cartes, el respaldo político de Peña, suma denuncias y sospechas por supuestos vínculos con delitos graves.

Es posible que no pueda ayudarlo cuando más lo necesite, después de los 100 días de mandato, periodo en el que deja de funcionar la estrategia de culpar de todo lo malo al gobierno anterior porque la gente que lo votó –y la que no lo votó– espera soluciones a sus problemas y “estar mejor” como machacaban en su propaganda electoral.

mcaceres@abc.com.py